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  • Stoner. La vida ordinaria de un profesor cualquiera

    Concordia » El Heraldo

    Fecha: 30/11/2025 18:52

    A veces una vida ordinaria, en la acepción de común, regular, habitual supone la ausencia de relevancia, de interés, de destacado. Sin embargo, el arte y, en este caso, la literatura en particular puede enriquecer cualquier vida gracias a la virtud y la aptitud del autor. John Williams dictaba clases de inglés en la Universidad de Denver, la capital del estado de Colorado en el centro de los Estados Unidos en 1963, cuando le envío a su agente, Marie Rodell su tercera novela “Stoner”, la que había escrito luego de publicar “Butcher ´s Crossing”. Rodell valoró el manuscrito que Williams le había remitido y observó que, si la editorial que se interesa por publicar la novela no la consideraba como una simple “novela académica” podría tener buenas ventas. “De lo único que estoy segura es de que es una buena novela; con el tiempo, incluso podría considerarse una obra maestra”. La agente predijo con exactitud lo que sucedió “en el tiempo”. La novela fue publicada en 1965, tuvo ventas, relativamente, escasas; se registraron 2.000 ejemplares vendidos, un número no demasiado auspicioso para esa época, a pesar de conocerse algunas críticas favorables, como la mención en la prestigiosa revista New Yorker y, un año después en New Republic. No obstante, a partir de su reedición en 2003, la novela fue aclamada por los analistas, elogiada por numerosos escritores y, desde ese momento, goza de un más que aceptable nivel de ventas en varios países del mundo. John Edward Williams nació el 29 de agosto de 1922 en el pequeño poblado de Clarksville al este del estado de Texas. Prestó servicios en el ejército en la Segunda Guerra Mundial, siendo destinado en India y Birmania. Luego estudió en la Universidad de Denver y se doctoró en la de Missouri, donde (como su personaje, Stoner) ejerció como profesor durante más de 30 años. Además de “Stoner” publicó libros de poemas y las novelas “Solo la noche” en 1948, “Butcher´s Crossing” (1960) y “El hijo de César”, ganadora del National Book Award de ficción en 1973. Falleció en Fayetteville el 3 de marzo de 1994. William Stoner, en la novela, es un profesor de literatura inglesa en la Universidad de Missouri, en el centro este de los Estados Unidos, en el año 1910. Había nacido en una pequeña granja en 1891 y por insistencia de su padre se dirige a estudiar agricultura, para luego volver a la granja y colaborar con las tareas inherentes a la hacienda. Pero en un curso de literatura obligatoria, “una asignatura, bastante informal, requerida para todos los estudiantes universitarios: un semestre de estudio de literatura inglesa”, se ve interesado por las humanidades, a partir del recitado de un soneto de Shakespeare hiciera su profesor Archer Sloane. Incluso, éste se dirige a Stoner, “el señor Shakespeare le habla a usted a través de tres siglos, señor Stoner. ¿Usted lo oye?”. Y, ocultándoselo a sus padres, abandona sus estudios en la Facultad de Agricultura, “asiste a cursos de introducción a la filosofía y a la historia antigua y a dos asignaturas de literatura inglesa” y una vez recibido, en función de la escasez de docentes como derivación de la Primera Guerra Mundial, pasa a dictar clase, en carácter de profesor adjunto, hasta su muerte en 1956. En el inicio del libro, el autor, en una especie de prólogo, enuncia la vida, desde su infancia hasta la muerte de Stoner. En una vida que aparece como “común”, anodina y repetitiva, Williams sabiamente introduce elementos que por su propia ontología los hace delicados, sustantivos y valiosos. A partir de un relato metódico, atractivo y profundo es posible convivir con el personaje, un profesor que se va enamorando y enamora a sus alumnos (y lógicamente al lector) de la literatura. Es, también, un elaborado fresco de la vida universitaria, profesores y alumnos, con su conjugación de relaciones amistosas que, en el caso de Stoner, es la vinculación que desde un primer momento tiene con sus compañeros Gordon Finch y Dave Masters, truncado por el fallecimiento de éste en la Primera Guerra Mundial en Francia. Por otra parte, Williams no oculta las contrariedades que las relaciones humanas generan en un ámbito que, en ocasiones, genera evidentes celos, preferencias y castigos, en una despiadada lucha de egos. Así Hollis Lomax, otro profesor crea todo tipo de incordios contra