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» Misionesparatodos
Fecha: 30/11/2025 20:03
La economía volverá a mostrar crecimiento en 2026, impulsada por energía, agro y minería, pero con un reparto profundamente desigual. Mientras los sectores exportadores consolidan márgenes y crecen hacia nuevos récords, ramas intensivas en empleo –construcción, comercio, textiles, metalurgia e industria manufacturera– atraviesan caídas, cierres y pérdida de puestos formales. Los datos del Indec confirman que el país evitó la recesión, pero la recuperación avanza con velocidad distinta y deja a buena parte de los trabajadores fuera del rebote. Lentamente. De manera ecléctica. Con ganadores muy ganadores y perdedores muy perdedores. Y, lo más importante, con la mayoría de los trabajadores afuera de los primeros. En definitiva, Argentina crecerá en el 2026, como lo hizo en este 2025. Y si la previsibilidad es una cualidad positiva para la macroeconomía, cualquier ciudadano puede saber si será participante de esa mejora de casi 5% o si se quedará afuera. En el grupo de los vencedores se ubica la energía, Oil & Gas (alias Vaca Muerta), el agro en sus diferentes variables (con la posibilidad de la vedette de la carne vacuna en el caso de que se abra el mercado norteamericano) y la minería (el nuevo El Dorado del país). Si se le pone voluntad, también están en estos sectores los comercializadores de productos importados casi en la totalidad de la grilla, incluyendo no solo a los destinados al consumo final, sino además proveedores de bienes de capital e intermedios. También se podría sumar la venta online, donde ya se consume el 21% de los productos terminados que se venden al público; un porcentaje que parece crecer hasta convertirse en mayoritario. Alarmante. Entre los perdedores la lista es demasiado larga quizá. Y con un problema grave. Se trata de sectores y rubros donde la mano de obra es más intensiva; y donde, en consecuencia, una crisis más eyección de trabajadores provoca. Para peor, en su mayoría, personal en relación de dependencia heredado de otras épocas doradas. En este costado militan tres rubros clave para cualquier plan económico que se precie de ser aportador de crecimiento sostenible en el tiempo: la construcción, el comercio y la industria manufacturera. Dirán los libros de historiografía económica que ningún plan de recuperación de la economía puede funcionar sin estos tres sectores adentro. Una sentencia que incluye también a las experiencias más o menos libertarias del pasado, como los 90 y el interrumpido proceso macrista. A la mala hora se suman los textiles, el turismo receptivo y productores de rubros como juguetes, plásticos, herramientas y otros productos finales, los cuales, directamente, debaten su supervivencia. Hay quienes pelean el empate. La industria automotriz, las inmobiliarias, la pesca y cierta producción de alimentos; que discuten si tienen o no un lugar en la grilla de tildes verdes de facturación. Esta semana se conoció la novedad publicada por el Indec, que dirige Marco Lavagna, de que el país no entró en recesión en el tercer trimestre del año. Para que esto hubiera ocurrido, la economía debería haber bajado en su actividad dos trimestres consecutivos. Ya había bajado un 0,1% entre el segundo y el primer trimestre del año, y solo se necesitaba que la mala performance se repitiera en el período julio-septiembre. Con polémica (porque fueron datos corregidos, algo absolutamente normal para las mediciones agregadas), el resultado final de septiembre determinó que oficialmente la economía pudo crecer un 0,5% en el año, abandonando la posibilidad de una recesión. Y confirmando además que en el año la tendencia es a un alza total de entre 4,5% y 5% para todo el 2025; dato que se confirmará cuando se conozcan los datos finales del año. Esto será hacia fines de febrero del 2026. Pero, en definitiva, será un año positivo. Lo mismo que el 2026. Finanzas, sí. Sin embargo, el dato no debe marear ni provocar optimismos determinantes. Los hits de septiembre fueron la intermediación financiera, con un crecimiento del 39,7% interanual; la pesca, con un 58,2% interanual (recuperando mucho terreno perdido en meses previos); las actividades inmobiliarias y empresariales: +5% interanual; y, obviamente, la minería y energía, con su clásico avance mensual de entre 3% y 5% constante y firme. Vaca Muerta mediante. El yacimiento neuquino ya es locomotora de la economía. Y el gran ganador del momento. En 2025, Vaca Muerta consolidó un fuerte salto en producción y exportaciones, y para 2026 se proyecta una expansión aún mayor, con inversiones récord y un incremento del 22% en la actividad. La producción del yacimiento neuquino (y algo mendocino) aportó el 65,5% del crudo nacional y el 72% del gas. Las exportaciones de crudo crecieron un 52% interanual, alcanzando unos US$ 7.500 millones, convirtiéndose en el segundo complejo exportador del país, detrás de la harina de soja. La balanza comercial energética superará este año el positivo de US$ 5 mil millones (cuando hasta hace dos temporadas era deficitaria) y se encamina a los US$ 10 mil millones de aportes a favor desde el 2027. El campo es otro ganador. En 2025 la producción agropecuaria argentina alcanzó cerca de 131 millones de toneladas, y para 2026 se proyecta un récord de entre 140 y 143 millones de toneladas, con ingresos estimados en más de US$ 32 mil millones. Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Bolsa de Comercio de Rosario, para el 2026 la producción total se ubicará entre las 140 y 142,6 millones de toneladas (+8,9% respecto a 2025), con una estrella por fuera del tradicional aporte sojero. El maíz aportará unas 58 millones de toneladas (+18,4%). El tercer sector victorioso es la minería, que en 2025 alcanzó exportaciones récord de más de US$ 5.300 millones, impulsadas por el litio, mientras que para 2026 se proyectan inversiones superiores a US$ 7.500 millones y un nuevo salto en producción y exportaciones. Del otro lado, los perdedores se acumulan. Y se permite sacar ya conclusiones sobre lo que sucederá en el 2025. Sectores industriales en retroceso durante 2025. La derrota porcentual arranca en el sector denominado textil, indumentaria y calzado, con una baja que ronda los dos dígitos y que muestra que más de 380 empresas cerraron hasta mediados de año, con una pérdida de 11.500 empleos formales. La combinación de la caída del consumo por una constante pérdida de poder adquisitivo y la competencia de importaciones directamente dinamitó al sector. Fundamentalmente a las pymes. Sigue, en el rubro de caídas, la construcción y materiales asociados. Aquí hay que recordar un factor demoledor: la inexistencia durante los primeros dos años de gestión de Javier Milei de la obra pública. A lo que hay que sumar un extraordinario (e injustificable) crecimiento del valor de construcción del metro cuadrado en la zona AMBA, donde para noviembre ya supera los US$ 1.200 y que llega en algunos casos a los US$ 1.500. Para tener una idea de la relación, en 1998, cuando la convertibilidad crujía, ese mismo valor se ubicaba en los US$ 800. Muchos recuerdan que gran parte del éxito del plan menemista-cavallista de los 90 fue precisamente el haber incluido una explosión constructiva en el país, que llevó a que, quizá por última vez, la clase media pudiera ser propietaria. Nada de esto existe en estos tiempos libertarios. Además de la construcción en sí, la caída de la actividad afecta a industrias proveedoras como cerámica, ladrillos, cemento, metalmecánica y aberturas. Todas generadoras de mano de obra intensiva. En picada. La metalúrgica, la madre de todas las batallas industriales y clave en la historia manufacturera criolla, vive uno de sus peores momentos en décadas. Según la cámara sectorial Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra), en octubre se registró una caída del 4,6% interanual, con fuertes bajas en sectores estratégicos. Se informa que, en consecuencia, el sector se encuentra un -17,7% por debajo de sus niveles máximos recientes y con un uso de la capacidad instalada cercano al 44,3%, cuando debería navegar peleando el 75% para poder pensar en inversiones. Para tener una idea, es un porcentaje similar al del período marzo-junio de 2020 en plena pandemia. Las caídas son generalizadas en Fundición (-12,7%), Equipos y Aparatos Eléctricos (-8,6%), Bienes de Capital (-3,9%), Autopartes (-2,5%) y Maquinaria Agrícola (-0,8%), mientras que Carrocerías y Remolques fue el único con incremento del 2,6%. Según el presidente de Adimra, Elio Del Re, advirtió que “la industria metalúrgica atraviesa un momento muy complejo, con niveles de actividad excepcionalmente bajos, similares a los de un año pésimo como 2024, y con importaciones que crecieron alrededor del 70% interanual”. Regionalmente, las caídas más importantes se dieron en Buenos Aires (-7,7%), Mendoza (-4,4%), Córdoba (-3,7%) y Santa Fe (-2,2%); precisamente las provincias donde más industria metalúrgica hay. En el caso del consumo, el Indec fue claro esta semana. Las ventas en supermercados a precios constantes no solo no crecen, sino que mostraron un retroceso de -0,8% interanual y -0,2% entre octubre y septiembre. Se dirá que crece la venta online, que ya representa el 21% de las operaciones. Lo que igualmente no termina de cubrir la baja total. Surge en los datos oficiales una preocupación. Las compras vía tarjeta de crédito en supermercados llegan ya al 44,1%, cuando hasta hace un año no superaban el 15%. La conclusión: las familias se endeudan con la tarjeta para comprar alimentos. En sho-ppings, la situación es mala desde que comenzó el ajuste. En octubre la tendencia continuó y llegó a una caída de -3,4% interanual. Pero la peor situación es la de los mayoristas, que, fruto de la baja de la inflación (y el hecho de que ya no es negocio el estoqueo), mostraron la mayor caída del rubro consumo con un -13,1% interanual entre septiembre y octubre. Un experto en evolución económica y consumo, Guillermo Oliveto, presidente de la consultora W, habló esta semana en un seminario sobre el sector pyme organizado por el Banco Ciudad. Determinó que el consumo hoy se concentra en las clases altas y medias altas, mientras que la clase media baja y la baja superior afrontan un escenario restrictivo, “donde el mes termina el 15 o el 20” y la compra “pasa de afectiva a sufrida”. Oliveto confirmó que a la economía de la era Milei la empujan “agro, bancos y minería”, a la vez que “el comercio, la construcción y la industria” caen. Todo esto, según el especialista, con un nivel salarial que se ubica en estos tiempos en un 25% por debajo respecto a los gobiernos de Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner. La parte positiva del diagnóstico es que Argentina crece y seguirá haciéndolo. La parte negativa es que la mayoría de los ganadores no puede albergar a los perdedores. El otro problema es que el alza de la actividad económica se dará de manera lenta. Sin cambios revolucionarios ni bruscos. Salvo en la performance de los perdedores. Premio consuelo. | Pablo Temes Por Carlos Burgueño-Perfil
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