30/11/2025 05:07
30/11/2025 05:03
30/11/2025 05:01
30/11/2025 05:01
30/11/2025 05:01
30/11/2025 05:00
30/11/2025 05:00
30/11/2025 04:59
30/11/2025 04:58
30/11/2025 04:58
Buenos Aires » Infobae
Fecha: 30/11/2025 04:32
El dcotor Elizari empezó a formarse como cardiólogo en 1961 en el Hospital Ramos Mejía En su consultorio, rodeado de los muchos libros que ha escrito sobre su especialidad -en colaboración con otros colegas y en especial con su maestro, el ya fallecido Mauricio Rosenbaum, calificado como un “electrofisiólogo revolucionario” por las revistas especializadas-, el doctor Marcelo Elizari, 88 años, se toma un momento para señalar con orgullo que se crió en el interior de la provincia de Neuquén, donde su padre, un inmigrante vasco, fue director de escuelas rurales, una de las cuales lleva su nombre, y su madre, maestra. A los 17 años vino a Buenos Aires a estudiar medicina. Originalmente orientado hacia la obstetricia, cambió de rumbo cuando en 1961 conoció a Rosenbaum, en el Pabellón de Cardiología Luis Inchauspe del Hospital Ramos Mejía. Inició entonces su especialización y una larga y fructífera colaboración con su maestro. En las décadas de 1970 y 80, en el Ramos Mejía se desarrolló una importante labor de formación e investigación en electrofisiología y en arritmias, encabezada por Rosenbaum y Elizari. “El del Ramos Mejía fue el primer servicio con internación en el país. Ahí conocí a Rosenbaum -dice Elizari-, estuve cuarenta años con él. Publicamos unos trescientos trabajos en revistas internacionales. También libros y artículos. Cuando se jubiló yo lo reemplacé como jefe de la división y estuve hasta el año 2014”. Hoy sigue atendiendo en su consultorio del barrio de Almagro y da clases a los residentes del Ramos Mejía. Es miembro de número de la Academia Nacional de Medicina, de la que fue presidente. También presidió la Sociedad Argentina de Cardiología. Fue profesor en la USAL y en la UBA, e investigador y profesor visitante en universidades de los EEUU y de Francia. Junto con Rosenbaum creó la Escuela Argentina de Electrocardiografía cuyos aportes científicos -la trifascicularidad del sistema de conducción cardíaca y el concepto de hemibloqueos, y la introducción a nivel mundial de la droga antiarrítmica amiodarona, entre otros- son reconocidos por la comunidad científica internacional. Si hoy se habla de generación silver y de nueva longevidad, es porque los adelantos de la medicina, y dentro de ella la cardiología, en especial de los últimos 70 años, han prolongado de una manera notable la esperanza de vida promedio. Es un área en la cual la Argentina ha hecho un aporte notorio. Junto con Rosenbaum, crearon la Escuela Argentina de Electrocardiografía en el Ramos Mejía — Doctor, la idea es que nos comente cuánto ha progresado la cardiología en estos años y el impacto que esto ha tenido en la longevidad. — Es enorme. Cuando yo empecé, en los años 60, lo único que teníamos era un electrocardiógrafo y el equipo de rayos X para hacer una radiografía de tórax. Y después era todo clínica y clínica. Luego surgió la ecocardiografía, la hemodinamia, la cirugía cardíaca, la hemodinamia intervencionista, el monitoreo cardíaco -el Holter- y de la presión arterial -presurometría- de manera ambulatoria, la cardiología nuclear, la electrofisiología diagnóstica y terapéutica, y se transformaron todas en enormes especialidades, dentro de la cardiología, por supuesto interactuando siempre. Pero ya hay personas que están muy especializadas en un tema, y le diría que, prácticamente, no se ocupan de las otras prácticas de la cardiología. — Demasiada especialización, ¿no lleva a perder un poco la perspectiva de conjunto? — Sí, pierden el panorama. Por eso el haber tenido, no sé si la suerte, de empezar casi de la nada, y después ir viendo surgir los diferentes adelantos e incorporándolos, ha hecho que uno se enriquezca muchísimo, como para tener un panorama muy amplio. — La cardiología argentina ¿está