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  • Las paradojas económicas que enfrentaron los venezolanos durante el año 2025

    Parana » El Diario

    Fecha: 02/01/2026 00:16

    La recuperación económica de Venezuela ha sido un proceso lento e imperfecto. De los tiempos de escasez e hiperinflación que alguna vez despertaron alarmas en el mundo, muchos problemas parecen actualmente superados, aunque otros, como la inflación, parecen rondar nuevamente en los temores de la población. Mientras tanto, factores externos como las tensiones con Estados Unidos presionan un sistema aún frágil y dependiente del rentismo petrolero. Venezuela mostró en el año 2025 una dualidad bastante paradójica, como si reflejara a dos países distintos y contradictorios. Por un lado, los indicadores de abastecimiento, producción y de consumo mantuvieron números verdes que apuestan por un crecimiento positivo. Por el otro, la realidad de una ciudadanía a la que le cuesta cada vez más llegar a fin de mes parece indicar que aquella burbuja creada tres años atrás con el lema de Venezuela se arregló ya da indicios inequívocos de estar a punto de estallar. Desde el gobierno se ofrece un panorama optimista, aunque la falta de datos oficiales impide estudiar a profundidad la verdad más allá de los discursos en televisión. Esta opacidad informativa, ya común por parte del Estado, este año se vio potenciada por la represión contra los actores de la sociedad civil encargados de difundir datos económicos independientes. Al menos ocho economistas y expertos fueron detenidos por varios días desde mediados de junio, lo que se sumó a una fuerte persecución contra administradores de cuentas encargadas de publicar el precio del dólar en el mercado paralelo. Esto condujo al silencio de fuentes importantes como el Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), que dejó de publicar sus índices de inflación y aumento de la canasta básica. Para este resumen, El Diario también confirmó que varios expertos han dejado de dar declaraciones por razones de seguridad. A continuación, El Diario repasa los hitos económicos que marcaron el año 2025 en Venezuela. Inestabilidad cambiaria Aarón Olmos es especialista en Finanzas empresariales, profesor universitario y de las pocas voces que aún se atreve a hablar sobre economía ante los medios de comunicación. En entrevista para El Diario, indicó que durante año la población debió lidiar con el regreso de un fenómeno de larga data en la economía venezolana: la depreciación del bolívar frente a otras divisas como el dólar y el euro. En 2022 el gobierno logró una estabilidad cambiaria que se mantuvo por dos años debido a las inyecciones de divisas en el mercado a través de intervenciones hechas por el Banco Central de Venezuela (BCV). Sin embargo, desde mediados de 2024 el organismo se volvió incapaz de cubrir la demanda de dólares, lo que llevó a muchos usuarios a recurrir al mercado paralelo. Veníamos de un tipo de cambio anclado a 36, y muchos pensamos que quizás ese tipo de cambio podría mantenerse con una política de intervención derivado de una cantidad de petróleo y una venta de crudo, y una producción que quizás Venezuela pudiese mantener, explicó. Esto hizo que la brecha entre la tasa oficial y la paralela creciera desproporcionadamente hasta que a finales de ese año el BCV ajustó la tasa oficial, con un aumento del 44,8 % para diciembre, de acuerdo con cifras oficiales. El Diario explicó previamente en un trabajo cómo el agotamiento del sistema de intervenciones bancarias del BCV para mantener el tipo de cambio anclado artificialmente había derivado en otros problemas, como la escasez de divisas en el mercado. Olmos señala que durante 2025 el crecimiento del tipo de cambio se ha acelerado bastante, llevando a los venezolanos nuevamente a estar atentos a las tablas con la tasa BCV del día. De un cambio oficial de 52 bolívares por dólar a inicios de enero, para el 15 de diciembre se posicionó en Bs. 270,68. Olmos dice que esto representa un incremento estimado de más del 340 % en el año, mientras que la Universidad Metropolitana registra una depreciación promedio del bolívar de 9,88 % mensual desde octubre. Liquidez e inflación En línea con lo anterior, Olmos señala que para septiembre de 2025, la liquidez monetaria anualizada había reportado un aumento de más del 240 %. Es decir, que creció significativamente la cantidad de dinero en circulación. De hecho, el BCV indicó que entre el 27 de diciembre de 2024 y el 27 de septiembre de este año la liquidez M2 creció en Bs. 303,38 millardos, aunque esto representó una variación del 173,32 %, de acuerdo con el portal Finanzas Digital. Con una moneda depreciada y circulando por encima de la oferta real