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  • De madera, de metal, en un contenedor marítimo y bajo el hielo: las iglesias de la Antártida que enseñan que la fe no conoce límites

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 29/11/2025 03:04

    Iglesia de la Santísima Trinidad en la isla Rey Jorge (Zakhar V. Akulov/Wikipedia) La Antártida, el único continente sin población nativa ni estructura estatal permanente, posee sin embargo una particular geografía de la fe. Diseminadas entre bases científicas, comunidades militares y civiles temporales, se erigen capillas e iglesias de diversas confesiones cristianas. Estas construcciones, en su mayoría modestas y adaptadas al clima polar, son más que un símbolo religioso: son una necesidad espiritual, un refugio emocional y, en algunos casos, un pedazo de patria y de historia. Aquí, un recorrido por los templos más emblemáticos del continente blanco, su origen, su administración, sus protagonistas y un futuro santo que dejó su huella en el confín del mundo. Capilla de San Francisco de Asís – Base Esperanza (Argentina). Fundada en 1976, esta pequeña capilla de madera pintada de blanco es considerada la primera iglesia católica de la Antártida. Ubicada en la Base Esperanza, al norte de la península antártica, no sólo destaca por su antigüedad, sino por el peso simbólico que carga. Fue en este templo donde se celebraron la primera boda religiosa y el primer bautismo del continente: el de Emilio Palma, el primer ser humano nacido en suelo antártico el 7 de enero de 1978. Administrada por el Comando Conjunto Antártico de las Fuerzas Armadas argentinas, la capilla está bajo la órbita del Obispado Castrense de Argentina. Funciona como espacio de misa, oración, contención espiritual y encuentro comunitario. Pero hay algo más que le otorga un carácter especial, casi trascendente: allí, en medio del silencio blanco y el rugido del viento polar, celebró misa el Siervo de Dios R. P. Tarsicio Rubin, sacerdote de la congregación de los Misioneros Scalabrinianos. Este religioso, hoy en proceso de canonización, dejó una huella profunda en la historia espiritual de Argentina y de la misión de la Iglesia en las periferias del mundo. Su presencia en la Base Esperanza y su liturgia en la capilla consolidaron el vínculo entre fe, misión y soberanía, en un territorio que no pertenece a nadie, pero que todos miran con interés. Durante el verano antártico, la base aloja a más de 60 personas, incluyendo familias y niños. En invierno, el número desciende, pero la capilla permanece activa, recordando que la dimensión espiritual no entra en hibernación. Capilla Santa María Reina de la Paz, situada en la Base Aerea Antártica Presidente Eduardo Frei Montalva, territorio chileno en el archipiélago Shettland del Sur, Isla Rey Jorge (Wikipedia) Capilla Santísima Virgen de Luján – Base Marambio (Argentina). Otro punto de anclaje espiritual argentino es la capilla de la Base Marambio, uno de los centros operativos más importantes del país en la Antártida. Dedicada a la Virgen de Luján, patrona nacional, esta capilla es más reciente, con una estructura metálica y funcional, construida para resistir las condiciones extremas. La base, con capacidad para albergar a cientos de personas en temporada alta, tiene un movimiento constante de científicos, técnicos y militares. La capilla, en ese contexto, ofrece no solo la posibilidad de participar en la misa, sino un espacio íntimo para la reflexión personal, la oración o simplemente el silencio. Aunque no se registran en esta capilla eventos tan icónicos como bodas o nacimientos, su presencia constante es una forma de enraizar lo trascendente en una rutina muchas veces despersonalizada. El hecho de poder entrar en un lugar sagrado, aún a 3.000 kilómetros de Buenos Aires, tiene un valor innegable para quienes están lejos de todo, incluso de sí mismos. Capilla de Nuestra Señora de las Nieves – Base Belgrano II (Argentina). Situada en una de las bases más australes del continente, esta capilla rompe todos los esquemas: no está construida sobre la superficie, sino bajo el hielo. Se accede a través de túneles cavados en la nieve, y su interior —revestido por paredes de hielo compacto— es probablemente uno de los espacios litúrgicos más surrealistas del planeta. La Capilla de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de las zonas gélidas, atiende a los miembros de la Base Belgrano II, quienes pasan meses sin ver la luz natural del día. La capilla no sólo cumple una función religiosa, sino psicológica: en la oscuridad perpetua, el espacio sagrado permite conectar con algo más grande que uno mismo. La base puede alojar hasta 100 personas en invierno. La capilla, entonces, se convierte en un espacio vital. La Arquidiócesis de Bahía Blanca, de la que depende eclesiásticamente esta zona, ha destacado en más de una ocasión la importancia de esta presencia pastoral. Como si hiciera falta recordarlo: la fe también habita en las profundidades del hielo. Capilla Santa María Reina de la Paz – Villa Las Estrellas (Chile). Del lado chileno, la Villa Las Estrellas es una de las pocas localidades de carácter semi-permanente en el continente. Tiene escuela, hospital, oficina postal… y una capilla. La Santa María Reina de la Paz es parte del alma de este asentamiento que combina población militar y civil. Construida en un módulo de contenedor marítimo adaptado, la capilla funciona bajo la supervisión del Obispado Castrense de Chile. Aquí se celebran misas, primeras comuniones, bautismos y otras ceremonias