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» Diario Cordoba
Fecha: 29/11/2025 15:28
Suelo volar a Rabat, para asistir a Visa For Music, vía Casablanca desde Madrid, en un vuelo de esos que con tanta maestría (no es coña ni jabón) manejan los pilotos de Royal Air Maroc. Y cada año se repite la misma y gozosa escena, subrayada por una temperatura primaveral: en el exterior del aeropuerto, recién llegados de cualquier país africano, europeo o de otro continente, se arremolinan con aire de fiesta músicos, programadores, directores de festivales y periodistas esperando el traslado a la capital de Marruecos. Así que diríase que Visa For Music comienza en las terminales de llegadas. Luego, ya en Rabat, a los acreditados esperan un buen número de conciertos, 'showcases' de música electrónica, conferencias, presentaciones, talleres, reuniones, stands, exposiciones, encuentros y, si se tercia, y fuera de programa, alguna 'jam session' en un local en los que se puede beber alcohol y fumar como en las viejas películas. Visa For Music, feria-festival creado hace 12 años y dirigido por Brahim El Mazned es un acontecimiento tan interesante como necesario. No puedo hablar desde la perspectiva de los llamados profesionales de la música, pero converso habitualmente con algunos de ellos y la opinión es unánime: solo los encuentros entre los asistentes ya justifican la existencia de Visa. Luego están los conciertos, claro (los programadores no suelen ir a todos), que permiten tomar el pulso a la creación musical de prácticamente los cinco continentes (músicos residentes y artistas en la diáspora); creación incluida, en lo que, en taxonomía amplia, se ha convenido en llamar músicas del mundo. Y aquí conviene que el escuchador del norte deje olvidados en el avión los hábitos adquiridos, pues no toda la música que se muestra en Visa ha pasado por el filtro de un productor o una compañía de discos europea, americana o asiática. Con Visa, Rabat quiere ser la capital africana de la música en la sean posibles todos los diálogos culturales. Y lo está consiguiendo. Notable presencia de artistas femeninas En el programa de actuaciones de este año, desarrollado recientemente durante cuatro días de noviembre, conviene destacar una notable presencia de artistas femeninas, detalle no baladí y casi habitual en los escenarios del festival. Y la mirada a los países del África lusófona, a raíz del 50 aniversario de sus independencias. En el debe del balance final es obligado citar la endeble participación española, seleccionada por el Instituto Cervantes: El Niño Lord Cah, Sila Lua y Restinga. Lástima. Entre la abundante oferta global es difícil elegir y, sobre todo, establecer criterios de selección. Pero ahí van algunas apuestas para ir abriendo lo que sea que haya que abrir. Maura Delgado, por ejemplo, cantante de ascendencia caboverdiana residente en Massachusetts, alejada de los ritmos nacidos en su país de origen. Maura transita por los caminos de la negritud pasada por América. Tiene una voz hermosa, repleta de matices y armonías. Cantó solo acompañada por un excelente intérprete de guitarra acústica, pero con instrumentación tan escasa dio la medida de su lectura , muy personal, de las escrituras sonoras del jazz y del soul. Excelente. Maura Delgado, Cabo Verde en USA. / VISA FOR MUSIC También de nota estuvo el trío TTGS, abreviatura de TTOGANGS, de Corea (¿se entiende que del sur, verdad?), grupo en el que dos chicas llevan la voz cantante y extraordinariamente sonante. No es una formación al uso, pues parte de músicas tradicionales para internarse en la experimentación y crear una atractiva propuesta que bien podríamos definir como opererta pop . Y desde Nigeria , Bantu trajo a uno de los cuatro escenarios de Visa una sugestiva mixtura de highlife, afrobeat , jazz y electrónica. Una voz peculiar, unos vientos a todo trapo y... lamentablemente, un batería algo perdido en el laberinto del ritmo. Sami Galbi, Daby Touré... Sami Galbi, de origen helvético-marroquí, se reveló como la revitalización de músicas del Magreb como el châbi y el raï. Hombre orquesta, Sami, para entendernos, está más cerca de Soolking que de Khaled, por ejemplo, pero con la guitarra aporta a su cuscús sonoro un toque ácido. Visa For Music no olvida, por otra parte, a artistas que, aunque actualmente no estén en la palestra, dejaron en su momento una vistosa marca musical. Es el caso de Daby Touré, mauritano-senegalés, residente en Quebec, que hizo carrera con Peter Gabriel e intenta ahora revitalizar su trayectoria. Actuó solo con su guitarra, echo mano de viejas y nuevas canciones y demostró que no ha perdido la elegancia y el pulso sobre un escenario. Con un disco homónimo y reciente en la calle (tiene distribución en España). Kin’Gongo Kiniata, de la República Democrática del Congo desarrolló toda una tirada de música callejera de latido electro-punk, combinando instrumentos digamos profesionales con otros de creación propia, a través del reciclaje, en la línea de otras formaciones congoleñas. No en vano su nombre significa el sonido que aplasta. Salimos vivos, en cualquier caso. Kin’Gongolo Kiniata , de la República Democrática del Congo. / VISA FOR MUSIC Y más allá de lo contado, mis notas arrojan algunos otros nombres dignos de mención. Las poderosas guitarras de Sarab, por ejemplo, de Francia-Siria. El gospel sudafricano de Zalani Mahola & The Meminine Force (sobró el guiño a Shakira, pero...). Las armonías vocales de Telem Uncommon Sounds, de Sierra Leona; las variedades de la súper orquesta Tabanka Djazz, de Guinea-Bissau, esa clase de formación que es complicado ver en directo fuera de los clubes de sus países. Además, el colocón gnanui del marroquí Saad Tiouli, el folk-rockde Diese Mbangue (Camerún-Belgica) y el tajín musical de Omar & The Easter Power (Marruecos-Corea), donde el norte de África se encuentra con Asia. Y fue decepcionante que Jamila & The Other Heroes no diera el nivel artístico y suplierala carencia agarrándose al genocidio contra el que, por supuesto nosrebelamos.
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