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Parana » 2 Florines
Fecha: 31/08/2025 16:00
Javier Martín, presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), advirtió que “en este 2025 ya no hay perspectiva de recuperación”. Reclama una política industrial que mejore la competitividad sistémica y les permita enfrentarse a la oleada importadora. Pide a Nación “un Estado eficiente”, no ausente. Por Nahuel Amore El dato que aportó esta semana Javier Martín, presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), resonó por todos lados. La provincia perdió unos 5.000 empleos formales, de los cuales 3.000 corresponden a sectores industriales, principalmente aquellos ligados al mercado interno que no repunta. En ese sentido, según describió a DOS FLORINES, la perspectiva tampoco es alentadora frente al estado de situación actual. “Tememos que ese proceso se acelere en el segundo semestre de este año y hacia 2026”, afirmó. El empresario analizó en detalle cómo las reglas de juego de la gestión de Javier Milei atentan contra las empresas que agregan valor. Si bien valoró el reordenamiento de las variables macro, especialmente la baja de la inflación, advirtió que la apertura económica y especialmente la llegada masiva de importaciones está destruyendo trabajo nacional. Para poder competir, insistió, es necesario primero mejorar la competitividad, primordialmente de las pequeñas y medianas empresas. En ese sentido, Martín reafirmó que la primera reforma necesaria es tributaria, apuntada sobre todo a aliviar los costos que soportan las empresas y que posibilite generar más empleo. Sobre este punto, coincidió con la urgencia de debatir una reforma laboral y combatir desde la legislación la creciente litigiosidad laboral. Al mismo tiempo, apuntó a dos condiciones indispensables: infraestructura que abarate la logística y financiamiento accesible de largo plazo. —Usted advirtió esta semana por la caída de la actividad y la pérdida de 3.000 empleos industriales en Santa Fe. ¿Es comparable con algún momento de la historia la actual crisis? —Es bastante similar a un proceso muy fuerte que vivimos en la década del 90, con un tipo de cambio muy apreciado y una moneda muy fuerte que abarató muchísimo las importaciones, además de una apertura importante, que generó una ola de importaciones y la sustitución de producción, sobre de bienes transables. Eso implicó directamente la pérdida de muchísimas pymes, sobre todo industriales. Después tuvimos un proceso similar, aunque quizás no tan fuerte porque fueron menos años, en 2017 y 2018. —Se refiere a la apertura económica del gobierno de Macri… —Sí, fue un proceso similar. La justificación de las autoridades de industria a nivel nacional era que las empresas que no pudieran enfrentar las importaciones, deberían reconvertirse. Pero nadie explicaba bien en qué reconvertirse y qué iba a pasar en ese proceso de destrucción de puestos de trabajo con la gente desocupada. Era un contexto recesivo en el que quien quedaba sin empleo en una industria, no tenía posibilidades de reinsertarse. En ese proceso se perdieron a nivel nacional más de 100.000 puestos de trabajo industriales. En Santa Fe pasamos entonces de 145.000 a 120.000 puestos de trabajo industriales. Perdimos más de 25.000 en la provincia. —Según esos números, la crisis en la industria durante la presidencia de Macri fue más fuerte que la de ahora. ¿O cree que la crisis actual se perfila para igualarla? —Éste es un proceso que va madurando. El 2024 fue un año muy difícil, complicado, con una pérdida de ventas a nivel generalizado en casi todas las industrias. La caída del empleo no tuvo un correlato directo porque la mayoría de las pymes hizo un gran esfuerzo por retener mano de obra, esperando una reversión del proceso y una reactivación de la economía. En el primer semestre de 2024, apuntaban al segundo semestre. Luego pensaban que en el primer semestre de 2025 iba a mejorar… —Las expectativas de mejora de los industriales se corren siempre hacia delante… —Según relevamiento, las expectativas de mejora de los sectores y de las empresas fueron mutando. En ese contexto, era normal que las empresas decidieran no desprenderse de gente frente a una expectativa de recuperación. Esa expectativa se va desvaneciendo. En el primer semestre del 2025 se recuperó en algo nuevo comparado con el año pasado que fue muy malo. Pero todavía estamos casi en 10% en general por debajo del 2022/2023. Estamos