de bienes y servicios, naturalmente los precios también suben, algo que se pudo notar en tiendas y mercados durante el año. Esto también provocó distorsiones económicas como el cobro de productos con precios distintos dependiendo del método de pago. En muchas tiendas se ha visto mercancía con descuentos especiales si se paga con dólares en efectivo, y en otras más bien un incremento adicional en el precio solo por pagar con bolívares. Curiosamente, estas distorsiones indirectamente han ayudado al sector formal de la economía a recuperar compradores. En redes sociales, usuarios han denunciado que los comerciantes informales (buhoneros) calculan sus precios a un cambio incluso mayor al paralelo, lo que ha llevado a los consumidores a decantarse en los últimos meses por acudir a cadenas de tiendas y centros comerciales, donde los precios siguen anclados a la tasa del BCV. No obstante, el economista alerta que todo esto puede ser el síntoma de otro fenómeno conocido en el país: la inflación. Si se acelera la liquidez y se acelera el tipo de cambio, efectivamente no puede estar bajando la inflación, comenta. Actualmente no hay datos de inflación por parte del BCV y el OVF, que servía como referencia independiente para estos indicadores, dejó de publicarlos desde mayo. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indicó que su informe Desempeño Macroeconómico de Venezuela. Tercer trimestre 2025 que la inflación acumulada hasta septiembre fue de 256 % con una tasa anualizada de 390 % y la proyecta en 500 % para el cierre del año. Por su parte, el índice semanal de la agencia Bloomberg calcula que la inflación para el 17 de diciembre fue de 556 %. Finalmente, economistas como el exdiputado José Guerra también proyectan un rango de entre 580 % y 590 % para el cierre del año. Sanciones El tercer evento que marcó el 2025 para Olmos está vinculado con las sanciones económicas impuestas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos a la industria petrolera venezolana desde 2019. Algunas empresas, entre las que destaca Chevron, habían conseguido en ese momento una licencia para actividades básicas de mantenimiento, pero durante la administración de Joe Biden, en 2022, se le concedió la Licencia General 41 (GL 41), que le permitía volver a extraer y comercializar crudo de sus empresas mixtas con PDVSA. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025, se buscó revertir esta concesión, que para el momento se había convertido en una de las principales fuentes de divisas legítimas para el gobierno venezolano. El 27 de mayo, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) decidió no renovar la GL41, forzando a Chevron a cerrar sus operaciones en Venezuela. También se revocaron las licencias de otras empresas que operaban en el país, como la española Repsol y la francesa Maurel & Prom. Olmos explica que la revocación de estas licencias afectó la producción de crudo venezolano, que ya venía de una caída en picada desde 2015 hasta alcanzar en 2020 su mínimo histórico de apenas 527 mil barriles por día (bpd) exportados. De los 864 mil bpd reportados en 2024, al menos 230 mil bdp vinieron de Chevron. Firmas como Ecoanalítica estimaron una pérdida del 50 % de la producción con la salida de la petrolera estadounidense en mayo. El economista agrega que esto también afectó considerablemente los ingresos del Estado por la renta petrolera. A pesar de que la GL41 especifica que Chevron tiene prohibido pagar regalías a PDVSA, igual percibía ingresos a través de sus empresas compartidas y de los impuestos. Esto significó una entrada de dinero de entre $400 millones y $500 millones mensuales, de acuerdo con diferentes reportes de prensa, alrededor del 30 % del ingreso petrolero del gobierno. De hecho, varios expertos en su momento advirtieron que la salida de Chevron de Venezuela tendría repercusiones incluso en el mercado cambiario. Economistas como Luis Oliveros señalaron que las divisas obtenidas por el gobierno a través de Chevron precisamente eran las usadas para las intervenciones bancarias del BCV y mantener anclado el tipo de cambio. Petróleo en jaque El 24 de julio, Nicolás Maduro dijo en una entrevista a Telesur que la OFAC había restituido la concesión a Chevron para retomar sus operaciones en Venezuela, algo que luego fue confirmado por la propia empresa. A su vez, Bloomberg reportó que la petrolera había firmado un acuerdo secreto con el gobierno para entregar un porcentaje de su producción a la administración de Nicolás Maduro, en un acuerdo similar al de otras compañías que operan en el país, como la italiana ENI. Sin embargo, el regreso de Chevron no ha mejorado la situación de la industria petrolera venezolana. PDVSA asegura que este año logró superar