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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 29/11/2025 03:06
El niño se crió escuchando canciones de Juan Gabriel Nació y creció “en las calles del Barrio latino de Harlem”, en un departamento donde la música no era un pasatiempo: era el aire que se respiraba. Hijo de padres puertorriqueños que habían llegado a Nueva York en los años 60, pasó su infancia en East Harlem, también conocido como El Barrio, un territorio donde los ritmos caribeños convivían con el hip hop que sonaba en las esquinas. Desde pequeño escuchaba boleros, salsa y las canciones que su padre, guitarrista y cantante, ensayaba en casa. A él le debe sus primeras notas: “Me puse a cantar con papi y empecé a los 3 años, siempre cantando con papi”, recordaría décadas después. Hablar, en cambio, le costaba. “Yo era tartamudo, me costaba mucho mucho hasta hablar cuando niño. Cuando cantaba se me quitaba”. Aquella revelación —que su voz se liberaba al ritmo de una melodía— marcó su infancia más profundamente de lo que él mismo imaginó: “La música siempre fue mi santuario”, diría en una entrevista en la que recordó su infancia. Ese refugio se transformó también en un instrumento para enfrentar el mundo, como años más tarde sintetizaría: con ella aprendió a contar historias y luchar por lo que creía. De chico se crió escuchando a Juan Gabriel, cantautor mexicano considerado como uno de los músicos más influyentes de América Latina. “Me doy cuenta cada día lo que él tuvo que ver de quien soy”, confesó. Sin embargo, jamás pensó que cantaría en español: “Yo nací y me crié en Nueva York”, repetía, y la música latina —aunque siempre presente en casa— era para él algo ligado a sus padres, no a su identidad artística. Prefería el hip hop, el Motown y los sonidos urbanos. Su adolescencia transcurrió entre pequeños escenarios y el detrás de escena de un movimiento emergente: empezó como corista de los Latin Rascals, un grupo de freestyle popular en los años 80. Más tarde grabó house y dance junto al productor Louie Vega. Parecía encaminado a una carrera en inglés. Pero en 1992 ocurrió un episodio que lo cambiaría todo: manejaba por Manhattan cuando empezó a sonar “Hasta que te conocí”, en la voz de Juan Gabriel. Se detuvo, escuchó y —según su propio relato— “vi la luz”. Llamó a su mánager y pidió grabarla en versión salsa. Aquel cover inesperado lo colocó en un territorio nuevo, donde la tradición caribeña dialogaba con una sensibilidad pop y una interpretación visceral. De inmediato se convirtió en una revelación y abrió la puerta a su primer disco de salsa, Otra Nota (1993), un álbum que iniciaría una carrera destinada a romper récords y a convertirse en una de las voces más admiradas de la música latina. “Soy verdaderamente bendecido por tener la música en mi vida”, resume hoy. Respuesta: el niño de la foto es Marc Anthony
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