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  • Antonio García Navajas, el maleno que fue '10' en el Real Madrid

    » Diario Cordoba

    Fecha: 31/08/2025 10:39

    Llevar el 10 en el Real Madrid no es algo que esté al alcance de muchos futbolistas. Puskas, Stielike, Fernando Hierro, Laudrup, Figo, Mbappé… Un dorsal con peso, un marchamo de responsabilidad. Hacerlo en una final de la Copa de Europa significa, además, un privilegio para una élite de escogidos. El último en lucirlo fue Luka Modric, leyenda blanca. Pero mucho antes que el croata hubo un 10 con acento cordobés en un partido cargado de simbolismo: Real Madrid-Liverpool. Mayo de 1981 en el Parque de los Príncipes, en París. Una final de la Copa de Europa en la que cayó el equipo blanco (1-0) -nunca volvió a perder otra desde entonces- y que fue la bisagra entre la llegada de la pujante «quinta del Buitre» y el cierre del orgulloso y corajudo «Madrid de los García». Y allí estuvo como titular Antonio García Navajas (Posadas, 1958), un defensa todoterreno haciendo historia al lado de Camacho, Juanito, Santillana o Del Bosque, estandartes de un estilo temperamental al que se ajustaban durante aquella etapa esos «garcías» como el cordobés y otros (García Cortés, García Hernández, Pérez García...). Hubo quien esgrimió ese apodo con cierto desdén, pero los datos retratan con fidelidad su calidad. «No éramos tan malos como algunos creían...», ironizaba Navajas -así lo bautizaron los narradores radiofónicos, por evitar confusiones- en unas declaraciones posteriores a su retirada. Junto al recordado Juanito y al exblanquiverde Portugal, en su etapa en el Real Madrid. / CÓRDOBA ¿Qué hizo? Nacido en un pueblo futbolero como Posadas -cuna también de Sebastián Alabanda, leyenda del Betis en la conquista de la Copa del 77-, García Navajas se pulió en el Linares antes de dar el salto al gran Burgos de finales de los 70, con el que acumuló más de cien partidos en Primera División antes de cumplir los 20 años. El proceso acelerado de madurez se completó en el Real Madrid, un destino tan seductor como intimidante. Pagaron por el 35 millones de pesetas. «Chaval, que no te tiemblen las piernas que ahí fuera hay 100.000 personas», le dijo el entrenador, el mítico Vujadin Boskov, el día que debutaba en el Bernabéu ante el Salamanca. Estuvo impecable. Ganaron 2-0. Con los blancos despachó tres temporadas, pero qué tiempos: ganó una Liga, dos Copas y disputó una final de la Copa de Europa. Con 23 años, el maleno tenía un expediente profesional digno de un veterano. Llegó incluso a ser convocado con la selección española absoluta, con la que jugo un amistoso ante Dinamarca en Cádiz. Pero la historia no terminó ahí. Cromo de García Navajas en el Real Valladolid. / CÓRDOBA En 1982, el año del Mundial de España, puso rumbo al Real Valladolid. Allí vivió cuatro cursos en la élite -dos de ellos compartiendo vestuario con el cordobés Pepín- siendo una pieza referencial en la retaguardia como central o lateral derecho y contribuyendo a un título: la Copa de la Liga de 1984, en la que doblegaron en la final al Atlético de Madrid. El Rayo Vallecano y el Polideportivo Almería fueron las últimas escalas antes de poner el broche de su carrera como jugador profesional al rondar la treintena. De su competencia para ejercer el oficio hablan los números: solo 12 amonestaciones y una expulsión -en el Calderón ante el Atlético- en 13 campañas y más de 250 partidos actuando como defensa en los «años de hierro» del fútbol español. García Navajas realiza el saque de honor en Linarejos, donde empezó todo, en un homenaje en 2023. / Linares UD Y después... Después de su retirada como futbolista, García Navajas permaneció vinculado al deporte de la mano del club del Bernabéu. Trabajó en la Fundación Real Madrid y estuvo involucrado en proyectos sociales, llegando a entrenar a un equipo de internas de la prisión femenina de Alcalá Meco. «El abuelito nunca nos falla... Para mí es más fenómeno que Cristiano Ronaldo», resaltó Carla, una joven reclusa, en esos años en los que el maleno desarrolló su perfil más solidario. Encontró entre los muros de la cárcel un espacio para dar al fútbol su dimensión más terapéutica. «El fútbol no os va a sacar de aquí, pero puede enseñaros a vivir mejor cuando salgáis», les comentaba a las internas, para las que consiguió balones y equipaciones de la Fundación Real Madrid. Era la primera vez que jugaban con uniformes «de verdad» y el gesto conmovió a todo el grupo. García Navajas posa junto a una estatua de Ferenc Puskas, en Madrid. / CÓRDOBA En la capital de España -donde reside- se creó una peña madridista, con la denominación de GN23 -las iniciales del homenajeado y el año de fundación del colectivo-, como tributo por parte de sus amigos y aficionados. Allí tienen marcada en el calendario como una fecha especial la del 27 de mayo, el día en que este cordobés de Posadas estuvo en el partido soñado por cualquier amante del fútbol. «Chavales, fui el 10 del Real Madrid en una final de la Copa de Europa», puede contar Antonio García Navajas, a día de hoy un embajador más del mejor club del siglo 20. Suscríbete para seguir leyendo

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