por primera vez desde 2019 la marca del millón de barriles diarios, teniendo para su último reporte de octubre una producción de 1,13 millones bpd . Por su parte, el informe de la PNUD apunta a los 936 mil bpd en el tercer trimestre del año, lo que representa un aumento del 22,8 % interanual. Reportes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) coinciden más con esta segunda cifra. A pesar del aumento de la producción, los ingresos petroleros más bien disminuyeron debido a la volatilidad del mercado internacional y a las presiones estadounidenses. En los últimos meses el precio del barril de crudo ha bajado drásticamente. El 16 de diciembre, el barril Brent, usado como referencia mundial, cayó a $60 mientras que el West Texas Intermediate (WTI) se situó en $55, su mínimo desde 2021. Toda esta situación afecta particularmente a Venezuela, que fuera de Chevron, no vende su crudo en el mercado convencional debido a las sanciones. Desde hace años, PDVSA ha optado por un modelo de venta en aguas internacionales a precios por debajo del valor del mercado para mantenerse. Su principal objetivo ha sido compradores asiáticos, sobre todo China, aunque en los últimos meses la caída del precio del petróleo, sumando la saturación de la oferta con la entrada de otros países sancionados como Irán y Rusia, ha llevado a Venezuela a realizar descuentos excesivos para competir. De acuerdo con Bloomberg, llegaría a los $30 por barril, mientras Chevron también estaría ofertando a las refinerías estadounidenses el crudo por debajo de su valor. Otro elemento que impacta directamente es la reciente decisión del presidente Trump de aplicar un bloqueo naval contra buques venezolanos sancionados, luego de la incautación del tanquero Skipper, sancionado desde 2022 por financiar a Irán, y en ese momento usado por PDVSA a través de un magnate ruso, de acuerdo con la BBC. Bloomberg estima que los buques sancionados representan toda una flota fantasma que transporta el 30 % de las exportaciones venezolanas a China. Crecimiento sostenido Hay una situación compleja del punto de vista estructural que el Ejecutivo efectivamente está tratando de corregir, pero hay una alta dependencia de la actividad petrolera. Por más que se intenta diversificar, las políticas orientadas a ello no han sido necesariamente eficientes en los últimos años, reconoce Olmos. El 90 % de las divisas y exportaciones de Venezuela provienen del petróleo, a pesar de que el gobierno se propuso como objetivo durante el año incentivar las exportaciones no-petroleras con el desarrollo de otros sectores económicos. Durante un encuentro con el Consejo Nacional de Economía Productiva el 9 de diciembre, Nicolás Maduro aseguró que el país acumuló 18 trimestres consecutivos de crecimiento económico, proyectando un aumento del 6 % de su Producto Interno Bruto (PIB) para el cierre del año. La cifra de Maduro coincide con las estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) da un pronóstico más reservado, con un crecimiento de 0,5 %. La PNUD destaca en su informe que en el último trimestre del año el sector no petrolero tuvo un crecimiento de 6,1 %, de acuerdo con el BCV. Los sectores que presentaron mayor desarrollo fueron construcción (16,4 %), transporte y almacenamiento (9,3 %), manufactura (9,0 %), comercio y reparación de vehículos (8,2 %), minería (7,1 %); electricidad y agua (6,9 %) alojamiento y servicios de comidas (6,8 %), actividades inmobiliarias, profesionales, científicas, técnicas, administrativas y de apoyo (6,6 %) y agricultura (6,1 %). Entre otros indicadores, Maduro también destacó que Venezuela pasó de importar el 80 % en años anteriores a producir actualmente el 90 % de la comida en sus supermercados. También dijo que por primera vez el sector farmacéutico tiene reservas suficientes para abastecerse por al menos cuatro meses. Al respecto, Olmos resalta que los datos del BCV no siempre están actualizados en algunos indicadores. Agrega que la realidad proyectada por el gobierno en sus proyecciones muchas veces choca con los datos de los gremios empresariales e industriales, quienes asoman detalles más allá de la panorámica que se esconde detrás de ese 6 % de crecimiento. A nivel general, a nivel industrial, hay un tipo de recuperación promedio, pero cuando tú te vas por sector, encuentras que no todos los sectores están creciendo o les está yendo bien. En este sentido, cuando tú ves ese porcentaje, estaría más impulsado por la participación del Estado a nivel del gasto público, que sigue siendo creciente. Tomando en consideración que Venezuela produce al 43 %, 44 % de su capacidad, eso te quiere decir que de alguna manera hay capacidades que no se están explotando, apunta. Sueldo pulverizado Otro