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Gualeguaychu » Nova Comunicaciones
Fecha: 30/11/2025 19:36
Lo que comenzó como un reordenamiento administrativo tras la derrota electoral se ha transformado en una guerra intestina. Mientras la conducción oficial «descabeza» a autoridades partidarias y pide la expulsión de dirigentes históricos, desde las bases disidentes exigen cárcel para la cúpula por los escándalos de corrupción. El peronismo entrerriano parece emular el ocaso del radicalismo de principios de siglo: un partido que se achica, se fragmenta y corre el riesgo de quedarse sin candidatos propios. El Consejo Provincial del Partido Justicialista de Entre Ríos decidió este jueves avanzar con las expulsiones. En una reunión encabezada por José Cáceres, se resolvió separar de sus cargos en la conducción a la vicepresidenta Carina Domínguez y a la vocal Carolina Gaillard. La acusación formal es haber jugado por fuera de la estructura partidaria en las últimas elecciones; sin embargo, el trasfondo revela un proceso de descomposición mucho más profundo: el PJ ha entrado en una fase de autodestrucción. La decisión, tomada «por amplia mayoría», no se detuvo en las remociones. Las actuaciones fueron derivadas al Tribunal de Disciplina con un objetivo de máxima: la desafiliación y expulsión de una larga lista de dirigentes históricos. Nombres que ocuparon bancas nacionales, intendencias y candidaturas a la gobernación —como Héctor Maya, Domingo Daniel Rossi, y al sector político nada más y nada menos de Julio Solanas dos veces intendente de Paraná, diputado nacional diputado provincial que en las últimas elecciones legislativas acompañó a Gustavo Guzmán, como Hugo Berthet, Eduardo Jourdan entre otros. Hoy son tratados como enemigos a eliminar de los padrones. El «´plazo fijo» de Bahl y el corralito político. Para entender la crisis de liderazgo que derivó en esta sangría, hay que remontarse a una reunión clave en la casa de Blanca Osuna en calle Bavio, en Paraná. Allí, la mesa chica del PJ paranaense le pidió a Adán «Beto» Bahl que encabezara la lista de diputados nacionales. La respuesta del ex intendente fue tajante y, a la luz de los hechos, lapidaria. Palabras más, palabras menos, Bahl se llevó la mano al corazón y soltó: «Solo quiero decir una cosa. Mi plazo fijo es mi imagen. Y no la voy a hipotecar«. El argumento era que, ante una derrota que se avizoraba por casi 20 puntos en la capital provincial, él debía preservarse. La realidad, sin embargo, fue cruel: al «plazo fijo» de Bahl se lo agarró el corralito, si se mira el resultado ni sus aliados internos ni la dirigencia que permanece bajo el paraguas del pj oficialista lo habrían votado. Hoy, su capital político se licúa no solo por la derrota, sino por ser la cara visible de una dirigencia que, en lugar de contener, expulsa. La contraofensiva: «No los echen, métanlos presos» La reacción a la purga no se hizo esperar. Mientras el oficialismo partidario pide desafiliaciones, desde el sector disidente —con figuras como el ex intendente de San José, Eduardo Jourdán— la respuesta es de un calibre judicial. El planteo es brutal: no se trata de quién se fue del partido, sino de quiénes se quedaron y lo «robaron». Sectores del peronismo exigen que se conforme una comisión de abogados para que el PJ se constituya como querellante en las causas de corrupción que mancharon la última década. Apuntan directamente a la línea de sucesión de vicegobernadores que manejaron los contratos de la Legislatura: Cáceres, Bahl, Lauritto, Guastavino y Stratta. La tesis de este sector es que el peronismo no perdió porque Maya o Rossi fueran por afuera; perdió por los contratos truchos, por el escándalo de los subsidios y de los créditos truchos robándoles a los más pobres dentro de los pobres, por las causas de enriquecimiento ilícito o repudiados por la sociedad como kueider, Urribarri, Bahl, Smaldone, Stratta, Gebhart, Chagas, Allende, Alicia Benítez etc etc. La gente, aseguran, castigó la matriz de corrupción, no la dispersión electoral. Para los disidentes, la conducción actual no tiene autoridad moral para expulsar a nadie; al contrario, deberían estar dando explicaciones en Tribunales. El espejo del Radicalismo. El escenario actual del PJ entrerriano presenta similitudes inquietantes con el proceso que vivió la Unión Cívica Radical tras la crisis de Montiel a principios de los 2000, y luego con Sergio Varisco. Aquel partido glorioso, que polarizaba y gobernaba la provincia, entró en una espiral de divisiones y juicios políticos que lo redujo a una expresión minoritaria. Desde 2011, el radicalismo no logra instalar un candidato a gobernador competitivo por sí mismo, viéndose obligado a ser el furgón de cola de alianzas con el PRO o, más recientemente, coqueteando con La Libertad Avanza. El Justicialismo parece transitar ese mismo sendero hacia la irrelevancia. Un partido «chiquito», encerrado en discusiones de reglamento y expulsiones, mientras su base electoral se desencanta. Si la dinámica no cambia, el 2027 podría encontrar al peronismo entrerriano sin capacidad de disputar el poder real, dejando el campo orégano para que figuras externas o terceras fuerzas terminen de ocupar el vacío que, con empeño burocrático, el propio partido se está encargando de generar. Con información del Portal de Ricardo David.
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