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» Diario Cordoba
Fecha: 29/11/2025 15:27
La biografía de Mercè Romero (Reus, 1966) sería la base perfecta para una de esas historias de superación que tanto suelen gustar a quienes necesitan un atisbo de esperanza en tiempos oscuros. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona en 1989, aprobó las oposiciones en 1991 y desde entonces ha sido profesora de Lengua y Literatura castellana. Pero ahora, que le queda menos de un año para finiquitar su vida laboral y jubilarse, ha añadido una nueva línea a su 'curriculum vitae': escritora de la novela La voz en la maleza, publicada por Alba Editorial. El camino hasta ver su libro impreso no ha sido fácil. Además de la carga de trabajo que supone ser docente de instituto, también crio a cuatro hijos casi sin ayuda, así que durante décadas el tiempo material para escribir era escaso. Pese a todos los inconvenientes, Romero hacía talleres y si aparecía un tema que le conmovía, plasmaba sus inquietudes en el papel, llegasen a algún sitio o se quedasen en el cajón. Esa pulsión la llevó a componer la obra de teatro Entre dos mundos en 1995, basada en la experiencia de una de sus alumnas, a la que obligaron a casarse y mudarse a Tánger. No llegó a las librerías, pero le sirvió para dar rienda suelta a su necesidad de romper el silencio de los niños más indefensos. Ese fue también el germen de La voz en la maleza, un relato sobre la violación a menores dentro del ámbito familiar. "En el momento en que se destaparon casos de pederastia en la Iglesia, yo asistía a un curso de narrativa de la Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés y nos propusieron un ejercicio de atmósfera", comenta. Ella construyó una escena sacrílega en el interior de un confesionario, movida por su deseo de condenar esas agresiones sexuales. Patricia Capdevila, su profesora, le indicó que esa podría ser la semilla de una narración más larga. El proceso se dilató 15 años en los que cogía, soltaba y retomaba el manuscrito, aunque nunca perdió de vista su objetivo de publicarlo. Hasta que, en 2018, entró en juego Laura Gomara, una autora de informes de lectura que le dio una valoración muy elogiosa de su proyecto y le insufló una bocanada de ánimo para acabarla. Mercedes Abad también la empujó en el tramo final: "Se llevó cuatro páginas contadas y las presentó en un curso de verano de la Escuela de Escritores. La gente le preguntaba dónde podía conseguir esa novela, así que me animaba". También menciona (no quiere olvidar a nadie) como parte responsable de su logro a Olga Merino, docente del Ateneo que, junto a Abad, le enseñó técnicas narrativas, rigor lingüístico y todas las herramientas necesarias para cimentar una buena obra literaria. Sin embargo, la primera formadora narrativa de Romero fue su madre. "Siempre ha tenido una gran capacidad de explicar las cosas y ha cautivado a los que la han escuchado", sostiene. Era su progenitora quien les contaba los cuentos a ella y a su hermano de pequeños y hoy, con 81 años, "sigue con su habitual lucidez relatando historias con un lenguaje certero". Tras publicar su primer título, la reusense ya puede sacudirse el pudor al decir que es escritora, aunque no sabe hacia dónde se dirigirán sus próximos pasos: "Últimamente he ido a clases de Teresa Martín Taffarel. No descarto escribir otra novela, pero mi sueño sería publicar un poemario", afirma. Cuando se jubile tendrá, por fin, el tiempo que necesite para decidirlo.
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