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» Diario Cordoba
Fecha: 29/11/2025 15:50
Ha dicho Felipe González que Javier Lambán ha dejado en él una honda ausencia. En el homenaje al político aragonés en el Senado, ha hablado de esos fallecimientos que no son sólo pérdidas, sino ausencias -ese estado corpóreo de la falta-, para citar otra: la de Alfredo Pérez Rubalcaba. González reconoce que en su móvil sigue sin borrar no sólo sus contactos, sino hasta el último intercambio de texto que mantuvo con ellos. Hay algo suspendido de esas conversaciones que se quedan a medias con quienes ya no están, un vigor de palabras en el aire, como si acabaran de ser dichas. Entiendo la emoción porque a mí mismo me ocurre, y la poesía es, a veces, una forma de continuar esas conversaciones que han quedado pendientes. Escribes, en ocasiones, a quienes ya no están, todo lo que quisieras confiarles, e incluso crees saber o te imaginas todo lo que podrían responderte. Ahora que es tan fácil confrontar las declaraciones inmediatas de tantos políticos, con lo que dejaron dicho hace meses o muy pocos años, de Javier Lambán y de Alfredo Pérez Rubalcaba siguen sus discursos y sus entrevistas, esa hemeroteca que también regresa con su nuevo rigor interrumpido, con palabras que vienen del pasado a ofrecernos su verdad. Fue hermoso el homenaje porque se habló del hombre en el presente. Así, mientras Felipe González lamentaba su ausencia, ese íntimo desgarro, y celebraba su voz en el hoy, Alfonso Guerra y Javier Fernández reedificaban su discurso de entendimiento, diálogo y consenso, con una España que no se fragmente por la polarización y siga manteniendo su propio proyecto nacional. O sea: convivir en un marco común de seguridad jurídica. Parece ser que eso, para algunos, es hoy de un extremo conservadurismo: pero es lo que la izquierda histórica mantuvo en España desde Manuel Azaña a Blas de Otero. Invocar el Estado de Derecho, la igualdad ante la ley o el principio de legalidad puede acabar siendo, en la próxima estación del vaciamiento, no un valor democrático, sino el fascismo. Este mismo jueves, ingresaron en prisión Ábalos y Koldo, los hombres que iban con Pedro Sánchez dentro del Peugeot con que darían la vuelta a su caída por carretera y manta. Falta Super Santos Cerdán, llamado así por Zapatero. Resulta muy enternecedor, además de indignante, asistir a la tímida la rasgadura de vestimentas de los propios, cuando los critican, mientras se rompen las manos aplaudiendo al hombre que los hizo posibles. Sigue pendiente esa conversación con los valores que aún representa Javier Lambán dentro y fuera del teléfono de Felipe González. Cuando parecemos a un paso de perderlo todo, refundar el presente con legalidad y consenso no puede convertirse en un anacronismo. *Escritor
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