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Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 29/11/2025 18:00
Hay dirigentes que construyen poder a fuerza de discurso. Y hay otros que lo hacen en silencio, moviendo expedientes, manejando comisiones y administrando favores. Nancy Miranda está en el segundo grupo. Tres mandatos en el Senado, hoy vicepresidenta 2ª de la Cámara Alta entrerriana, presidenta de comisiones clave y con línea directa tanto con el PJ como con Rogelio Frigerio. Miranda no es una recién llegada al sistema, va por su tercer período y, según ella misma ha dicho, aspira a seis. Los cronistas del propio peronismo la describen como de “perfil autónomo” y “un tanto autoritario”, una forma elegante de decir que hace rato aprendió a jugar su propio juego. Desde la presidencia de Legislación General y de Peticiones y Milicias, por sus manos pasan proyectos que tocan nervios sensibles: reformas institucionales, régimen del servicio penitenciario, normas que rozan al Poder Judicial y a los organismos de control. El lujo de desoír al Congreso del PJ El primer gran salto del “equilibrio” de Miranda se vio con la reforma política que Rogelio Frigerio necesitaba para mostrar como trofeo de gestión. El Congreso del PJ había marcado una línea crítica, pero a la hora de votar la bancada peronista del Senado terminó garantizando la sanción de la ley casi sin debate. La crónica parlamentaria fue clara: el PJ votó a favor y Frigerio consiguió su reforma, con la sola excepción de la senadora Patricia Díaz, que se plantó en contra. Miranda no fue la excepción rebelde, fue parte de la mayoría que acompañó al gobernador, en una sesión exprés, a contramano del mandato político de su propio partido. Ese es el privilegio del poder real, mientras la militancia discute congresos, documentos y resoluciones, la senadora se reserva el derecho de decidir con quién acuerda en el recinto. OSER: abstenerse para que pase La segunda estación del equilibrio vino con la creación de la Obra Social de Entre Ríos (OSER), el proyecto de Frigerio para reemplazar al IOSPER. El dictamen en comisiones salió gracias a un detalle técnico, pero decisivo: en Legislación General el oficialismo no tenía mayoría y la abstención de Nancy Miranda, permitió el avance del proyecto. Más tarde, en el recinto, la misma senadora fue protagonista de la media sanción de OSER, habló, defendió su posición, y hasta dejó la frase que la perseguirá un tiempo: “No me vendí a Frigerio”, aclaró, mientras justificaba su “excelente vínculo” con el gobernador y explicaba que su rol legislativo “trasciende lo partidario”. Traducido: Miranda se para en el centro de la escena, deja que el PJ cargue con el costo de haber fracturado su bloque y, al mismo tiempo, se presenta como pieza de gobernabilidad para la Casa Gris. Un equilibrio perfecto… solo para ella. Mano rápida para sancionar a otros Ese margen de autonomía que se reserva para sí misma contrasta con la dureza con la que trata a otros peronistas. La misma senadora que se permite desoír el mandato del Congreso del PJ, levantar la mano para Frigerio y abstenerse cuando el oficialismo necesita un voto, es la que aparece del otro lado del mostrador cuando se trata de disciplinar hacia adentro, se la vio lista para acompañar la expulsión de dirigentes críticos como Gaillard o Domínguez, mientras se enarbola la bandera de la “lealtad partidaria”. La lógica es clara: para Miranda, el problema no es votar con el gobierno de turno, sino que otros se animen a decirlo en voz alta. Ella negocia, equilibra, administra silencios; los demás, si se salen del libreto, van a la hoguera. La arquitecta de los expedientes Hay otro costado menos visible, pero igual de importante. Desde la presidencia de Legislación General y de Peticiones y Milicias, y con un rol protagónico en los debates sobre cargos judiciales y reformas al Jurado de Enjuiciamiento y al Consejo de la Magistratura, Miranda tiene en su escritorio buena parte de los expedientes que ordenan –o desordenan– el mapa del poder judicial entrerriano. Nadie que siga la política provincial ignora que ahí se juega mucho más que una simple prolijidad administrativa: por esas comisiones pasan los pliegos, los dictámenes y las leyes que terminan definiendo quién juzga a quién y bajo qué reglas. No hace falta que aparezca en las fotos, alcanza con manejar la letra chica de cada dictamen. Tres mandatos de adaptación permanente El recorrido de Miranda por el poder provincial habla de una capacidad notable para adaptarse. Estuvo cuando el oficialismo era la maquinaria del PJ clásico; siguió cuando Laura Stratta ocupaba la vicegobernación y se sucedían designaciones y contratos que terminaron bajo la lupa en la causa de los contratos truchos; acompañó al bastión bahlista en los años en que la Legislatura era sinónimo de “festival” de nombramientos y pasantías. Hoy, con Frigerio en la Casa Gris, vuelve a encontrar su lugar en la fila de los indispensables. No se trata de una recién llegada que se equivocó de botón. Es una senadora que conoce cada rincón del Senado, cada atajo reglamentario, cada despacho clave. Y que aprendió que, en un sistema político en crisis, el verdadero capital no es la coherencia sino la capacidad de ser funcional a todos, sin romper con nadie. El equilibrio como privilegio Por eso se puede decir que Nancy Miranda no solo ejerce un “delgado equilibrio” entre el PJ, Michel y Frigerio: sino que vive de él. Se mueve en la frontera difusa entre oficialismo y oposición, reclama disciplina para los demás y se reserva libertad para sí misma; vota reformas estructurales del gobierno mientras conserva sellos, cargos y estructura peronista; habilita proyectos rechazados en la calle y, al mismo tiempo, se presenta como víctima potencial de una expulsión partidaria. Miranda es, en definitiva, el símbolo de una casta política que aprendió a surfear todas las olas sin perder la silla. Mientras la militancia se indigna, los trabajadores marchan por el IOSPER y el PJ se rompe discutiendo identidades, ella sigue ahí, en el centro de la garrocha, haciendo equilibrio sobre el vacío. Y quizá el problema no sea solo Miranda, el problema es un sistema que permite que una senadora acumule tanto poder en comisiones, votos clave y definiciones institucionales sin rendir cuentas más que a su propio instinto de supervivencia. Mientras eso no cambie, el “delgado equilibrio” seguirá siendo, para algunos pocos, un privilegio; y para el resto, una condena. #Confirmado Post Views: 24
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