bien considerada en el mundo, verdad? — Claro, hay hitos fundamentales que han impactado en la comunidad científica cardiológica mundial y se han adoptado nuevos conceptos, técnicas, prácticas, diagnósticos… — ¿Cuáles son hitos más importantes en la cardiología? — Puedo hacer una lista de diez o más cosas, empezando con las unidades coronarias, en el año 60. Hasta ese momento, un paciente que tenía un infarto tenía una mortalidad de alrededor del 30 al 40 por ciento. Cuando Desmond Julian, un escocés, creó las unidades coronarias en el año 61, la mortalidad bajó al 12, 10 por ciento y quizás hoy es incluso menos. En Argentina, el doctor Carlos Bertolasi creó la primera unidad coronaria en el Hospital Argerich y, poco después, gracias a su gestión, también la unidad coronaria móvil. La unidad coronaria fue una de las claves de sobrevida de los pacientes cardíacos, explica el doctor Elizari — Hablando de longevidad… — Sí, todo esto ha tenido un impacto impresionante en la prolongación de la vida. Ahí ya empieza la historia. Después, hubo avances en la farmacología en esos años. Pero el otro hito fundamental y en el que Argentina tuvo un rol protagonista fue lo de René Favaloro. En el año 1967, cuando él estaba en la Cleveland Clinic, el bypass. Pero antes de esto, ya un tal Mason Stones, que estaba también en Cleveland, había empezado a realizar una práctica que fue fundamental para todo lo que vino después, que fue la coronariografía. El hecho de poder inyectar las arterias coronarias y ver cómo estaban. — Como una radiografía de contraste. — Claro, con substancias de contraste que permitían ver si una arteria estaba perfecta o semiocluida, u ocluída. Eso fue lo que le permitió a Favaloro conocer la anatomía coronaria y empezar a practicar la cirugía de bypass. Con lo cual también hubo un cambio radical, y un efecto en la sobrevida... — El bypass, decían, daba diez años de sobrevida, como mínimo. — Es así. Después vienen los stents, en los que Argentina también tuvo un papel preponderante. El primer stent se hizo en el año 1986. Eran stents rígidos, creados por un francés y un suizo. Pero después, Julio Palmaz, argentino, egresado de la Universidad de La Plata, diseña en Estados Unidos el nuevo stent expandible, con lo cual cambió la historia terriblemente, porque un paciente que tiene una angina de pecho crónica o sufre un evento coronario, hoy en día, si hay un buen diagnóstico inicial, va directamente a la coronariografía y detrás de eso, en el mismo momento, se hace el implante del stent. Los stents ahora son muy sofisticados porque liberan drogas que evita que se vuelva a ocluir. Porque después que se coloca el stent, hay una tendencia a la proliferación de un tejido que va ocluyendo de nuevo la arteria. Pero estos fármacos lo impiden o frenan. Es decir, pacientes que antes se morían o tenían que ir a la cirugía, hoy se les coloca un stent. La cirugía disminuyó mucho a partir del stent. Mauricio Rosenbaum (1921-2003) — Claro, porque el stent no requiere cirugía. — Se coloca a través de la arteria femoral, y ahora se usa la radial que tiene la ventaja de que el procedimiento es ambulatorio. Cuando era por la pierna, tenía que quedarse internado más tiempo. Además puede repetirse el procedimiento. Hay pacientes que tienen cuatro, seis y hasta ocho stents. Algunos pacientes han empezado con esto hace veinte, treinta años, para medir lo que implica en materia de sobrevida. — La misma cirugía cardíaca también ha evolucionado, ¿verdad? — Sí, la circulación extracorpórea ha sido fundamental para la cirugía cardíaca en general pero especialmente en los reemplazos o corrección de las válvulas cardíacas. Otro ejemplo, los cardiópatas congénitos tenían una sobrevida muy limitada. No sobrepasaban a veces la adolescencia. Hoy en día son adultos. Las cirugías correctivas se pueden hacer gracias a la circulación extracorpórea. Se puede abrir el corazón, reemplazar válvulas, o bien corregir los defectos que