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Concordia » Lt15 Concordia
Fecha: 29/11/2025 00:00
En el judo, el equilibrio no depende únicamente de la fuerza, sino de la percepción exacta del centro de gravedad. Cada agarre, desplazamiento o proyección gira en torno a ese punto invisible que mantiene al cuerpo estable. El judoka que domina su propio centro y logra controlar el de su oponente tiene, según estudios de la Universidad de Tsukuba, el 80 % del combate ganado. La sensibilidad para detectar ese eje determina si una técnica fluye con naturalidad o termina en el tatami. En el judo, la lectura del equilibrio rival define la victoria. El centro de gravedad actúa como el núcleo silencioso de toda la mecánica del judo. Cuando un luchador adelanta el peso más de 10 grados, su estabilidad se reduce de forma drástica. Por eso los maestros repiten una máxima: quien domina el eje, domina la proyección. Las técnicas clásicas como seoi-nage u o-goshi dependen de captar el instante exacto en que el rival pierde el equilibrio y aprovecharlo con una rotación mínima de caderas. Los judocas interpretan cada impulso del oponente, y los jugadores que confían en casino 1xBet en vivo con crupieres reales las 24 horas buscan esa misma intuición para mantener su ventaja en partidas prolongadas. Control del eje y dominio del cuerpo Sentir el centro no se enseña: se despierta con horas de práctica y repetición constante. En cada sesión, los judokas realizan entre 80 y 100 ejercicios de balanceo y desplazamiento, muchos de ellos con los ojos cerrados, para fortalecer la conexión entre mente y cuerpo. Esa percepción interna del propio peso —capaz de detectar variaciones de apenas 2–3 grados en la inclinación— permite anticipar el movimiento del rival antes incluso de que comience. Principios esenciales para dominar el centro de gravedad: Postura baja y estable: reduce hasta un 40 % el riesgo de ser proyectado. Distribución del peso 60/40: mantiene un equilibrio dinámico que permite atacar sin perder base. Trabajo de caderas: punto de palanca presente en el 90 % de las técnicas de proyección. Dominar estos principios convierte cada instante sobre el tatami en una partida de ajedrez corporal, donde la intuición pesa tanto como la fuerza. Un error de solo 2 cm en la línea del eje puede decidir la victoria o la derrota. En torneos internacionales, los análisis biomecánicos muestran que los campeones mantienen su centro dentro de un margen de ±3 cm incluso durante las transiciones más rápidas, que duran menos de 0,4 segundos. Esa precisión explica por qué parecen inamovibles incluso bajo máxima presión. Fuente Diario Uno Entre Ríos
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