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  • La poesía como resistencia

    Concordia » El Heraldo

    Fecha: 29/11/2025 12:52

    Juan Gelman nació un tres de mayo de 1930 en Buenos Aires adonde llegaron sus padres refugiados Ucranianos que huyeron de la Unión soviética stalinista con pasaportes falsos, con el falso apellido Helmann que rápidamente se transformara en Gelman en la oficina de migraciones. Trajeron en sus valijas flacas, además los estragos y el horror de los programas, como lengua que hiere, como lenguaje calcinado que laceró el cuerpo, inscripto a fuego y sin palabras, pero resucitó en la musicalidad de la poesía de Pushkin que su hermano Boris declamaba y Juan disfrutaba sin entender una palabra, salvo que en la poesía había un don reparador. “¿Por qué de tus rostros vivos que recuerdo con tanta precisión únicamente una fotografía/Odesa 1915, tenés 18 años, estudiás Medicina, no hay de comer/ pero a tus mejillas habían subido dos manzanas(así me lo dijiste, árbol del hambre que da frutas)/ esas manzanas ¿tenían rojo del fuego del progrom que te tocaba/ ¿a los cinco años?/¿tu madre sacando en llamas a varios hermanitos?/¿ y muerta a tu hermanita?... recuerda en ese poema a la muerte de su madre como evidencias de las marcas de las llamas históricas del sufrimiento y la persecución(carta a mi madre 1984). Juan Gelman estudió en el Colegio nacional Buenos aires y a los 15 años se unió al Partido comunista donde conoció jóvenes con el que crearía el grupo literario “Pan duro”, que proponía una poesía unida a la acción política, que fue el signo de su vida. Militancia política, poesía y compromiso personal, fueron dimensiones distintas, pero siempre anudadas en su vida. Pasó por distintas opciones militantes, desde el comunismo, pasando por el guevarismo y las FAR, hasta Montoneros como forma de combatir tiranías y Dictaduras y contribuir a la creación de un mundo mejor, como decena de miles de jóvenes de una generación que lo dio todo para lograrlo. Gelman pagó caro el compromiso, tuvo que exiliarse de la Dictadura Genocida en el 76, los asesinos secuestraron, torturaron y desaparecieron a su hijo Marcelo de 20 años, secuestraron a su nuera llevada al Uruguay por el Plan Cóndor, ella estaba embarazada y dio a luz a su nieta, que fue apropiada por una familia Militar, y a la que recuperó gracias a su investigación y esfuerzos conmovedores. Pero estaba la poesía para decir el duelo, las ausencias y la tristeza. Para decir el desgarro de la barbarie y del exilio: “yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias. Extraño la callecita donde mataron a mi perro, y llore junto a su muerte y estoy pegado al empedrado con sangre, donde mi pero se murió, existo todavía a partir de eso, existo de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para tener nostalgia de eso. ¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos civiles y nuevas dictaduras militares, me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos, a mis compañeros, los torturaron, deshicieron los rompieron. Ninguno me sacó de la calle donde estoy llorando al lado de mi perro ¿qué dictadura militar podría hacerlo? ¿Y qué militar hijo de puta me sacara del gran amor de esos crepúsculos de mayo, donde el ave del ser se balancea ante la noche?”, dice en su libro sobre el exilio. Empuñó siempre la poesía como un arma de resistencia y como una necesidad para vivir, “Hay muchas definiciones sobre la poesía, José Emilio Pacheco dice que es la sombra de la memoria, un poeta norteamericano decía que es un modo de interrogar a Dios para que hable, para mí la poesía puede ser un árbol sin hojas que da sombra, pero no se puede definir la poesía, para mí es el lenguaje calcinado, último, es un modo de interrogar la realidad interrogándose, yo creo que no podría vivir sin ella…” (“Gelman y otras cuestiones”). El tema de la poesía es la poesía misma, decía, y por tanto puede hablar de cualquier tema, y también de política. La poesía es una resistencia y a la vez una esperanza frente al dolor, el espanto y la barbarie. No hace revoluciones, decía el genial escritor y periodista, pero enriquece a los lectores y le aporta sensibilidad, y los humaniza, y por eso la poesía-agrego- no puede no cambiar el mundo. Es extensísima la vida, la obra, la escritura y la militancia de Gelman como para agotarla en este breve homenaje, que solo añora la presencia de Juan Gelman, cuanta falta hace en este momento en el que las bombas del Imperio amenazan el Caribe, en el que el hambre, la violencia y la crueldad, arrecian contra los hombres, los viejos y los niños, en el que el hambre y el dolor son moneda corriente, provocados por la barbarie y la canalla, cuanto falta Gelman para que la poesía se levante como resistencia, de pie, contra la muerte. Ads Ads

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