típicas de una comunidad más o menos estable. A diferencia de otras bases más científicas y técnicas, Villa Las Estrellas se parece más a un pequeño pueblo congelado en el tiempo. Durante el verano, la población ronda las 120 personas. En invierno, se reduce drásticamente. Sin embargo, la vida litúrgica continúa. El templo es una prolongación espiritual de la patria, una manera de decir que la fe también es parte de la soberanía y del arraigo cultural. Capilla de las Nieves (Chapel of the Snows), situada en la Estación McMurdo, la base más grande del continente, operada por Estados Unidos (Wikipedia) Iglesia de la Santísima Trinidad – Estación Bellingshausen (Rusia). En la isla Rey Jorge, no muy lejos de la base chilena, los rusos han edificado una de las iglesias más llamativas de la Antártida: una construcción de madera traída de Siberia, ensamblada pieza por pieza, y coronada con una cúpula en forma de cebolla, al más puro estilo ortodoxo ruso. La Iglesia de la Santísima Trinidad fue consagrada en 2004 por el Patriarcado de Moscú. Tiene capacidad para 30 personas y es atendida por sacerdotes que rotan anualmente. Más allá de lo estético, esta iglesia representa la profunda conexión entre espiritualidad y cultura rusa. En un continente sin iglesias ortodoxas hasta entonces, la presencia de esta estructura marcó un hito. El templo no sólo sirve a los rusos, sino que está abierto a otras nacionalidades ortodoxas presentes en la isla. Aquí también se han celebrado matrimonios, misas pascuales, vigilias de Navidad y hasta bendiciones de exploradores. Capilla San Volodímir – Base Vernadsky (Ucrania). Los ucranianos, no menos devotos que sus vecinos rusos, erigieron su propio templo en la Base Vernadsky, también ubicada en la isla Galíndez. Se trata de la Capilla de San Vladímir, construida en madera y consagrada por la Iglesia Ortodoxa Ucraniana. Aunque de menor tamaño que su contraparte rusa, esta capilla es una afirmación de identidad nacional, religiosa y cultural. Fue edificada en 2011 y se mantiene gracias al esfuerzo conjunto de la comunidad científica ucraniana, la Iglesia y el Gobierno. Su interior, decorado con iconografía bizantina, ofrece un ambiente cálido y acogedor, casi irreal en medio del paisaje gélido. La fe, una vez más, desafía al clima. Capilla de las Nieves – Estación McMurdo (Estados Unidos). Finalmente, la base más grande del continente, la Estación McMurdo —operada por Estados Unidos— también tiene su iglesia: la Chapel of the Snows. Fundada originalmente en 1956, fue reconstruida tras un incendio en 1978. Desde entonces, ha funcionado como templo interconfesional, abierto a católicos, protestantes y otros credos cristianos. Es administrada por capellanes militares y voluntarios que sirven durante las campañas de verano. Tiene una capacidad de 60 personas y ha sido escenario de bodas, servicios ecuménicos y misas navideñas. Curiosamente, en su interior pueden encontrarse Biblias junto a libros de ciencia, y un altar que coexiste con una pizarra de anuncios científicos. Y si bien algunos templos jalonan la blancura antártica, también hay cementerios en este continente; y si bien es el continente más deshabitado del planeta, existen al menos cuatro necrópolis reconocidas en el territorio antártico, silenciosos recordatorios de que incluso en los confines del mundo, la vida —y la muerte— siguen su curso. En la base búlgara de San Clemente de Ohrid, en la isla Livingston de las Islas Shetland del Sur, se encuentra la capilla de San Iván Rilskiy (St. Ivan Rilski Chapel) (Wikipedia) El más antiguo es el cementerio de la Isla Rey Jorge, cerca de la base chilena Frei y la estación rusa Bellingshausen. Data de la década de 1950, y contiene restos de científicos, militares y personal logístico fallecido en accidentes o por causas naturales. Allí reposan tumbas de diversas nacionalidades y algunos sitios son apenas marcados por cruces de madera o lápidas corroídas por el viento. En la Base Esperanza, Argentina mantiene un cementerio militar donde están sepultados algunos miembros de campañas antárticas que murieron cumpliendo funciones. Aunque no es de uso regular, se mantiene como lugar de respeto y conmemoración. En la isla Decepción, dentro del archipiélago de las Shetland del Sur, existe un pequeño cementerio británico donde están enterrados balleneros y exploradores del siglo XIX. También allí se han encontrado restos de antiguos refugios y cruces de hierro cubiertas por la nieve. Hasta el momento, no hay figuras históricamente famosas sepultadas en la Antártida, aunque cada tumba cuenta una historia de entrega, ciencia y sacrificio. Hablar de religión en la Antártida no es un capricho ni una curiosidad. Es una afirmación de humanidad. Donde hay personas, hay preguntas existenciales, necesidad de trascendencia, de consuelo, de comunidad. En un lugar tan inhóspito como el Polo Sur, esos templos —por más humildes que sean— son faros de calor espiritual. La presencia del Siervo de Dios R. P. Tarsicio Rubin en la Capilla de San Francisco de Asís, como pionero de la misa católica en el confín austral, es un testimonio potente del vínculo entre misión religiosa y dignidad humana. Su causa de canonización avanza, y no sería extraño que algún día se lo reconozca como el primer santo que celebró en la Antártida. Así, entre hielos eternos y cielos sin luna, la fe sigue viva. Porque incluso en el continente más frío del planeta, el alma humana —cuando se conecta con lo sagrado— no se congela jamás.

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