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» La Nacion
Fecha: 01/01/2026 15:11
Adiós a Stranger Things: cómo ponerle cierre a la serie que fue un fenómeno global Ya está disponible en Netflix el último episodio; una despedida a lo grande, con batallas épicas, sacrificios personales, muertes impactantes y polémicas impensadas - 7 minutos de lectura' Más que el final de una serie, la despedida de una época. Junto con la mesa dulce de los argentinos, cuando el reloj daba las doce postreras campanadas de 2025, la gran saga referencial de la era del streaming dijo adiós. Está claro que la franquicia de Stranger Things va a continuar, pero la historia de Once y sus amigos de Hawkins terminó acá. Con el turrón atragantado en la garganta de los fanáticos, las lágrimas corriendo por las mejillas de los devotos y el grito a voz pelada de los indignados, el apabullante tanque de Netflix hizo historia y pasó a la historia. Prometimos el cierre de todas las líneas argumentales -habían dicho los hermanos Matt y Ross Duffer, creadores del fenómeno-, pero no prometimos un final feliz para todos. Y a nueve años de su debut, un reparto afiatadísimo y en estado de gracia se entregó por completo al destino que les tenía preparada la ficción. Solos y en conjunto, los personajes protagónicos demostraron por qué los años 80 nunca pasarán de moda, escribiendo su página de gloria en el entretenimiento audiovisual y el catálogo de la plataforma. Una batalla final para alquilar balcones. Una seguidilla de escaramuzas que separaron la paja del trigo. Un par de golpes bajos y la reivindicación del sacrificio. Asombro, dolor y recogimiento. Un epílogo triste y esperanzador, que deja plantada la semilla de la duda. La música de David Bowie y los créditos interminables. En poco más de dos horas, se resolvieron las tensiones entre el mundo real, El Otro Lado, Camazotz y el Abismo; la conexión entre Will y Vecna, la decisión de Once y la influencia de Kali, el fin de ciclo antes del recambio generacional, el destino de Holly y el propósito de Derek, las historias de amor y ruptura entre los sobrevivientes. Tuvimos la idea del final hace mucho tiempo -aseguraron los Duffer-, aunque escribirlo nos puso bajo una presión tremenda. No queríamos defraudar a nadie, ni a los fanáticos ni a los personajes. Por eso nos mantuvimos fieles a este cierre sorpresivo e inevitable. Los vínculos al poder Joyce y Hopper. Hopper y Once. Once y Mike. Lucas y Max. Dustin y Steve. Steve y Nancy. Nancy y Jonathan. Robin y Vicky. Will Byers con él mismo. El núcleo de Stranger Things siempre estuvo determinado por los vínculos interpersonales, no solo los amorosos. Queríamos hacer una serie en la que el público se preocupara por los personajes contó Matt Duffer-, pero con un monstruo en el medio. El último episodio de la serie reafirmó esta postura, evidenciada sobremanera en el volumen 2, que terminó funcionando como reafirmación explícita del estado emocional de los personajes previo a la batalla definitiva. Antes de enfrentar la posibilidad cierta de la muerte, la catarsis permitió poner en perspectiva la pertenencia de grupo. Entre otras cosas, ayudó a superar pérdidas irresueltas, dilemas personales, miedos y resquemores. Dejó en claro que la vulnerabilidad no le restaba potencial al equipo. Al contrario. Para nosotros era fundamental que se resolvieran estos conflictos antes del capítulo final -aclararon los Duffer-. Porque, si quieren derrotar a este gran mal, no sólo deberán esforzarse al máximo, tendrán que trabajar de manera coordinada y en sintonía. Una gran cantidad de seguidores no lo entendieron de la misma manera y se enojaron ante el tono mayoritariamente discursivo del segundo volumen. La queja se tradujo en una oleada de reseñas negativas para esos episodios y la polémica estalló tras la viralización de un presunto documento que enumeraba una serie de cambios en el guion, la eliminación de escenas y un virulento rebaje en el octanaje terrorífico, mucho más alto y visceral que el que se terminó mostrando. Cerca de 355 mil personas firmaron un petitorio en Change.org exigiendo a Netflix la emisión sin censura de los capítulos. Ni la plataforma ni los Duffer se subieron al ring, esperando que el estreno del último episodio pusiera las cosas en su lugar. El que sí respondió fue el actor Randy Havens (que interpreta al profesor Clarke): No existe un corte secreto de la serie -afirmó-. Por favor, no crean todo lo que se dice en la internet. Batalla cultural La discusión en redes sociales tomó un cariz mucho más preocupante tras la emisión del penúltimo episodio, El puente, en el cual Will Byers declara abiertamente su homosexualidad al grupo. En el plano de la ficción, familiares y amigos lo abrazan y le demuestran el cariño, el apoyo incondicional y la aceptación que le guardan. Con estos gestos, le permiten a Will completar su proceso íntimo de empoderamiento, fundamental para evitar que Vecna se alimente de sus miedos, dudas y frustraciones. De manera sospechosamente coordinada, la salida del closet de Will fue respondida con discursos de odio que nunca antes habían estado asociados con la serie. Junto con una abrupta caída en los índices de aprobación, Stranger Things quedó inmersa en medio de la batalla cultural que define los tiempos modernos. Y hasta Elon Musk opinó sobre la cuestión. En respuesta a un clip viral de la escena, el magnate empresario y propietario de X calificó el momento como completamente innecesario; y se le impone al público que sólo quiere disfrutar un poco de ciencia-ficción básica. Experiencia de vida Más de 1200 millones de reproducciones. Unos 190 millones de seguidores en las distintas redes sociales. Primer lugar simultáneo en el ranking de 90 países. Primera serie en posicionar sus cinco temporadas en el Top Ten global de Netflix. Más de 70 premios para el programa, los actores y el equipo técnico. Puesta en valor de la nostalgia ochentosa, con un notorio aumento de escuchas de la música pop en Spotify y la apropiación de estética y modismos por los adolescentes del mundo entero. Nuevas estrategias de marketing y millones de dólares generados por merchandising para cada tipo de billetera. Se podría seguir. La lista del impacto de Stranger Things en los hábitos y los consumos es interminable. Nada mal para una serie pequeña, que en aquel lejano noviembre de 1996 pretendía rendir culto al entretenimiento audiovisual de la década del 80 utilizando la ciencia ficción y el terror como herramientas narrativas. Una apuesta modesta, que terminó reconvertida en un fenómeno global sin precedentes, reformateando los conceptos de hacer y ver televisión para estos tiempos del streaming. Un logro impensado que posicionó finalmente a Netflix como la plataforma más importante del mundo, haciendo colapsar sus servidores con el estreno de la quinta y última temporada, el pasado 26 de noviembre. Una última aventura que apuntaló los temas que la serie promovió desde el principio. La visión poética de los traumas personales y colectivos, la resiliencia, la formación de la propia identidad dentro de un marco disfuncional de familia amorosa y el poder catártico del humor, incluso del humor negro. Entre lo cotidiano y lo apocalíptico, yendo de la escala monumental a la intimidad más reservada. Lo cierto es que el final de Stranger Things no admite indiferencias. En su conjunto, la serie de los hermanos Duffer está por encima de cualquier discusión acalorada y lo seguirá estando. Dejó de ser una experiencia audiovisual para convertirse en una experiencia de vida -afirmó Levy-. Es ese tipo de historias que aparece muy de vez en cuando, en un tiempo determinado y en el momento justo. No tiene explicación, solo empatía. A nosotros nos queda el haber sido parte de eso, que es algo formidable.
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