comunican una aurícula con la otra o un ventrículo con el otro. Son cardiopatías congénitas. Y hoy llegan a la edad adulta por lo cual ahora hay otra especialidad en cardiopatías congénitas del adulto. — Sigamos con los adelantos, que son fascinantes. — Bien, hay algo que ha ocurrido en los últimos años que está reemplazando la cirugía convencional que, como dije, se hacía con circulación extracorpórea y abriendo el tórax. Y hoy en día se hace por vía transcatéter. Esta válvula que usted ve acá (muestra una lámina de la disección de un corazón) en los adultos se fibrosa, se esclerosa, se calcifica y se cierra completamente. Hoy en día se llega por la arteria de la pierna, y después se coloca la válvula que reemplaza a la válvula enferma. Hay algunas que son autoexpandibles, o sea se colocan y solas se abren y ya está. Y esto se hace hasta en pacientes de 90 años o más. El doctor Elizari enumera los hitos de la cardiología — ¿Qué materiales se usan? — Se usan metales y material de origen animal. Son materiales absolutamente inertes por lo que no existe ningún rechazo. Esa cirugía se hace cuando el orificio de la válvula está muy cerrado. Todo por la acumulación de calcio. Estas válvulas primero se esclerosan, se endurecen. Después se calcifican y la calcificación va cerrando el orificio. Y por ahí pasa la sangre de todo el cuerpo. Esto ocurre en la válvula aórtica, fundamentalmente. La mitral también se calcifica siempre, pero esa no trae tantos problemas. El acrónimo de la cirugía de la aorta es TAVI, Transcateter Aortic Valve Implantation. Reemplazo por vía transcatéter de la válvula aórtica. Bueno, ya nos adelantamos mucho porque esto es de los últimos años. — Estábamos con los stents. — Otro avance importante en la cardiología fue la farmacoterapia. Empezando con los diuréticos, el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, después, la aparición de los antiagregantes plaquetarios. Cuando hay una lesión en un vaso sanguíneo, por ejemplo en una arteria coronaria, las plaquetas van al lugar donde existe una alteración y se acumulan en la superficie interna de la arteria con el riesgo de ocluirla. Lo que hacen los antiagregantes es impedir esto. Es lo que se llama accidente de placa. Se rompe la llamada capa íntima. A veces por un esfuerzo o un estrés emocional. El antiagregante evita precisamente eso. Antes los pacientes se morían porque no había drogas capaces de controlar eso. Hoy en día se prolonga varios años la vida de un paciente gracias a la farmacoterapia. — Las pastillas… — El corazón es una extraordinaria máquina electromecánica. Cualquier falla tanto eléctrica como mecánica significa la muerte del paciente. Las drogas antiarrítmicas van a corregir los trastornos eléctricos del corazón. Hay dos formas de controlar eso. Uno, con drogas antiarrítmicas, que han salvado muchas vidas. Porque antes de que se inventaran los cardiodefibriladores implantables, no teníamos nada más que drogas. En el año 70, con ese señor que está allí (señala el retrato de Rosenbaum en la biblioteca), descubrimos la amiodarona, que también fue un impacto mundial en ese momento. En el 73 publicamos el primer trabajo en el mundo sobre los efectos de esta droga, que es el mejor que existe. El retrato de Mauricio Rosenbaum en el consultorio de Elizari — ¿De dónde surge? — La amiodarona viene de una plantita que se llama ammi visnaga. Es curioso como tantas drogas usadas en medicina tienen origen en algún yuyo. La característica de esta droga es que tiene yodo en la molécula y es lo que le da su extraordinario efecto antiarrítmico. Pero también sus efectos secundarios o colaterales, que limitan un poco el uso, por eso está reservada para las peores condiciones cardíacas, es decir, un corazón con infartos, o con lesiones estructurales luego de una miocarditis u otras causas. En esas etapas finales del corazón en que hay muchas arritmias, no se puede dar ninguna otra droga que no sea amiodarona. En la arritmia se