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  • “Con lo que está pasando es como si volviéramos a la Edad Media”

    » Elterritorio

    Fecha: 29/11/2025 09:49

    La infectóloga Silvia González Ayala sostuvo que el sarampión, la tos convulsa y la poliomielitis son de riesgo para el país e instó a recuperar la confianza en las vacunas. sábado 29 de noviembre de 2025 | 4:00hs. González Ayala tiene amplia trayectoria en el ámbito de la salud. La caída de los índices de vacunación sigue siendo un tema central y de preocupación de la comunidad médica y científica nacional. Además, en un contexto de riesgo de reintroducción de enfermedades prevenibles por vacunas, el discurso de grupos antivacunas refuerza la desinformación y los miedos en torno a fármacos con alta evidencia científica y que salvaron millones de vidas alrededor del mundo. Distintas hechos sucedieron en los últimos días que ponen mucho más en riesgo la situación sanitaria de la Argentina: una familia uruguaya no vacunada e infectada con el virus del sarampión ingresó al país y recorrió varias provincias en distintos ómnibus; asimismo, la jornada antivacunas que impulsó el jueves una diputada del PRO en el Congreso de la Nación. Reconstruir la confianza social, trabajar en la accesibilidad a la inmunización y el compromiso de los profesionales de la salud en el consultorio para no propiciar oportunidades perdidas son esenciales en este camino que bien supo, en su momento, mantener fuera enfermedades que antes quitaban la vida a miles de personas. Sobre estas cuestiones El Territorio habló con la reconocida infectóloga y doctora en Medicina Silvia González Ayala. ¿Hay alguna vacuna que les preocupe más que tenga baja cobertura en el contexto que nos encontramos hoy? Sí, realmente por la situación global, lo que está pasando en países vecinos y lo que ya nos ocurrió a fines de enero es el sarampión, que es el componente de la vacuna triple viral: sarampión, rubéola, paperas. Tenemos que considerar que lo que muestran a nivel país los vacunados con la segunda dosis de la vacuna triple viral en el año 2024 -la segunda dosis se realizó entre los 5 años- fue el 46%. Esto es muy crítico porque la segunda dosis de la vacuna del sarampión es la que nos garantiza la inmunidad y esto no ha ocurrido. Pensemos para redondear que uno de cada dos niños no fue vacunado. Esto es terrible. Los números hablan de que justamente las segundas dosis o de refuerzo caen estrepitosamente… Así es. Con las vacunas que tienen más de dos dosis, tenemos como ejemplo la vacuna quíntuple o pentavalente que tiene un esquema de aplicación a los dos, cuatro, seis meses de vida y entre los 15 y 18 meses, que es cuando nos asegura la protección. Esta vacuna tiene el componente para la prevención de la tos convulsa, tiene el componente pertussis y estamos con cobertura alrededor del 80%. Pero tenemos que considerar que en el caso de esta de 100 vacunados solamente 80 van a estar protegidos por la eficacia vacunal. O sea, que de 100 vacunados ya nos quedan 20 que aún vacunados pueden enfermar, a eso tenemos que sumar los que no se vacunaron y esto realmente tiene un efecto bola de nieve. A la tos convulsa hay que vigilarla muy de cerca en las provincias que todavía no están informando casos. Tenemos epidemia en provincia de Buenos Aires, sobre todo en la zona del Gran Buenos Aires y también hay epidemia en la provincia de Tierra del Fuego con perfiles diferentes. Mientras en el caso de la provincia de Buenos Aires los que más se enferman son los niños pequeños, los menores de 2 años, aunque también hay casos en adultos y el miembros del equipo de salud; en Tierra del Fuego se están enfermando los adultos jóvenes, los que están en edad de ser padres, de 20 a 34 años. Son situaciones diferentes, pero que nos demuestran que la bacteria que produce la coqueluche, tos convulsa, tos ferina está circulando y son los adolescentes y los adultos jóvenes los que contagian a los más chiquitos. Hace poco supimos de esta familia que ingresó y anduvo en micro por varios lugares del país con sarampión. ¿Cómo se procede en esos casos? Ahí se necesita una alerta muy importante porque ya estamos en tiempo de que se presenten los primeros casos porque el período de incubación del sarampión son diez días y estas personas circularon el 13 y 14 de noviembre. Nos preocupa por los lugares, desconozco si realmente la alerta tuvo magnitud, que la gente sabe y, sobre todo, los miembros del equipo de salud en el primer nivel de atención. Desconozco también si a todos los pasajeros que viajaban en esos micros se los pudo contactar; ya lo que fueron las paradas para almorzar y cenar, eso escapa absolutamente. O sea, que la dispersión puede ser muy importante. Habíamos pedido, por lo menos con los periodistas que pudimos hablar, que le dieran mucha difusión al trayecto y los ómnibus para que los que fueron pasajeros puedan estar muy alertas. Acá se necesita el apoyo de la comunidad. Así que estamos en la