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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 30/11/2025 02:42
Luis Caputo encabezó las emisiones internacionales de deuda más importantes del ciclo 2016-2018, entre ellas la colocación récord de bonos en abril de 2016 y el “Bono Centenario” de 2017 (Foto: Reuters) Tras la victoria electoral oficialista en las elecciones de octubre y el repunte de las cotizaciones de los bonos soberanos argentinos el Ministerio de Economía, liderado por Luis Caputo, analiza en estos días distintas opciones para conseguir los dólares con los que hacer frente a los vencimientos de enero por USD 4.200 millones sin casi reservas en el Banco Central (BCRA) ni divisas en las cuentas del Tesoro. Entre ellas, la posibilidad de volver a los mercados internacionales por primera vez desde 2018 y que, en la historia reciente, resultó posible para la Argentina solo en ocasiones muy puntuales, como el breve período durante la presidencia de Mauricio Macri. Los antecedentes al respecto son pocos. En enero y marzo de 2005, bajo el empuje de una negociación política y financiera compleja, Argentina reestructuró cerca del 76% de los bonos que seguían en default desde la crisis de 2001, por un monto de alrededor de USD 82.000 millones. Aquel canje, ejecutado bajo ley extranjera en múltiples jurisdicciones y monedas, surgió como una salida urgente al aislamiento financiero. El objetivo principal fue regularizar la situación de mora y mostrar capacidad de instrumentar pagos ordenados, no generó fondos frescos. Ese año y el siguiente, la coyuntura internacional favoreció al país. El nivel del índice de riesgo país, que en los momentos más tensos de la cesación de pagos superó los 7.000 puntos básicos, inició un descenso progresivo. En 2006, el EMBI de Argentina cayó hasta 185 pb, situándose por debajo del de Brasil por un breve período. En 2006 el riesgo argentino tocó un mínimo histórico. 185 basis points y queda 5 basis points abajo de Brasil (Pazos) Según explicó Juan Manuel Pazos, economista de One618, ese año marcó un hito: “En 2006 el riesgo argentino tocó un mínimo histórico. 185 basis points y queda 5 basis points abajo de Brasil”. Esas condiciones facilitaron la emisión de Bonar 10 en 2007, aunque ese instrumento se encontró bajo ley local y no internacional, y no implicó una colocación global. A partir de entonces, la realidad interna complicó la situación de acceso al financiamiento. Pazos remarcó que después de 2007 “no hubo mucho más, empezaron los líos”. El gasto público escaló 55% hacia 2008, y la crisis doméstica se conjugó con el cambio en los precios internacionales y el contexto de crisis global. Néstor Kirchner y posteriormente Cristina Fernández de Kirchner no impulsaron nuevas emisiones de deuda bajo ley extranjera. Sí hubo ventas de bonos en pesos que adquirieron inversores no residentes, mientras el índice de riesgo país empezó a escalar nuevamente: En la primavera de 2008, el EMBI osciló entre 600 y 900 puntos básicos, y superó largamente los 2.000 pb ante la combinación del conflicto agropecuario, las restricciones crecientes y la nacionalización del sistema jubilatorio. El perfil de las operaciones varió recién una década después. En abril de 2016, Argentina volvió a asomarse al mercado internacional, tras destrabar el conflicto legal con los acreedores holdouts o “fondos buitre”. El equipo de Mauricio Macri colocó más de USD 16.000 millones en distintas monedas y plazos, incluyendo títulos a 5, 10 y 30 años con tasas del 4,625%, 6% y 6,95% anual, respectivamente. En ese momento, el riesgo país se ubicó cerca de los 450 puntos básicos, una cifra que reflejaba tanto oportunidades como limitaciones para un emisor emergente. Durante mayo y junio de ese año, el EMBI fluctuó en torno a 500 puntos básicos. A lo largo de 2016, el Tesoro realizó además otras emisiones menores y reabrió series previas, siempre bajo la presión de financiar el déficit fiscal y regularizar pasivos. En enero de 2017, la economía global vivió a mostrar cierto optimismo hacia los emergentes, reflejado en tasas de interés decrecientes para la región. Argentina emitió títulos tanto en euros como en dólares, por cerca de USD 7.000 millones equivalentes, y avanzó en marzo con ampliaciones sucesivas. El episodio más recordado de aquel ciclo ocurrió en junio de 2017, con la emisión del Bono Centenario, un título a 100 años por USD 2.750 millones y cupón de 7,125% anual. Durante estos meses, el índice de riesgo país se mantuvo en una franja de 380 a 450 puntos básicos, mientras de enero de 2016 a septiembre de 2017, según estimaciones de operadores, las colocaciones totales en los mercados internacionales sumaron cerca de USD 42.000 millones. El episodio más recordado de aquel ciclo ocurrió en junio de 2017, con la emisión del Bono Centenario, un título a 100 años