Stoner porque éste, en ejercicio de su autoridad, había suspendido a un protegido de Lomax. Stoner entonces, tiene que soportar asignación de horas o de grupos de alumnos que lo perjudican en su labor. Ese hecho lo perjudica doblemente a Stoner. Por un lado, por la apatía que lo va desmotivando y por otro por la alteración que algunos de sus alumnos, en una reacción aprensiva se sienten influenciados por las decisiones. Así, “antiguos alumnos suyos, incluso alumnos a los que había conocido bien, empezaron a saludarle con la cabeza y a hablarle de manera cohibida. Hasta de manera furtiva.” En el tiempo que Stoner permanece en la Universidad, en una fiesta de la facultad se enamora de Edith, una joven que, temporariamente, se encontraba de paso. Se casan, pero la relación no es feliz. Al mes Stoner entiende que la misma se va convirtiendo en una mutua frustración; transita entre la tirantez emocional a la que Edith somete a Stoner; la repentina necesidad de tener un hijo; la distancia que Edith mantiene con Grace, la hija de ambos, a partir del parto y el amorío que Stoner tiene con Katherine Driscoll, una joven profesora que se sostiene a pesar de que Edith, indiferentemente, lo conocía y hasta que Katherine, presionada por Lomax, abandona la ciudad, sin que Stoner esté dispuesto a vulnerar el “status-quo” de la cotidianeidad y decidirse a abandonar a su mujer, de la que se reconoce distanciado, y vivir su reconocido amor con Katherine. En el devenir de la historia, Grace se gradúa en la Universidad, queda embarazada de su novio, se casa y su marido es destinado a Europa en la Segunda Guerra Mundial, donde muere. Grace se hace adicta al alcohol y conserva un trato frecuente con su padre, quien en reflexiones se indaga respecto al pasado que fue conformando en su cátedra, en sus relaciones amorosas desafortunadas y en su vínculo con Grace. En una de las tantas introspecciones que Stoner lleva a cabo, a sus cuarenta años, manifiesta ácidamente que “no veía nada delante de él que deseara disfrutar y poco detrás que quisiera recordar”. Al arribar al final de sus días recuerda sus cesiones “había anhelado el amor, y había tenido amor, y había renunciado a él, lo había dejado caer en el caos de la potencialidad (…) y había querido ser profesor, y se había convertido en eso. Pero sabía, siempre había sabido, que la mayor parte de su vida había sido un profesor indiferente”. La escritora Lorrie Moore afirmó: “Stoner es un fenómeno muy interesante. Es un libro pequeño, magnífico y tremendamente triste (…) la mayoría de los escritores estadounidenses (…) lo encuentran encantador, imperfecto, escrito de forma atractiva y menor en lugar de grandioso”. Bret Easton Ellis: “Una de las inesperadas grandes novelas americanas del siglo XX (…) Casi perfecta”; “Un descubrimiento maravilloso para todos aquellos que aman la literatura” ha manifestado el escritor inglés Ian McEwan. En una expresión que excede al realce el escritor John McGahern, destaca la “prosa sencilla, que parece capaz de reflejar sin esfuerzo todos los matices del pensamiento y el sentimiento”. Willams con una precisión infrecuente descubre el sentido interior de Stoner, develándolo profundamente humano. En una suerte de antihéroe, el protagonista se considera “un profesor cualquiera” y esa misma valoración es lo que ennoblece la novela. El autor en una de las pocas entrevistas que concedió, expresó que su protagonista “es un verdadero héroe. Mucha gente que ha leído la novela piensa que Stoner tuvo una vida muy triste y miserable. Yo creo que tuvo una vida muy buena. Tuvo una vida mejor que la mayoría de la gente, sin duda. Hacía lo que quería, sentía pasión por lo que hacía, era consciente de la importancia de su trabajo. Lo importante de la novela para mí es la vocación de Stoner, un trabajo en el buen y honorable sentido de la palabra. Su trabajo le dio una identidad particular y lo convirtió en quien era.” La personal reflexión de Williams respecto a su personaje, podría generar una interesante serendipia, al descubrir escrutando la novela, una visión más entusiasta de una vida “común y ligeramente insustancial”, al reconocer desde las resignaciones y decepciones (en el sentido que se refirió el escritor Enrique Vilas Matas, a propósito de la novela) la importancia de encontrar una identidad subjetiva en anhelar concretar efectivamente lo que motive la persecución de la propia pasión. Ads Ads

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