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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 29/11/2025 06:44
Donald Trump y Javier Milei El alineamiento del gobierno del presidente Javier Milei con los Estados Unidos e Israel ha originado una catarata de artículos y comentarios de periodistas y académicos especializados en política exterior que reciben especial atención en la actual coyuntura. Esas observaciones arreciaron después de los anuncios sobre la firma de un acuerdo de comercial y de inversiones para incrementar el intercambio y la implementación de un swap por USD 20.000 millones. Las evaluaciones hacen referencia a la problemática posición del país en un mundo calificado como multipolar con una potencia en ascenso convertida en poco tiempo en su principal socio comercial. Las apreciaciones enfatizan también el abandono de una “supuesta” tradición de mantenerse al margen de las posiciones de los hegemones de turno para aprovechar los intersticios de la competencia en aras de servir mejor los intereses nacionales. Sin embargo, estas argumentaciones parecieran no sustentarse en la historia: la política exterior ha sufrido importantes oscilaciones en consonancia con los cambios de orientación de los gobiernos que contextualizaron la inserción internacional como un apéndice de sus ambiciones las que explican los cuestionamientos de estos momentos. El imaginario encuentra su justificación en la neutralidad del presidente Hipólito Yrigoyen en la Primera Guerra Mundial o la declamada tercera posición del General Juan Domingo Perón para rechazar tanto el capitalismo liberal como el comunismo ofreciendo como alternativa un régimen corporativo. Durante la Segunda Guerra Mundial la supuesta “neutralidad” argentina extendida hasta 27 de marzo de 1945, días antes de la rendición, tuvo más su origen en las simpatías por los regímenes nazi y fascista de Alemania e Italia que provocaron el antagonismo con los Estados Unidos. El 23 de julio de 1950 el General Perón reiteró su política comunicando a las Naciones Unidas la negativa de participar en la guerra de Corea basándose en la “tradicional neutralidad del país en los conflictos externos”. En esa época el PBI de Argentina era equivalente al de Brasil. El presidente Arturo Frondizi fue el primer mandatario argentino en visitar los Estados Unidos, India, Tailandia y Japón en un intento de atraer inversiones extranjeras para el desarrollo industrial y energético compatibles con el “interés nacional” en un período caracterizado por graves conflictos internos por los condicionamientos de las fuerzas armada al acercamiento con Cuba y la Unión Soviética. Pocos años más tarde, en el marco de un recrudecimiento de la guerra fría, el gobierno de Arturo Illia enfatizando el carácter autónomo de su política exterior, acentuó su distanciamiento de los Estados Unidos al cancelar los contratos petroleros y rechazar la participación en la fuerza interamericana de paz propuesta por los Estados Unidos para cubrir su intervención en la República Dominicana. La política exterior argentina en los 70 tuvo un drástico viraje como consecuencia del ascendente de las organizaciones armadas bajo el influjo de Cuba y luego por el esoterismo del Ministro de Bienestar Social, José López Rega. La Argentina pasó sin boleto de vuelta del Libro Rojo de Mao Tse Tung al Libro Verde de Muammar Khadafi. La dictadura militar se embarcó en una descarnada represión contra la “subversión comunista” que la llevó a enfrentar la política de derechos humanos del gobierno de James Carter al mismo tiempo que quebró el bloqueo del comercio de granos impuesto a la Unión Soviética. La Guerra de las Malvinas enfrentó al país con Gran Bretaña, pero también con los Estados Unidos como miembros de la NATO mientras recibía el apoyo de Cuba. El gobierno de Raúl Alfonsín retomó la política autonómica del presidente Illia realzando su acercamiento al MPNA próximo a las posiciones de la Unión Soviética. Es recordado el entredicho con Ronald Reagan en la Casa Blanca en ocasión de la conferencia de prensa conjunta rechazando la intervención en Nicaragua, instando al diálogo y reclamando una solución al problema de la deuda externa de América Latina en marzo de 1985. En octubre de 1986, el presidente Alfonsín efectuó una gira por Europa que lo llevó a la Unión Soviética y culminó en La Habana con una entrevista con Fidel Castro el 18 de octubre de 1986. El Grupo de los 8 que dio origen al Grupo de Río constituyó una iniciativa para mediar en los problemas de América Central al margen de los Estados Unidos. La política exterior de los años 90 estuvo en función de la necesidad de encontrar una solución a la situación de endeudamiento externo. La participación de la Argentina con dos fragatas en apoyo a la coalición liderada por los Estados Unidos contra el régimen de Sadam Hussein constituyó una clara expresión en la búsqueda de una relación próxima con ese país, La disolución de la Unión Soviética permitió la expansión de la Unión Europea y una estrecha colaboración de los Estados Unidos con la República Popular China que duró hasta el ascenso de Xi Jinping. Durante el gobierno del presidente Néstor Kirchner la política exterior tuvo un dramático giro con el acercamiento al “Socialismo Siglo XXI”, declamado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y la República Popular China. El presidente Kirchner visitó Beijing en junio 2004 y Hu Jintao Buenos Aires en noviembre del mismo año dando origen a sucesivas visitas de alto nivel y múltiples acuerdos. La entonces presidenta Cristina Kirchner firmó con el presidente Xi Jinping el 18 de julio de 2014 un Acuerdo de Asociación Estratégica Integral para sellar la cooperación entre ambos países. En el 2009 el BCRA firmó el primer acuerdo swap con el PBC por 10.200 millones aumentado luego a 11.000 millones y finalmente a 20.000 millones. En octubre de 2023, a días de las elecciones, el entonces Ministro de Economía, Sergio Massa, acordó la liberación de 5000 millones del swap de China. El rechazo del ofrecimiento de negociar un acuerdo de libre comercio de las Américas en la Cumbre de Mar del Plata marcó un punto de inflexión en las relaciones con los Estados Unidos y el alineamiento con la RPC en política internacional identificado también por las coincidencias “doctrinarias” entre el PCC y el Partido Justicialista. Las últimas décadas indican que la política exterior ha estado condicionada por las urgencias de la situación doméstica. Desde la cuestionada neutralidad, la tercera posición, las intenciones de autonomía, el Libro Rojo o el Libro Verde, el desafío a la NATO, el alineamiento con los Estados Unidos o la identificación con Hugo Chávez y la RPC la Argentina ha visto limitada su capacidad de definir con coherencia su posición en el mundo. Este resultado no debería sorprender porque en la medida en que no existan coincidencias básicas sobre el futuro del país resulta imposible acordar principios de inserción internacional más allá del reclamo de soberanía de las Islas Malvinas e Islas adyacentes. En la actualidad, el PBI de Brasil es cuatro veces el de Argentina. El alineamiento del actual gobierno con los Estados Unidos e Israel constituye un intento de asociación para embarcarse en un programa de desarrollo basado en una economía de mercado y de inversiones de empresas nacionales y extranjeras. Las coincidencias básicas sobre el modelo de iniciativa privada abrirían nuevas posibilidades de crecimiento para una mayor y calificada inserción en el mercado internacional.
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