pierde el latido normal del corazón. Para tener una idea de la maravilla que es el corazón, esta cosita azul que se ve acá se llama nódulo sinusal (señala un dibujo de la disección del corazón). El puntito azul en el diagrama muestra el nódulo sinusal, la usina eléctrica del corazón, el "marcapasos natural" Es una usina que fabrica electricidad. Cada latido está generado por células que fabrican electricidad y que la conducen al resto del corazón por varios “cables” para que el corazón actúe mecánicamente. Si no hay electricidad, no hay latidos. Primero se va a activar la aurícula, va a enviar la sangre al ventrículo. Y una vez que pasó toda la sangre al ventrículo, el impulso eléctrico da la orden para su contracción. Eso en cada latido. Usted ahora debe haber tenido en su vida alrededor de un billón de latidos… — ¿Un billón? — Sí, más o menos. Yo tengo tres billones, seguro (ríe). Se puede hacer la cuenta. El día tiene 1440 minutos. Y tenemos alrededor de 70, 75 latidos por minuto. — Es impresionante. — Es una maravilla. El corazón es algo extraordinario. Y ya que estamos con las arritmias, viene el tema de los marcapasos, y de los desfibriladores. — Pero el marcapasos existe hace bastante tiempo, ¿no? — Sí, pero primero eran aparatos que había que llevarlos con un carro (ríe). — Como los primeros teléfonos moviles… — Y ahora es esto (muestra uno), es una unidad coronaria en ese artefacto. Diagnostica, hace terapias. Se coloca en el pecho y está conectado con cables que entran en el corazón por la vena cava superior. Un marcapasos. El tamaño se ha reducido considerablemente (iStock) — O sea, suple la electricidad que no le está dando el corazón por sí solo. — Esos “cables” son causa de lo que se llaman bloqueos cardíacos. Nuestra especialización en la cardiología, de nuestro grupo de trabajo, y de todos los libros que ve aquí, son los bloqueos cardíacos y el concepto de hemibloqueos. Todos nuestros libros tratan de estos trastornos. Algunos han sido traducidos al inglés y al italiano. — ¿Estos libros se usan en la facultad? — Sí, por supuesto. Ese probablemente sea el mejor libro en español sobre arritmias cardíacas que editamos con el doctor Pablo Chiale. El libro de Elizari y Chiale sobre arritmias cardíacas — ¿En base a qué funciona el marcapasos? — Tienen baterías. — Que duran bastante, imagino. — Sí, diez o doce años. Se controla el marcapasos periódicamente pero llega un momento en que el mismo aparatito indica que le quedan dos o tres meses de batería. Así que tanto las drogas como estos dispositivos significaron longevidad. Y a esto hay que agregarle, ahora, lo que se llama el cardiodesfibrilador implantable. — ¿Implantable? — Sí, porque... ¿cuál fue el gran progreso de la unidad coronaria? Que estaban los pacientes en un ámbito especial, donde había cardiodesfibriladores, monitores, personal especializado. Allí se hacía la cardioversión externa. O sea, un paciente que hacía un paro cardíaco, que generalmente es por fibrilación ventricular -la fibrilación es una actividad caótica del corazón que no permite la contracción normal, y ocasiona una detención circulatoria y la muerte del paciente-, entonces, como habrá visto mil veces en televisión, se efectúa el choque- eléctrico con las paletas sobre el tórax. Eso es la desfibrilación externa. — Como para que vuelva a arrancar. — Sí, produce un impacto eléctrico enorme en el corazón, se detiene absolutamente todo y lo hace reiniciar, resetear y se recupera el ritmo normal. Después se fue mejorando esto y ahora usted ve que en los aeropuertos y muchos otros lugares tiene que haber un aparato, que son los DEA famosos. Desfibriladores Externos Ambulatorios, y son inteligentes, de manera que los puede manejar cualquiera con un pequeño entrenamiento. El doctor Elizari sigue atendiendo en su consultorio y dando clases a los residentes del Hosptial Ramos Mejía — ¿También los implantan? — Eso lo descubrió en el año 80 Michel Mirowski, en el John Hopkins