dato que Maduro reveló en su reunión del 9 de diciembre fue que el consumo nacional aumentó en el sistema de pagos un 37,5 %. Destacó principalmente el Black Friday, evento en el que muchas tiendas hacen descuentos especiales y que, aseguró, tuvo un aumento del 35 % en sus ventas, en lo que el dirigente llamó un sobrecalentamiento en el consumo. No obstante, este aumento del consumo parece contradecirse con otras informaciones que más bien apuntan las dificultades que enfrentan los venezolanos para comprar los productos de la canasta básica. Olmos recalca que precisamente la mezcla de elementos como la aceleración del tipo de cambio y la liquidez, que producen inflación, con el entorno hostil que las sanciones provocan en los mercados, han afectado notablemente el poder adquisitivo de la ciudadanía durante el año. Esto redunda en un salario mínimo que no se ajustó el 1° de mayo, un salario mínimo que sigue estando en 130 bolívares, que con el paso del tiempo representa cada vez menos en la base de cálculo de utilidades, vacaciones, todos los elementos de ley. Aunque prácticamente nadie gana salario mínimo y hay muchos complementos alrededor, esto hace que la depauperación del poder de compra sea cada vez mayor, comenta. Por otro lado, el economista también acota que la presión fiscal ejercida por el Estado ha mermado la operatividad de muchas empresas, que dependiendo del sector, pueden perder entre el 35 % al 75 % de sus ingresos en pagos de impuestos, tasas, contribuciones y multas. A esto se suma las complicaciones para conseguir divisas en la banca, lo que les obliga a comprar con sobreprecio en el mercado paralelo y luego tener que fijar sus estructuras de costos en la tasa oficial. Auge del cripto Justamente el cuarto hito económico del año para Olmos es el auge que las criptomonedas están teniendo en el mercado venezolano. Asegura que si bien el uso de stablecoins (criptomonedas estables) como el USDT de Tether ya era popular entre personas con conocimientos de tecnología, la novedad ha sido ver a empresas y negocios usándolas para sus operaciones comerciales y pagos. Vienen a suplir esa demanda insatisfecha de divisas, porque al tener el Ejecutivo menor cantidad de dólares para poder surtir el mercado, los clientes buscan mercados alternativos para poderla cubrir, resalta. Considera que esto ha creado un tercer mercado para obtener divisas aparte del oficial y el paralelo, lo que ha popularizado el uso de plataformas como Binance, así como de las aplicaciones Kontigo y CrixtoPay, actualmente los únicos exchange (sitios de intercambio de cripto) autorizados por la Superintendencia Nacional de Criptoactivos (Sunacrip). Igualmente, indicó que estas plataformas han comenzado a popularizarse para operaciones rutinarias como el pago de nóminas en algunas empresas, e incluso establecimientos y grandes cadenas de supermercados lo han implementado como método de pago. A título personal, algunas personas están tomando los criptoactivos para resguardarse con operaciones de cobertura. Tienen bolívares excedentarios, no los quieren dejar la cuenta del banco, entonces los cambian a USDT o USDC, y por esa vía tratan de cubrir esa necesidad, aporta. Futuro incierto Olmos señala que las proyecciones económicas se hacen siempre a partir de lo que ocurre en el presente, por lo que pueden no cumplirse o ser diferentes si suceden eventos que alteran por completo el curso esperado. En este sentido, señala que el gobierno ha mantenido la misma política económica de 2022, por lo que no espera grandes variaciones para el próximo año si no hay novedades en las últimas semanas del 2025. Esto significa que, a su juicio, al repetir las mismas políticas, también se puede esperar que continúen los mismos problemas. Podemos iniciar con una inflación muy elevada, altos niveles de liquidez, un tipo de cambio cada vez más acelerado, y evidentemente un poder de compra cada vez más bajo, empresas con más dificultad para poder quizás cubrir su nómina, pronostica. Señala que si bien el país tiene recursos suficientes para mejorar sus ingresos, las presiones externas sobre el sector petrolero serán un punto clave en los próximos meses. Advierte, además, que todos los indicadores parecen apuntar a que el 2026 será un año complejo, en el que se están configurando condiciones muy similares a las de 2014, cuando comenzó la crisis económica venezolana. Necesariamente debe venir una situación de diálogo y acuerdo entre empresarios y el Ejecutivo nacional, desde el punto de vista de la presión fiscal, y efectivamente el escenario geopolítico sigue normando y dictando cuál puede ser el derrotero o el camino de Venezuela para el año 2026, precisa.

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