tensa espera de ver qué es lo que sucede. Siempre se habla de la percepción de riesgo de los médicos más jóvenes que quizás no vieron casos de sarampión, pero ¿qué pasa en ese sentido con el ciudadano común? Pasa y sobre todo los adultos que de pronto tienen fiebre, tienen catarro, se automedican con un antifebril, un antipirético, un descongestivo. Pasan dos o tres días, después se brotan y a lo mejor concurre a la consulta, ya como nos pasó en la epidemia que había empezado en enero, y no piensan en sarampión. Y vuelve y sigue contagiando, fue lo que nos pasó de un señor que contagió al hijito, eso pasa. Estamos en 2025, los últimos médicos que vieron sarampión son de la última epidemia que fue en 97-98. O sea, que son casi 30 años sin que los miembros del equipo de salud tengan experiencia con el sarampión. Es como una enfermedad que se olvidó realmente porque no había casos y todo eso por la vacunación. Hay algo que es indiscutible y es el beneficio de la vacunación. Realmente esto que está pasando es como que nos estamos introduciendo en el túnel del tiempo y volvemos a la Edad Media. Porque realmente las posiciones de rechazo a las vacunas son para mí, y con todo respeto, absolutamente incomprensibles. Estamos como estamos y los grandes estamos vivos porque nos vacunaron. Algunos sobrevivimos al sarampión porque lo tuvimos antes del año 1971 cuando se introdujo la vacuna. Sarampión y tos convulsa son muy contagiosas, están contagiando a alrededor de quince personas que no están vacunadas. ¿Qué opinión le merece la jornada antivacunas que se hizo en el Congreso en este contexto particular? Eso es inadmisible. Es una vergüenza nacional realmente porque el Congreso sancionó la ley 27.491, que es la Ley de Vacunación que debe ser sostenida porque eso es vida y es calidad de vida para nuestra gente. Algunos canales de noticias tomaron esa actividad, mientras en paralelo en otra sala del Congreso de la Nación, había una actividad pro vacunas que había convocado el diputado por Tucumán Pablo Yedlin y sin embargo tomaron lo de los antivacunas. ¿Cómo se combate la desinformación entonces? Con el mano a mano. Considero que no hay que confrontar con los antivacunas, sino que en el mano a mano con esos padres jóvenes, con ese adulto que no se quiere vacunar, convencer sobre los beneficios. Vamos a mirar para dentro en los miembros del equipo de salud, los colegas no se están administrando la dosis de refuerzo de la vacuna para la prevención de la Covid-19. ¿Cuántos miembros del equipo de salud murieron por Covid en 2020 y 2021 antes de que tuviéramos la vacuna y pudiéramos completar el esquema? Se olvidaron de lo que decimos, que estamos vivos porque tuvimos la vacuna y ahora ya se rechaza la vacuna. Esto es inexplicable. A mediados de 2020 era el clamor por la vacuna. Hoy se rechaza la vacuna y la vacuna está en los puestos de vacunación. Lo mismo la vacuna para virus sincicial respiratorio que se administra a la gestante para que el recién nacido y el niño hasta los 6 meses de vida esté protegido de las formas de bronquiolitis grave. Las vacunas se vencieron el 31 de octubre, quedaron vacunas sin aplicar porque solamente se vacunó el 62% de las gestantes y tuvimos que lamentar muertes por bronquiolitis. Entonces, hay que trabajar mucho con el equipo de salud, con la comunidad. Las vacunas no se pueden vencer, las vacunas las pagamos todos, el Estado somos todos, las compra el pueblo argentino. Es un costo muy alto el que se paga, no sólo por las vidas sino también para la salud pública, ¿es así? Los gastos de internación, de cuidados intensivos, el lucro cesante de por lo menos un miembro de la familia, los costos en transporte. Son cifras muy importantes, somos pobres, no podemos darnos al lujo de descartar una vacuna porque se venció, la vacuna tiene que estar en el brazo de las personas y en el caso de los menores de un año en las piernas, en el muslo, la vacuna tiene que usarse. En otra enfermedad que está muy olvidada estamos categorizados por la Organización Panamericana de la Salud con muy alto riesgo para reintroducción de poliomielitis. Nosotros tuvimos el último caso en el año 1984, este retroceso es brutal. Estamos en un muy alto riesgo. ¿Qué mensaje les daría a estas personas como para que vuelvan a creer o a confiar en las vacunas? Que conversen con miembros del equipo de salud, ellos están vivos porque fueron vacunados, esto es central. No hay enfermedades porque las generaciones anteriores estuvieron muy bien vacunadas, por eso nos olvidamos de algunas enfermedades. Todo lo que se hizo en los 80, en los 90 y la primera década de este siglo, los resultados son los que tuvimos: enfermedades controladas, enfermedades eliminadas, las prevenibles por vacunación y ahora tenemos este retroceso. Hay que conversar, hay que tener empatía, más con los adultos mayores muy vulnerables para la Covid, para gripe, para las enfermedades infecciosas en general.

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