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Concordia » Hora Digital
Fecha: 29/11/2025 14:04
La creación del horno microondas fue producto de un hallazgo fortuito de Percy Spencer, un hombre que superó una infancia difícil y sin educación formal completa para revolucionar la forma de cocinar. Percy Spencer quedó huérfano a muy temprana edad: su padre falleció cuando él tenía apenas 18 meses y su madre lo dejó al cuidado de sus tíos. A los siete años perdió también a uno de sus tutores, lo que lo llevó a abandonar la escuela primaria. Desde los 12 años trabajó largas jornadas en una fábrica de bobinas hasta que, a los 16, decidió unirse a la Marina de los Estados Unidos. Allí, gracias a su talento para la ingeniería eléctrica, participó en el desarrollo y producción de equipos de radar, un proyecto fundamental para los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, considerado el segundo más importante después del Proyecto Manhattan. La invención del horno microondas comenzó cuando Spencer, mientras trabajaba con magnetrones para radares, notó que la barra de chocolate que llevaba en el bolsillo se había derretido al estar cerca de un radar activo. Aunque otros ya habían observado efectos similares, Spencer fue el primero en investigar el fenómeno. Empezó a experimentar calentando distintos alimentos con microondas; su primer experimento intencional fue con granos de maíz, que se convirtieron en las primeras palomitas hechas con esta tecnología. Más tarde, intentó calentar un huevo dentro de una tetera modificada para dirigir las microondas, lo que provocó que el huevo explotara en su cara. Este accidente llevó a Spencer a patentar el primer horno microondas el 8 de octubre de 1945. El primer modelo comercial era enorme: medía aproximadamente 1,80 metros de alto, pesaba unos 340 kilos y costaba alrededor de 5.000 dólares. No fue hasta 1967 que apareció en el mercado un microondas más accesible y de tamaño razonable, con un precio de 495 dólares y diseñado para instalarse en alacenas. La historia de Spencer muestra cómo una situación incómoda o inesperada puede ser el origen de una gran innovación. Mientras muchas personas podrían haberse molestado por el derretimiento de una barra de chocolate en el pantalón, él vio una oportunidad para crear algo nuevo. Esta idea se conecta con un concepto hebreo: la palabra “mashber” significa tanto crisis como la silla de parto, simbolizando que una crisis es un punto de presión que da lugar a un nacimiento. Así, la experiencia de Spencer no fue solo una anécdota, sino un verdadero mashber, un momento en que una dificultad se transformó en el nacimiento de una invención que cambió el mundo. De esta manera, las incomodidades y errores que enfrentamos pueden ser el impulso para descubrir nuevas ideas y caminos. Al igual que Percy Spencer, cada “derretimiento” en nuestra vida puede convertirse en un invento inesperado que irradie luz y calor, transformando no solo nuestro entorno, sino también a nosotros mismos.
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