de Estados Unidos. Es un aparatito que, cuando se producen esas arritmias que matan al paciente, hace dos cosas. Puede primero hacer el diagnóstico y revertir una arritmia sin chocar, porque el choque del cardiodesfibrilador es como una patada de caballo en el pecho, es una descarga eléctrica muy violenta. Pero hay otras arritmias que el desfibrilador reconoce y trata. En vez de chocar, hace una sobreestimulación. Y eso también resetea el ritmo cardíaco. — La persona que tiene un desfibrilador, ¿tiene también un marcapasos? — No, es lo mismo, todo en uno, por eso digo que es como una unidad coronaria, si falla la conducción por un bloqueo, funciona como marcapasos. Si tiene una arritmia, funciona como sobreestimulación programada o como cardiodesfibrilador, que lo choca al paciente. Ahora, ese choque es muy molesto, y hay pacientes que tienen arritmias reiteradas. Eso los trastorna psíquicamente. Viven muy mal estos pacientes cuando tienen choques repetidos. En esos casos, el papel de las drogas es fundamental. Y en primer lugar la amiodarona, para evitar los choques. — Tengo entendido que usted, con Rosenbaum, mejoraron la lectura del electrocardiograma… — Sí, sí, nosotros fuimos electrocardiografistas por excelencia. Ahí hay un libro, que está en inglés, fue muy importante e impactó en todo el mundo, Frontiers of Cardiac Electrophysiology. Es famoso y conocido como “Fronteras”. Ahí está prácticamente todo lo que hemos hecho e invitamos a los mejores del mundo a participar en un simposio extraordinario, acá en el año 80, del cual salió este libro. Ahí no solo hablamos de la amiodarona, sino que hay más o menos diez temas originales, desde el punto de vista electrocardiográfico. Y todo eso fue aceptado en el mundo como aportes originales. Fronteras, el libro que contiene todos los aportes de Rosenbaum y Elizari — ¿Cómo es el tema del electro? — Se trata de facilitar el diagnóstico, no es que tenga un impacto directo, pero sí ayuda a una buena práctica. Es decir, hay cambios en la forma de las ondas del electrocardiograma con los que hay que tener cuidado en los diagnósticos. Pero hay otra cosa. En los últimos años se habla de canalopatías, que son enfermedades de tipo congénito y generalmente hereditarias. Hay una serie de síndromes, ¿no es cierto? El síndrome del QT largo, QT corto, la miocardiopatía hipertrófica, la fibrilación ventricular idiopática,etc, en fin, una serie de alteraciones que se dan a veces en corazones aparentemente normales, y de pronto un paro, una arritmia fatal… Cada célula tiene una serie de canales por donde entran y salen iones que son los que le dan su actividad eléctrica. — Es todo un tema eléctrico. — Sí. Entonces, si un paciente tiene un defecto en el canal de sodio, por ejemplo, que determina la actividad eléctrica de la célula, y eso combinado con la contracción, va a tener un trastorno. — ¿Y qué inventaron para eso? — Los estudios genéticos, simplemente. Las canalopatías se investigan a través de estudios genéticos, para saber si son de tipo familiar, para atender a la familia y prevenir eventos. Y ahí hubo un síndrome muy famoso descubierto en los 90 que se llama síndrome de Brugada. También se debe a un defecto en un canal, el canal de sodio, pero que afecta un lugar muy exquisito del corazón que se llama tracto de salida del ventrículo derecho, que es por donde va la sangre al pulmón. En relación a la causa del síndrome, Brugada mismo lo llama hipótesis de Buenos Aires, porque yo postulé que en la etapa del desarrollo embrionario, hay células que migran de la cresta neural, que tiene como función fundamental producir tejido nervioso, glándulas y piel, pero se les ocurrió meterse en el corazón, en ese lugar y generar una zona vulnerable. Otro de los grandes aportes de Rosenbaum, Elizari y equipo es el libro sobre los hemibloqueos — ¿No deberían estar ahí? — No, como originalmente son células de tipo nervioso, se tienen que adaptar a la zona donde llegaron, al