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  • Los agentes del CNI asesinados en Irak, recordados en España y homenajeados en Bagdad

    » Diario Cordoba

    Fecha: 29/11/2025 19:44

    El 29 de noviembre de 2003, un convoy integrado por ocho agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) fue emboscado por insurgentes a la altura de Latifiya, en Irak. El grupo se había repartido en dos coches. Viajaban cuatro recién llegados que iban a sustituir a los otros cuatro. Tras los primeros tiros, algunos pudieron escapar, pero todos decidieron quedarse a proteger a los que ya estaban heridos. En una vaguada reseca se desarrolló aquella tragedia. Siete de los agentes, Alberto Martínez, Luis Ignacio Zanón, Carlos Baró, Alfonso Vega, José Carlos Rodríguez, José Ramón Merino y José Lucas Egea, perdieron la vida en el tiroteo; un octavo, José Manuel Sánchez, se salvó. El ataque, el peor episodio en la historia del servicio secreto español, tuvo lugar mes y medio después de que, en Bagdad, hubiera sido asesinato también a tiros un compañero suyo, José Antonio Bernal. Veintidós años después de aquel momento dramático, este sábado tanto el Ministerio de Defensa como el Ejército de Tierra han difundido en redes sociales mensajes de recuerdo. "Hoy nuestra memoria está con sus familias y compañeros, nunca olvidaremos su sacrificio", dice el homenaje del Ejército. Pero es un plano físico, no virtual, el que alberga los recuerdos más sobresalientes y, a la vez, íntimos. En la tarde del viernes dos actos cargados de emoción se han celebrado para recordar a las víctimas, casi simultáneamente, pero a 4.200 kilómetros de distancia, la que separa Madrid de Bagdad. En la sede principal del CNI, a la entrada noroeste de Madrid, en lo que los madrileños conocen como Cuesta de las Perdices, una pradera con un monumento rectangular de acero corten antecede a las puertas de diversos edificios en los que trabajan los miembros del centro allí destinados. En el monumento están fijadas nueve llamas esculpidas en metal, una por cada uno de los muertos mencionados, y una más por otros agentes que perdieron la vida "en secreto, al servicio de España", dice una placa. Ha sido en ese entorno donde ha tenido lugar el homenaje madrileño, en un acto en el que "se te pone la piel de gallina", relata a EL PERIÓDICO uno de los asistentes. La ceremonia se celebra cada año. Cuando se convoca, todo el mundo deja lo que anda haciendo y acude a la pradera en torno al monumento. Es un homenaje a los siete asesinados en Latifiya y al que mataron en Bagdad el 9 de octubre de aquel mismo 2003. Con todo el personal congregado en silencio, una compañera lee los nombres. Después, los asistentes entonan el canto 'La muerte no es el final', habitual desde hace unos años en los rituales fúnebres militares. Cuando se hace de nuevo el silencio, escuchan el himno de España y se acaba la ceremonia. En Bagdad El sol caía este viernes en el recinto del Centro de Apoyo Diplomático de Bagdad, donde fuerzas de diversos países entrenan a las unidades antiterroristas irakís, cuando un grupo de legionarios españoles organizó su propio acto de homenaje. Fue a la hora del arriado, cuando la formación escucha el cotidiano toque de oración. Esta vez, los legionarios, antes de entonar su himno del novio de la muerte, recordaron en posición de firmes a los agentes del CNI. Homenaje de legionarios españoles este viernes en Bagdad a los agentes del CNI asesinados en Irak en 2003. / SbT Raúl López Hernández Formaron los integrantes de Alfa India XXIII. Así se llama la última rotación de militares españoles llegados a Irak en la misión Inherent Resolve de apoyo a aquel país, en la que acaban de relevar a un contingente que ya ha vuelto a Ceuta. Los que actualmente desempeñan la misión habían arribado 24 horas antes desde Melilla, la ciudad en la que tiene base su unidad, el Tercio Gran Capitán de la Legión. "Estando en Irak, no podíamos dejar de rendir un pequeño homenaje a nuestros compañeros del CNI caídos aquí en acto de servicio", ha relatado el jefe de la misión, el general Pedro Erice, que fue amigo de Carlos Baró, uno de los asesinados. "Su sonrisa vino a recordarme por qué estoy aquí. Descanse en paz", ha dicho en X. Los ocho asesinados en Irak procedían de las Fuerzas Armadas cuando entraron en un Centro Nacional de Inteligencia que, en una etapa de baja moral de la plantilla, acaba de salir renovado de la espinosa etapa del CESID, el organismo que lo antecedió solo un año antes,. Por su condición de militares, hay recuerdos de estos agentes muertos en diversos acuartelamientos por los que pasaron, y también una placa en Bagdad. "No muere lo que no se olvida" "Siempre en nuestro recuerdo. Nuestro país no os olvida", dice el mensaje de homenaje que ha emitido en la mañana de este sábado el Ministerio de Defensa. El CNI tiene abierto un espacio permanente de homenaje no solo en su jardín, también en su web, y con el título "Nuestros héroes". Y reserva además para estos funcionarios un hueco principal, el primero, con el que se inicia la visita a una pequeña exposición en el centro, embrión quizá de un futuro museo del servicio secreto español. Allí hay un cuadro que modifica la foto que abre este artículo para integrar a Bernal en el grupo. Hoy, el hito histórico de aquella emboscada mortal empieza a ser desconocido para las más nuevas generaciones. En su día, ese mes y medio de atentados, poco después del 11S, poco antes del 11M y con el país sumido en la tensión por la guerra de Irak, suscitó una corriente de solidaridad en la que flotan pecios como una viñeta que dedicó a las víctimas el humorista Forges y un poema que les construyó Joaquín Sabina. Un agente de Madrid apunta: "Solemos recordarlos con el lema de que no muere lo que no se olvida". En la nómina del actual CNI todavía abundan los que conocieron a los ocho de Irak. La propia directora del centro, Esperanza Casteleiro, era su jefa de personal el día que los mataron. Abundan también en esa división de la Seguridad del Estado los que guardan impronta de aquellas fechas oscuras. Puede que la que más eriza la piel a los veteranos de un servicio que no se ve, ni se conoce ni desfila los 12 de octubre fue la reacción espontánea de los vecinos del barrio madrileño de Vista Alegre, donde se levanta el Gómez Ulla, Hospital Central de la Defensa. Cuando llegaron los féretros, caía una lluvia helada... y la gente se paraba en las aceras para aplaudir.

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