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» Clarin
Fecha: 15/12/2025 16:33
Durante años, Rob Reiner fue sinónimo de una carrera sólida y respetada en Hollywood. Actor, director y productor, su nombre quedó ligado a clásicos del cine y a una figura pública comprometida con causas sociales y políticas. En el plano privado, sin embargo, Reiner y su esposa Michele Singer Reiner atravesaron una historia mucho más compleja, atravesada por la adicción de su hijo Nick y por decisiones que, con el paso del tiempo, ambos reconocieron como dolorosas y equivocadas. Esa historia volvió a cobrar una dimensión trágica esta semana, cuando el matrimonio fue hallado muerto en su casa de Los Ángeles y su hijo quedó detenido en el marco de la investigación. Rob Reiner, de 78 años, y Michele Singer Reiner, de 68, fueron encontrados sin vida el domingo 14 de diciembre en su vivienda del barrio de Brentwood. El Departamento de Bomberos de Los Ángeles informó que acudió al domicilio cerca de las 15.30 hora local para brindar asistencia médica. Fuentes cercanas a la familia indicaron posteriormente que ambos habían sido asesinados y que su hijo Nick Reiner, de 32 años, fue arrestado en relación con las muertes. El joven permanece detenido con una fianza fijada en 4 millones de dólares, mientras avanzan las actuaciones judiciales. La conmoción que rodea el caso reavivó entrevistas y testimonios del pasado en los que Rob, Michele y Nick habían hablado con una franqueza poco habitual sobre las adicciones, el vínculo familiar y las consecuencias del llamado “amor duro”. En 2015, padre e hijo trabajaron juntos en la película Being Charlie, un film semi autobiográfico inspirado en la experiencia de Nick con las drogas y los múltiples ingresos a centros de rehabilitación desde su adolescencia. La película narra la historia de Charlie Mills, un joven adicto de 18 años en permanente conflicto con sus padres, en especial con su padre, una figura pública de alto perfil que intenta controlar la situación recurriendo a internaciones forzadas y decisiones drásticas. Aunque Rob Reiner aclaró en su momento que no se trataba de una recreación literal de su vida familiar, reconoció que muchos elementos estaban directamente vinculados con lo que habían vivido junto a Michele y su hijo. Nick Reiner y Rob Reiner. Fotografía cortesía de Tony Turner, Festival de Cine de Montclair. En entrevistas concedidas durante el estreno del film, Rob y Michele compartieron un balance que entonces parecía una reflexión madura sobre errores pasados. “Cuando Nick nos decía que esos tratamientos no le estaban funcionando, no lo escuchábamos”, reconoció Reiner en 2015. “Estábamos desesperados. Veíamos diplomas colgados en las paredes y confiábamos en esos especialistas cuando, en realidad, deberíamos haber escuchado a nuestro hijo”. Michele Singer Reiner fue aún más directa. Contó que los profesionales les repetían que Nick mentía, que intentaba manipularlos, y que ellos terminaron creyendo ese discurso. “Estábamos muy influenciados por esas personas. Nos decían que todo era parte de la adicción y nosotros aceptábamos eso sin cuestionarlo”, explicó entonces. “Hoy sabemos que no siempre fue la decisión correcta”. Nick Reiner, por su parte, habló en varias oportunidades sobre el impacto que tuvo ese período en su vida. En una entrevista con la revista People en 2016, relató que su primer ingreso a rehabilitación fue alrededor de su cumpleaños número 15 y que se negó a volver en varias ocasiones. “Si no aceptaba los programas que me proponían, la alternativa era quedarme en la calle”, dijo. Ese fue el inicio de un ciclo de internaciones, recaídas y episodios de indigencia que se extendió durante años. Según su propio testimonio, Nick pasó por al menos 17 estancias en centros de rehabilitación y vivió períodos de falta de vivienda en distintos estados de Estados Unidos, incluidos Maine, Nueva Jersey y Texas. “Dormí noches enteras en la calle, pasé semanas así. No fue nada fácil”, recordó. “Cuando estaba ahí afuera, podría haber muerto. Todo es cuestión de suerte. Tirás los dados y esperás sobrevivir”. El poster de "Being Charlie". Foto: Castle Rock Entertainment A pesar de ese recorrido, el trabajo conjunto en Being Charlie marcó un punto de inflexión en la relación entre padre e hijo. En entrevistas conjuntas, ambos coincidieron en que el proyecto les permitió comprenderse mejor y reconstruir un vínculo que había sido distante durante la infancia de Nick. “No nos habíamos unido mucho cuando yo era chico”, contó él. “Mi papá era fanático del béisbol, yo del básquet. Pero verlo dirigir, ver cuánto sabía, fue algo que me hizo sentir más cerca”. Rob Reiner también reflexionó sobre el concepto de “tough love”, tan presente en los tratamientos de adicciones. “No es mi naturaleza”, dijo entonces. “Si tu hijo está pasando por un momento oscuro, tu trabajo principal como padre es mantenerlo a salvo. Yo haría cualquier cosa por eso”. En retrospectiva, admitió que debería haber confiado más en su instinto y menos en fórmulas rígidas impuestas desde afuera. Tras el estreno de la película, Nick Reiner habló de una etapa de mayor estabilidad. Dijo que llevaba tiempo limpio, que había vuelto a instalarse en Los Ángeles y que estaba reconstruyendo su vida cerca de su familia. “Hubo muchos años oscuros”, reconoció. “Pero estaba intentando encontrar un lugar propio”. Rob Reiner expresó en más de una ocasión su deseo de volver a trabajar con su hijo, aunque también respetaba su necesidad de forjar un camino independiente. “Es brillante y talentoso”, dijo en una entrevista radial en 2016. “Va a encontrar su propio rumbo”.
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