miocardio. Se tienen que miocardializar. Bueno, en general lo hacen perfectamente y todos tenemos eso. Si usted no tiene el síndrome de Brugada es porque eso se hizo correctamente. Pero los que tienen el síndrome tienen riesgo de vida. Es la causa más frecuente de muerte súbita en personas jóvenes. La tasa mayor de mortalidad en este síndrome se produce en la década de los cuarenta. — ¿Cuarenta años? — Sí, porque ese defecto continuamente repercute sobre las células enfermándolas cada vez más, hasta que genera la arritmia que puede matar al paciente. — ¿Cómo puede usted saber que una persona...? — El electrocardiograma lo diagnostica. Cuando yo hice mi interpretación y planteé mi hipótesis, lo primero que vi es que el problema estaba localizado en esa zona. ¿Por qué lo supe? Por mirar el electrocardiograma. Por supuesto, no fui el único. Brugada también sabía que estaba por esa zona. En el electrocardiograma hay doce derivaciones, doce lugares distintos desde donde se mira el corazón, y eso se ve solamente en dos derivaciones en este síndrome,que son las que miran al tracto de salida. — ¿O sea que podría prevenirse? — Si llega a tener un episodio sincopal, se le coloca un cardiodesfibrilador implantable. — Pero si una persona a los treinta años se hace un electro y ven que tiene ese síndrome? — Tiene que empezar a cuidarse. — O sea que el electro dice muchísimo… — Sí, es el primer elemento que utiliza el cardiólogo para ver a un paciente. Ningún cardiólogo sin ver un electro puedo evaluar a alguien. Pero hay que saber leerlo. Otro tema que hace a la sobrevida es el de los coágulos, que por estos disfuncionamientos del ritmo se forman en la aurícula, pasan al ventrículo, de ahí a la aorta y de la aorta al cerebro, y producen el accidente cerebrovascular. Entonces, lo que se hace es anticoagular. Para evitar el accidente cerebral, primero hay que hacer el diagnóstico de fibrilación auricular. Así se han evitado accidentes cerebrales a montones. Digamos que es otro galardón para la cardiología y la farmacología. La versión en inglés de "Los Hemibloqueos" — ¿Cuántos años podemos decir que la cardiología le agregó a la esperanza de vida? Como mínimo diez, ¿no? — Por lo menos, promedio. Pero nos queda un gran tópico. El de la prevención. Estilo de vida, alimentación sana, no fumar, controlar la diabetes, la presión arterial, el colesterol y el estrés, todo lo que llamamos factores de riesgo. — ¿Cuándo debería una persona...? Usted me dice que hay patologías que se detectan con el electro. Pero por ahí una persona de veinte años no se le ocurre hacerse uno… — Mire, le voy a dar un dato interesante y no tan conocido. ¿Le suena miocarditis? Inflamación del corazón. Cualquier virus, de los muchos que circulan, puede producir inflamación en el corazón. Se da en un diez al quince por ciento de las virosis. Usted tiene una gripe, le duele la cabeza, los músculos, un poco de catarro y se pasa todo. Lo mismo pasa en el corazón con esas miocarditis. Si usted no hace un electrocardiograma en el momento o el paciente tiene un síntoma, no lo detecta. Pero el virus puede dejar pequeñas lesiones puntiformes. Cuando veo a pacientes con arritmias auriculares y ventriculares y tienen bien las coronarias, bien las válvulas y no tienen nada congénito, digo: ¿qué es lo que lesionó el músculo de la aurícula y el ventrículo? — ¿Puede haber sido un virus? — ¿Cuántas veces la gente tiene una virosis que pasa totalmente desapercibida? Hablamos incluso del sarampión, de la rubéola, de la papera, etcétera. Los que más miocarditis causan son los que producen gastroenterocolitis. Hay un estudio en Estados Unidos muy interesante hecho por pediatras sobre casos de chicos muertos súbitamente. Estudiaron anatomopatológicamente los corazones, y el 40% tenía miocarditis. Es brutal. Otro estudios en soldados muertos súbitamente en USA y en Israel mostraron altos porcentajes de miocarditis. — Tenían el corazón afectado por un virus. — Exactamente. Cuando