en un nivel inferior. Evidentemente, el plantel de gente, en muchos casos, se va readecuando y se hace de manera negociada, con los sindicatos, a través de planes de retiro, para que no existan conflictos sociales. Pero tememos que ese proceso se acelere en el segundo semestre de este año y yendo hacia 2026. —Avizoran un panorama todavía complejo… —En este 2025 ya no hay perspectiva de recuperación. En este momento, con las condiciones macroeconómicas como la tasa de interés, hacen que el crédito haya desaparecido. La reconstrucción de capital de trabajo es imposible. Hoy, el descubierto está en más de 100% anual, frente a un inflación de un 20%. Estamos pagando un 50% en dólares el costo del capital. No existe en ninguna parte del mundo. Evidentemente eso va a tener su impacto en el nivel de actividad. Sobre todo en las empresas que dependen del mercado interno. Lácteos Verónica es una de las empresas santafesinas en crisis. “Hoy no hay una política industrial” —¿Qué políticas hacen falta para la industria? ¿Y si cree que son compatibles con este tipo de gobiernos liberales? —Hoy no hay una política industrial. El mismo Presidente ha dicho varias veces que la mejor política industrial es no tenerla. Valoramos muchísimo que se haya logrado un orden macroeconómico y reducir significativamente la inflación, porque sienta las bases para una economía más ordenada, en la que se puede planificar. Eso libera muchas energías para construir en lugar de estar a la defensiva. —En eso coinciden con el gobierno… —Totalmente, por supuesto. Venimos de una inflación descontrolada, con un proceso de restricción de divisas importantísimo que llevó a sistemas de control que dificultaban muchísimo la continuidad de los procesos productivos porque no se sabía cuándo se aprobaban las importaciones. Veníamos de un proceso muy complicado y la industria en 2023 pasó un año muy difícil. Había cosas que reordenar urgente, ganara quien ganara. Ahora, el orden macroeconómico es necesario pero no suficiente porque son las bases. Si no construís columnas, paredes, techos, no tenés nada. En Argentina la macro está muy bien y lo reconocemos, pero hay que empezar a prestarle la atención al sector productivo. —¿Qué promueven desde Santa Fe para que la industria repunte? ¿Qué le piden a Milei? —Una línea fundamental es la necesidad de un Estado presente. No concordamos con la idea de que no tiene que haber Estado. El Estado tiene que estar cumpliendo un rol de conducción, de orden; que sea eficiente, no elefantiásico. Pero sí un Estado que brinde servicios básicos de calidad: seguridad, salud y educación. La industria, sin tener una buena educación técnica o la universidad pública, no va a tener el capital humano que necesita. La pelea hoy entre todos los países es por agregar valor, a través de la ciencia, la tecnología y la investigación; son todas cosas que se están destruyendo hoy en la Argentina. Tiene que haber organismos de ciencia, tecnología e innovación que ayuden a las pymes. Tenemos la posibilidad de generar un montón de conocimiento y para eso necesitamos un INTI, un INTA, un Conicet. Si han cometido errores, que se investigan, que se corrijan y se adopten las medidas necesarias, pero no que se destruyan los organismos. Cuatro dimensiones de la política industrial, el reclamo a Milei —¿Y qué políticas industriales concretas deberían ponerse en marcha? —Hoy necesitamos ser competitivos. En Argentina, la única manera de generar dólares para todas las importaciones o la gente que quiere viajar, es a través de las exportaciones. Las exportaciones tienen que aumentar en cantidad y en valor. Y la única manera de que aumenten en valor es generarle contenido. Y para eso necesitamos mejorar la competitividad sistémica. La mayoría de las industrias en Argentina invirtió muchísimo en nuevas tecnologías puertas adentro. Ahora, del portón de la fábrica hacia afuera tenemos cuatro grandes dimensiones que nos hacen tremendamente menos competitivos que el resto. —¿Impuestos? —Primero, el sistema tributario no promueve la incorporación de valor, la producción. Además, considerando el gran porcentaje de economía informal, genera que la carga efectiva sobre el sector que está en blanco sea muy superior a la carga nominal. Tenemos un peso de impuestos sobre la producción asfixiante, del 32 al 35% neto sobre todos los impuestos, sobre todo nacionales, algunos provinciales y tasas municipales también. En segundo lugar, la