por USD 2.750 millones y cupón de 7,125% anual Estos niveles se destacaron frente a períodos previos y permitieron acceder a tasas consideradas competitivas, aunque con riesgos subyacentes asociados a la permanencia de desequilibrios fiscales y cambiarios. En enero de 2018, tras la última colocación voluminosa, el riesgo país tocó un piso de 360 pb, el valor más bajo de la gestión iniciada en 2015. El Tesoro nacional logró emitir cerca de USD 9.000 millones en diferentes tramos y plazos, tanto en dólares como en euros. Desde mayo de ese año, sin embargo, la situación cambió abruptamente: el índice de riesgo país superó los 500 pb y ascendió a medida que creció la desconfianza en la sostenibilidad financiera local. La volatilidad del mercado financiero mundial, junto a problemas de competitividad y la falta de reservas sólidas, cerró de hecho el acceso del Estado argentino al financiamiento voluntario. Solo restó la negociación de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que implicó condiciones de ajuste y reconfiguración de vencimientos. Los mercados internacionales analizan el acceso de Argentina a nuevas colocaciones de deuda tras cambios en las condiciones locales y externas (Foto: Reuters) Juan Manuel Truppia, operador de renta fija, sintetizó la diferencia entre ese ciclo y el escenario actual: la Argentina de 2018 emitía sin urgencias inmediatas sino para aprovechar ventanas y sumar reservas, mientras que hoy la posibilidad de financiamiento externo aparece vinculada a la necesidad de cubrir vencimientos, en un contexto de mucha mayor incertidumbre. “No estás seguro de que va a ir afuera y le van a dar USD 5.000 millones. O una tasa como la gente. Obviamente, a alguna tasa hay plata, pero no quiere emitir a dos dígitos”. La Argentina de 2018 emitía sin urgencias inmediatas sino para aprovechar ventanas y sumar reservas, mientras que hoy la posibilidad de financiamiento externo aparece vinculada a la necesidad de cubrir vencimientos (Truppia) En la visión de Gabriel Caamaño, de la consultora Outlier, el costo financiero que enfrenta el Gobierno difiere de modo relevante frente a episodios anteriores. “Estás en peores condiciones objetivas dada la tasa externa que te piden, EMBI más tasa libre de riesgo. La explicación de por qué tiene razones externas (contexto externo) y propias (no terminaste de salir del CEPO y ni tenés un régimen monetario-cambiario que se pueda juzgar como algo distinto a una transición)”. El deterioro en las condiciones continuó hasta 2019, cuando una nueva crisis disparó el índice de riesgo país por encima de 2.000 pb y lo mantuvo en valores elevados durante la renegociación de la deuda tras las elecciones presidenciales de ese año. El acuerdo de 2020 supuso la reestructuración de los títulos bajo ley extranjera y la aparición de una nueva familia de “Globales” (GD29, GD30, entre otros), que desde entonces representan los títulos soberanos de referencia para el mercado internacional. Tras la finalización del canje de 2020, el EMBI retrocedió, pero permaneció en niveles de 1.100 a 1.200 pb, valores que se consideran altos dentro del universo emergente. Diferencia estructural con el pasado Juan Manuel Pazos remarcó otra diferencia estructural entre el ciclo actual y los anteriores: “A diferencia del Gobierno de Macri, el ajuste fiscal hoy está hecho, el ajuste externo no. A este tipo de cambio uno presume que no tenés déficit, pero no lo sabe: lo presume. Con las bandas de flotación estás apreciando el tipo de cambio y, con eso, en cualquier momento vuelve el déficit de cuenta corriente”. “A diferencia del Gobierno de Macri, el ajuste fiscal hoy está hecho, el ajuste externo no", dijo el economista Juan Manuel Pazos (Foto: Reuters) Pazos explicó que el acceso voluntario puede abrirse “si está la decisión de emitir, se puede hacer y se puede hacer a un dígito de tasa. La duda es si 6 meses después vas a seguir teniendo acceso al mercado o fue algo de una sola vez. Y, de nuevo, que tengas al mercado abierto cada vez que lo necesitás es mucho más importante que salir una sola ve. Y eso depende de que empieces a comprar reservas”. El país enfrenta desafíos internos ligados a la falta de un entorno cambiario y monetario estable, sin haber completado el proceso de salida de controles y regulaciones (Caamaño) En los últimos meses, el índice de riesgo país descendió de su máximo, que superó 3.000 pb al término del canje de 2020, hasta rondar actualmente los 650 pb. La mirada de los analistas y operadores apunta a esa variable como clave para que la próxima colocación internacional resulte sostenible. Gabriel Caamaño observa que el país enfrenta desafíos internos ligados a la falta de un entorno cambiario y monetario estable, sin haber completado el proceso de salida de controles y regulaciones.
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