vienen a mi consulta, les digo: ”Mire, el corazón es muy simple. Tenemos las arterias coronarias, las válvulas, el músculo y se terminó“. Entonces, si no tiene nada en las válvulas, nada en las coronarias, ¿qué enfermó el músculo? Tal vez tuvo una miocarditis sobrepasada. "Los hemibloqueos" también fue traducido al italiano — ¿Pero no quiere decir que si uno tiene un virus necesariamente le va a afectar el corazón, no? — No, no, por eso decía del 10 al 15 por ciento y de estos, solo un pequeño porcentaje tiene secuelas — ¿Sigue siendo buena la formación de los médicos en Argentina? — Creo que si. Aunque depende de los lugares en los que se han formado en el pregrado. En cardiología, muchos médicos obtienen su título de especialista en clínicas y hospitales privados, en la Sociedad Argentina de Cardiología, en la Federación Argentina de Cardiología, en la UBA y algunas universidades privadas. Los hospitales son los que mantienen todavía una educación más integral y menos sesgada. Hospitales como el Ramos Mejia por ejemplo, cuentan con equipamiento actualizado para realizar todas las prácticas cardiológicas y además de asistencia y docencia, investigación de singular excelencia. Este hospital es donde, con Rosenbaum y un selecto grupo de colaboradores se llevaron a cabo las investigaciones que le dieron fama mundial a los aportes de la Escuela Argentina de Electrocardiología. — ¿Es de gestión…? — Municipal. Yo fui médico municipal y me jubilé como tal. — Y su corazón doctor, ¿cómo está? — (ríe) Tengo un bloqueo de esta rama derecha, que es muy inocente, porque el sistema de cables que tenemos en el corazón es éste (muestra un esquema que él mismo hizo con plomo). Esta es la rama derecha y esta es la rama izquierda con sus dos divisiones. El modelado de los "cables" del corazón que Elizari, aficionado a la pesca, hizo con plomada, Ilustra la trifascicularidad del sistema de conducción cardíaco Una de las cosas que nosotros descubrimos es el concepto de la trifascicularidad del sistema de conducción cardíaco y el concepto de hemibloqueos, que fue lo que tuvo el mayor impacto en el mundo. Nuestros estudios de la anatomía, los bloqueos experimentales y los estudios clínicos permitieron explicar alteraciones del electrocardiograma hasta ese momento ignorados. Explicamos qué pasaba en el electrocardiograma cuando se corta una u otro fascículo de este sistema. Estos conceptos cambiaron toda la electrocardiografía de los trastornos de la conducción eléctrica del corazón. Desde el punto de vista electrocardiográfico, esto fue lo principal que hizo nuestra escuela. — ¿Antes no se leía de esa manera? — No se interpretaba para nada. Y estoy hablando del año 68, lo presentamos por primera vez en un congreso interamericano, en Perú. Y de ahí ya explotó, porque gente de Estados Unidos, lo invitaron a Rosenbaum inmediatamente para ir a la Universidad de Kentucky. Ahí estuvo como profesor invitado y dio conferencias por todo Estados Unidos. Después vino el impacto en Europa y lo mismo. Este concepto quedó firme en la cardiología. Por ejemplo, para colocar un marcapasos hoy en día, es necesario conocer la patología del sistema del sistema de conducción. — ¿Exportamos muchos cardiólogos? — Sí, sí, se van muchos. Mire, nosotros mandamos muchos. Teníamos contactos, tanto en Europa como en Estados Unidos, y nos gustaba mandarlos a los mejores centros, para que hicieran su experiencia perfeccionamiento. Yo mismo fui con esa idea en el año 70, a Indianápolis, y volví porque tenía el compromiso con mi maestro. Fui allá, aprendí la técnica de los microelectrodos, o sea, de registrar la actividad eléctrica de las células. Me traje el equipamiento y lo instalé en el Ramos Mejía. Luego hicimos nuestras investigaciones acá. Esa era mi misión. Pero de paso enseñé a disecar el corazón y estudiar el sistema de conducción. Después me invitaron en el 72 a Nueva York para lo mismo. FOTOS: Adrián Escandar
Ver noticia original