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» El Ciudadano
Fecha: 31/08/2025 12:46
El 31 de agosto de 1999, 65 personas murieron y más de 30 resultaron heridos en el accidente aéreo fatal de Líneas Aéreas Privadas Argentinas (LAPA) cuando un avión, con destino a Córdoba, quiso despegar, pero siguió de largo y se estrelló contra Punta Carrasco. A 26 años del caso que dejó huellos imborrables, la agencia Noticias Argentinas dialogó con el ingeniero Benjamín Buteler, uno de los pasajeros que fue rescatado de la aeronave. Aquel martes, Buteler se subió al vuelo 3142 de LAPA para regresar a Córdoba luego de mantener reuniones con empresarios en Buenos Aires. Fueron tan solo 10 segundos. El caos se desató instantes posteriores de que el piloto haya comunicado que iba a comenzar el despegue. Durante la operación, la aeronave no levantó vuelo y continuó su carrera más allá de los límites del aeropuerto, atravesó la Avenida Costanera Rafael Obligado, arrastró a un auto que estaba circulando, para finalmente chocar contra unas máquinas viales, un terraplén y una planta reguladora de gas. Por el hecho, pasajeros, los pilotos y tripulantes de cabina murieron, mientras que otras personas lograron sobrevivir, pero con secuelas que duran de por vida. Uno es el caso de Benjamín Buteler quien, producto del accidente, le debieron amputar las dos piernas y uno de sus brazos no tiene movilidad. “La ‘pucha’ 26 años. Es ahí donde te das cuenta cuanta vida ha pasado desde ese momento que, sin duda, para los que estuvimos arriba de ese avión y tuvimos la fortuna de sobrevivir, te muestra cuánto pasó de ese punto de inflexión. Fue un antes y un después”, expresó el ingeniero. Buteler es el sobreviviente con mayores secuelas tuvo por el hecho y en conversación con NA contó que el siniestro le cambió la vida físicamente: “Fue un proceso, fue cruzar el desierto. Pero bueno, estoy feliz. Yo creo que lo primero es que uno tiene que amar la vida, porque uno se da cuenta de que hay que amar la vida en ese momento, después de todo ese proceso”. “Yo digo que sobreviví a un accidente aéreo y obviamente que esa historia tiene una espectacularidad, pero no quita que es un hecho que en definitiva uno vivió, sobre todo cuando uno es más joven, cuando cree que la vida es larguísima, pero en realidad te muestra que es tan frágil que en un segundo la perdes”, expuso. “Me subí al avión equivocado. Diez segundos fueron suficientes para cambiar la vida de 65 personas que murieron y de 35 que sobrevivimos”, añadió. El ingeniero relató que tiene cinco hijos, todos nacieron antes del caso, y que gracias a “vivir la vida” puede ahora disfrutar de sus nietos y hasta llevar a una de sus hijas hasta el altar en pocas semanas: “A pesar de tanto dolor, la vida te recompensa”. Buteler estuvo un mes en terapia intensiva del Hospital Alemán y después lo pasaron a un cuarto común. Fueron siete meses en Buenos Aires y después en Córdoba, cuando lo trasladaron en un avión sanitario, estuvo otros cinco meses más internado. “La primera pierna me la amputaron en Buenos Aires, la segunda en Córdoba, y después tuve una tercera amputación hace tres años”, contó, además de señalar que uno de sus brazos lo tiene totalmente inmovilizado. En este sentido, explicó que, pese a que ya pasaron 26 años, su proceso de recuperación continúa: “Esto es día a día. Hoy te digo que estoy bien, mañana no lo sé”. “Era fanático de la pesca de trucha y ahora es imposible, pero no puedo vivir mi vida diciendo que ‘no puedo’, sino que hay que explorar todo aquello que uno nunca hizo y eso depende de cómo te posicionas ante la situación”, sumó. Al ser consultado sobre el momento en el que fue rescatado del avión por Mauricio Donkin, quien se encontraba por la zona cuando ocurrió el accidente, el ingeniero manifestó: “Lo pude conocer por los periodistas que cubrían el caso y nunca dejé de agradecerle”. “Por más que hace mucho no hablamos y nos vemos, hay un nexo que nos une. Él salvó mi vida y la de otros. Él nunca pensó que podía llegar a morir y eso lo distingue de cualquier persona”, opinó. Responsabilidades y juicio Con el avance de la pesquisa, la Junta Investigadora determinó que la causa inmediata del accidente fue que “la tripulación de vuelo del LAPA 3142 olvidó extender los flaps para iniciar el despegue, y desestimó la alarma sonora que avisaba sobre la falta de configuración para esa maniobra”. Sin embargo, ni el comandante Gustavo Weigel y el copiloto Luis Etcheverry, fueron condenados, debido a que fallecieron en el siniestro. El expediente fue elevado a juicio en 2005. Los acusados fueron nueve: seis directivos de la empresa, por el delito de estrago culposo, y tres integrantes de la Fuerza Aérea por el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público. Entre los acusados estaba el dueño de la compañía. La sentencia se conoció cinco años más tarde, en 2010, donde el Tribunal Oral número 4 absolvió a la gran mayoría de los acusados, entre ellos el dueño de LAPA. Los únicos condenados fueron Valerio Francisco Diehl, ex gerente de operaciones de LAPA, y Gabriel María Borsani, ex jefe de la línea 737. Ambos fueron sentenciados por el delito de estrago culposo agravado. Aun así, en 2014, la Corte Suprema de Justicia dictaminó que la causa había prescripto, motivo por el cual las dos condenas quedaron anuladas. Sobre el juicio, Buteler expresó: “Lo seguí, pero no era la parte importante de mi vida, si no que siguió siendo mi familia, mis afectos, reconstruir, seguir adelante”. “Sin dudas la Justicia es una pata importante para que este país mejore, pero con esta resolución no se demostró. Acá se hizo todo mal”, concluyó.
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