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  • El milenio neoliberal

    Parana » AIM Digital

    Fecha: 31/08/2025 15:45

    Jesús González Maestro es un profesor universitario español autor de los tres gruesos volúmenes de la "Crítica de la Razón Literaria", con los que considera, a los 50 años, haber hecho todo lo que debía hacer en la vida. González Maestro es un discípulo de la escuela del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, de donde obtiene puntos de apoyo para lanzar opiniones, algunas muy polémicas, siempre agudas. Por ejemplo, ésta: "Los ricos no tienen ideología, tienen dinero. La ideología es la emoción de los pobres; los ricos les ofrecen muchas para que elijan aquella con la que se sienten más felices y no den la lata con tanta libertad. La libertad es la que quieren los mercaderes para mercadear libremente". La ideología como instrumento para mantener entretenidos, resignados, esperanzados y hasta contentos a los pobres es un resultado de importancia al que González Maestro no llegó solo. En la Argentina asistimos a un régimen ultraliberal que justifica y hasta se pone feliz con el sufrimiento popular porque pretende que anuncia el porvenir: es un trago de aceite de ricino aceptado en la convicción de que será el remedio purificador y liberador. Pero reaparecen hechos que deberían inducir dudas en los no tan convencidos, como aquellos acontecimientos precedidos por promesas de que no habría defraudación si había seguimiento. El ciclo neoliberal no es nuevo en la Argentina: lo sufrió la población en la década de los años 30 del siglo XX, luego durante el "Proceso"; con el menemismo; con el delarruísmo y ahora recrudecido, acelerado, empeorado. El economista ruso Nicolás Kontratiev dijo hace más de un siglo que las economías no solo crecen y se contraen en ciclos cortos, sino también en ondas largas que reflejan transformaciones estructurales del sistema. Los argentinos han sufrido los ciclos cortos ("dónde hay un mango, viejo Gómez", según la letra del tango de Ivo Pelay en 1933); pero la decadencia que parece acelerarse es compatible con la "onda larga" de Kontratiev, que no es solo argentina sino que la padece todo el occidente y en particular, Europa. El turno neoliberal actual es la versión corregida y aumentada de los turnos liberales pasados, a los que se agrega ahora una repulsa teórica al Estado que la política no puede plasmar en los hechos; también por los derechos laborales y sociales y por la soberanía argentina, que insólitamente incluye el desprecio por símbolos nacionales. Como se trata de una repetición de fórmulas ya aplicadas, la novedad está en el contenido: ahora se usa un lenguaje deliberadamente agresivo y grosero para referirse a los adversarios de cualquier índole. Frente al lenguaje actual, "para los adversarios ni justicia", o "por cada uno de los nuestros que caiga caerán cinco de los ellos", de Perón en sus últimos días en el poder en 1955, parecen expresiones cultas. El "libertarismo" en el gobierno no es un fenómeno exclusivamente argentino. Hay en todo occidente una aversión contra los regímenes vigentes, que no pueden sostener los Estados de bienestar que tuvieron la intención de desalentar el crecimiento del comunismo mientras existió la Unión Soviética. En la Argentina, y también en buena parte de occidente, el vacío político, el hartazgo, la desilusión, la sed de revancha, el desengaño, impulsaron a los pobres y a los empobrecidos a adherir a propuestas que retomaban promesas viejas que ellos no escucharon por razones de edad y porque en el interín se produjo la gran derrota del socialismo, que cortó una tradición de luchas. La política argentina populista se volvió cada vez más tibia, más encerrada en la institucionalidad vacía, más paralítica, más alejada de sus antiguas banderas, menos dispuesta a cumplir promesas y más a exhibir sin pudicia los frutos de la corrupción. Esa fue la "casta" señalable como responsable de los males, que bastaba derrocar para instaurar el milenio de prosperidad bajo el reino del mercado. Los profetas milenaristas religiosos del pasado no tuvieron buen final, y sobre todo nunca hubo nada parecido al cumplimiento de sus promesas. Un ejemplo estremecedor fue el rabino Sabbatai Zevi en el imperio otomano en el siglo XVII, aclamado por los judíos como el Mesías esperado, pero que terminó convirtiéndose al Islam. En la iglesia antigua Irineo de Lyon, Justino Mártir, Tertuliano, Agustín de Hipona en sus comienzos y el hereje Montano, entre muchos otros, confiaron en una transformación de la sociedad que instaurara un milenio de prosperidad. Más tarde, la iglesia cambió de opinión. El catecismo advierte sobre "el engaño del Anticristo", "que comenzará a tomar forma cada vez que se pretenda realizar en la historia aquella esperanza mesiánica que sólo puede realizarse más allá de la historia mediante el juicio escatológico". La Iglesia ha rechazado incluso formas modificadas de esta falsificación del reino futuro bajo el nombre de milenarismo, especialmente la forma política intrínsecamente perversa de "un mesianismo secular". Con "perversidad intrínseca", es decir, esencial, irrevocable, el catecismo quiere caracterizar al comunismo; la fórmula pertenece al papa Pío IX, al que las convulsiones revolucionarias de su tiempo obligaron a vivir con el Jesús en la boca. Mientras para algunos seguidores del libertarismo los tiempos de plenitud del libre mercado todavía están en preparación, para otros, como la diputada Marcela Pagano, parecen haber abortado antes de nacer. En tono de catástrofe, Pagano, que era periodista televisiva antes de asumir como legisladora, pronostica el hundimiento de Milei si no cambia el rumbo. "Lo están llevando al abismo", dijo en una carta abierta con referencia a su núcleo de funcionarios más cercanos y advirtió mirando de reojo la salida: "no quiero ser cómplice de lo que viene". La era liberal naciente afronta dificultades de tal índole que hasta sus parteras se están alejando, quizá porque no ven lo que querrían ver o porque los que elevaron al gobierno a los candidatos libertarios sienten llegada a hora de librarlos a su suerte cuando ya les dio todo lo que podía darles. O será quizá, como dijo González Maestro, porque los ricos dejan la ideología para elección y consuelo de los pobres mientras gozan de su dinero. En este milenio, o por lo menos mientras dure la bonanza, ellos quieren libertad para mercadear y proponen las ideas para los que saben consolarse cubileteando con ellas. De la Redacción de AIM.

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