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  • Una vacuna contra la estupidez

    » Primerochaco

    Fecha: 30/11/2025 06:31

    Estos números parecen esconder una suerte de movimiento que se visibilizó con fuerza durante la pandemia de Covid-19. Había gente que todos los días tomaba dióxido de cloro diluido en agua destilada como forma de evitar el contagio. Al calor del aislamiento social preventivo y obligatorio se multiplicó un discurso antivacuna de alcance mundial y hasta una conocida periodista porteña se empinó en horario central de la televisión una botella que contenía la llamada Miracle Mineral Solution. No hay que ir tan lejos. Este jueves 27, la diputada nacional Marilú Quiroz organizaba en la Cámara baja una jornada en la que se debatirían “perspectivas legales, políticas, genéticas e infectológicas sobre vacunas aplicadas desde 2020”. Entidades científicas pidieron suspender la jornada pese a que la propia legisladora del PRO advirtió no ser antivacuna aunque si marcó su posición: “Estoy en contra de la vacunación obligatoria y compulsiva”, dijo en un canal de streaming. Sería lo que Nicolás Viotti describe en una nota publicada por El Dipló como un estilo “anti populista” asociado con un “recorte de las políticas de cuidado”. Una corriente para la cual “las vacunas son parte de un modelo autoritario tendiente a imponer una política homogeneizante que no respeta la libre elección”. La pregunta, entonces, es cuál es la política en la materia de la gestión del presidente Javier Milei. En esa línea, la aparición más recordada del ministro de Salud, Mario Lugones, coincidió con su reunión en mayo pasado con su par de Estados Unidos, Robert Kennedy Jr. Ese día se anunció que la Argentina iba a abandonar la OMS porque, según explicó el comunicado oficial, “las recetas de la OMS no funcionan”; también se dispuso “revisar” las vacunas diseñadas contra el Covid-19 para que se ajusten a evidencia científica; y se decidió “fortalecer campañas de vacunación seguras” como la del sarampión. Ahora, ¿la prédica de libertad extrema que encabeza este Gobierno incluye la obligatoriedad de las vacunas del calendario oficial? No está claro y eso puede ser determinante para definir campañas que incentiven la vacunación y, en función de esto, para la provisión de las dosis necesarias a hospitales, centros de salud y vacunatorios. En tiempos donde dominan los discursos radicalizados, una vacuna contra la estupidez puede resultarnos imprescindible.

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