legislación laboral debe adecuarse porque tiene más de 50 años. —¿Coinciden con la necesidad de una reforma laboral? —Sí, totalmente. Tiene que ser una reforma inteligente, consensuada para que sea sostenible y que promueva la incorporación de nuevos trabajadores. La cantidad de trabajadores formales en la economía argentina es la misma de hace 14 años. Tenemos que reducir los costos laborales no salariales. No se trata de decir cómo pagamos menos sino cómo cobrar más. La gente tiene que cobrar más porque si no cobra, no hay mercado interno. Ahora, tenemos un montón de costos por fuera del salario que hacen que hoy contratar sea un dolor de cabeza. Un ejemplo concreto es la litigiosidad laboral. Hoy una pyme que enfrenta un juicio de $500.000 hoy por un diferendo laboral, demora tres o cuatro años y cuando sale la sentencia son $30 millones o $40 millones y pone en riesgo la vida de cualquier empresa pequeña. Tenemos que encontrar una solución porque si no la litigiosidad laboral se lleva puestas un montón de pequeñas empresas. —¿Qué proponen, por ejemplo, frente a las nuevas formas de trabajo? —Tenemos que incorporar mecanismos que permitan tener más flexibilidad en la organización del trabajo. Cuando se creó esta legislación, no existía Internet ni un montón de cosas. Tenemos que actualizarlo. Luego, los sindicatos, los empresarios y el Estado deberían estar en una mesa pensando cómo crear nuevos puestos de trabajo. Hoy, frente a la dificultad que significa enfrentar un juicio, mucha gente dice “no me voy a meter ese dolor de cabeza, me quedo como estoy”. Eso lo tenemos que trabajar. —¿Qué otras políticas consideran clave? —La infraestructura. Los costos de logística en Argentina son tremendamente elevados. Transportamos todo por camión y caro. Necesitamos mejorar la infraestructura vial para que los fletes cuesten menos, sacarle impuestos a los combustibles para que salga más barato y después fomentar el uso del tren y de la hidrovía, que nos ahorraría un montón de costos de logística. —¿Y la cuarta dimensión? —Financiamiento. En todo el mundo, si uno quiere montar una nueva planta o incrementar producción, tiene disponibles créditos para el sector productivo a largo plazo a tasas razonables. Hoy en Argentina no tenemos créditos. Las casas o un auto se compran al contado y lo que te financian es la compra del televisor o un lavarropa, cuando debería ser al revés. Para un empresario que necesita incorporar una línea de maquinaria, tiene que pasar en un préstamo a cinco años como mínimo. Esas cuatro grandes áreas tienen que trabajarse. Competir en igualdad de condiciones —Con esas mejoras, ¿estarían en condiciones de competir? —No tenemos problemas en competir con el resto del mundo, pero la industria sólo es recontra competitiva puertas adentro. Es como un corredor de maratón súper entrenado, pero cuando va a correr le ponen una mochila con 50 kilos de piedra de la espalda. Así no va a ganar ninguna carrera. Eso sentimos. Tenemos que trabajar en esos costos porque si no después no podemos ganar en un mercado, si en esas cuatro dimensiones no corregimos las simetrías que tenemos en la Argentina. Va a llevar tiempo. Si abrimos la importación hoy sin haber corregido eso, es seguro que nos van a quedar un montón de empresas en el camino. Para trabajar esas cuatro cosas, el Estado tiene que tener un rol conductor y generar políticas. Hoy el Estado no se está ocupando de nada de eso e incluso está destruyendo los organismos que deberían ocuparse. Acaban de cerrar las Secretarías de Industria y de las Pequeñas y Medianas Empresas, que deberían estar generando las políticas para corregir esos problemas. A su vez, nos quedamos sin interlocutores para escuchar las propuestas. No nos quejamos, somos propositivos. —¿Estaría de acuerdo hoy con una devaluación para mejorar la competitividad? —El tipo de cambio es evidentemente uno de los factores que genera competitividad. Si fuésemos un país súper exportador, tendríamos un tipo de cambio apreciado porque entrarían muchísimos más dólares de los que se gastan para importar. Pero estamos en una situación artificial con un dólar bajo que complica muchísimo al que quiere exportar y facilita las importaciones. ¿Se resuelve todo con un dólar más alto? No. Ayuda mucho. Pero si no trabajamos en los otros factores que generarían competitividad en el largo plazo, con solamente un dólar alto no alcanza.
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