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  • De la carne de momia al ibuprofeno: las farmacias históricas de Córdoba

    » Diario Cordoba

    Fecha: 31/08/2025 02:23

    De la carne de momia, la flor de nenúfar o el esperma de ballena, a productos químicos como el ibuprofeno, los ansiolíticos y las aspirinas. Las farmacias de Córdoba, algunas centenarias, son herederas de las boticas que durante la Edad Moderna desarrollaron su actividad en la ciudad y mantienen la formulación magistral (o elaboración del medicamento individualizado) como esencia del quehacer de sus profesionales. En ocasiones, las oficinas han permanecido abiertas durante siglos en el mismo enclave, continuando su trabajo a través de los diferentes titulares. Su evolución ha estado ligada a la propia historia de Córdoba, de sus vecinos y de los personajes históricos. Recientemente, el Archivo Histórico Provincial ha divulgado una escritura notarial de 1564 donde Pedro Ruiz de Valencia, cordobés perteneciente a una familia de boticarios, traspasaba su negocio a Gaspar Gutiérrez, vecino de Badajoz. Este arrendó «unas casas con una tienda junto a ellas para botica», frente a la Puerta del Perdón de la Mezquita-Catedral. La publicación que recoge este documento, Farmacias históricas de Córdoba: entre la ciencia y la magia, describe los bienes contemplados en la escritura. El local disponía de botica y de rebotica, por lo que sería similar a los actuales. En la rebotica se hallaban elementos para la elaboración de los medicamentos como bacinas, alambiques, espátulas, balanzas y una alcuza o vasija para las cocciones. Según precisa, entonces los medicamentos se dividían en simples y compuestos, y la mayoría de los remedios era de origen vegetal (hojas, raíces, frutas), pero también había animales y minerales. Vista general de la Botica Histórica de Córdoba. / A. J. González Entre los numerosos medicamentos simples aparecían productos como la manzanilla, la flor de nenúfar, el coral blanco o rojo y la carne de momia, con la que se preparaba un remedio conocido como mumia. Esta solución fue utilizada durante siglos en Europa para tratar diferentes problemas, desde un dolor de cabeza a la peste. La materia prima se extrajo de momias egipcias y de cadáveres embalsamados. Al parecer, la creencia errónea en este remedio pudo producirse a partir de una traducción equivocada de un medicamento persa, conocido como mumiya, que era una especie de pasta empleada como cicatrizante en heridas y fracturas de huesos. En cuanto a los medicamentos compuestos de la época, junto a otros, se encontraban los polvos, jarabes, aceites, emplastos, píldoras, trociscos (parecidos a las pastillas) y electuarios (líquidos vegetales). La publicación sobre la botica de la Puerta del Perdón alude a la preparación, por parte de sus titulares, de aceite de víboras, de alacranes o de zorra (extraídos de maceraciones o cocciones de estos animales), o de ungüento de lombrices. También dispensaban productos como el filonio romano, que tenía efectos narcóticos; electuario rosado de Mesué (un médico cristiano del siglo IX, director del hospital de Bagdad) que tenía propiedades purgantes, o el ungüento Agripa (desarrollado por el alemán Heinrich Agripa de Mettesheim) para tratar dolencias como las obstrucciones intestinales. «Cuanto más cara e inaccesible era una medicina, más poderosos se creían sus efectos», destaca la publicación. A modo de ejemplo cita la presencia en esta botica de diamargariton frío, un medicamento elaborado con perlas trituradas y mezcladas con miel, cilantro, goma arábiga, almizcle, limadura de marfil y agua de rosas. En el establecimiento se hallaban, asimismo, otros bienes como nueve libros relacionados con la medicina y la farmacopea. Las farmacias fueron lugar de tertulia de científicos y humanistas La botica mantuvo su actividad a lo largo de los siglos. Fue regentada, a mediados del siglo XIX, por el escritor Rafael Blanco Criado, quien comercializaba productos como los chocolates medicinales y el agua embotellada de Villaharta para tratar la diabetes sacarina. Desapareció en los años sesenta, «bajo la presión del turismo», según apunta el mismo trabajo. Tertulias en la farmacia Esta divulgación del Archivo Histórico Provincial de Córdoba enlaza con una investigación desarrollada por la Universidad de Córdoba, a raíz del convenio suscrito con el Colegio Oficial de Farmacéuticos. En este sentido, la memoria de actividades de 2018 de esta organización recoge el artículo Entre alambiques y pergaminos: un viaje fascinante al pasado de los farmacéuticos cordobeses, donde el profesor Antonio Díaz, de la UCO, destaca algunas pinceladas del proyecto. Ambas publicaciones, del archivo y de la UCO, aluden a la evolución de los medicamentos y de los profesionales, y también destacan el papel de la farmacia como lugar de reunión donde debatir las ideas de la época. De esta forma, desde el Archivo Histórico Provincial apuntan que en una farmacia localizada junto al Círculo de la Amistad, regentada por los genoveses Esbarroya, «tenía su tertulia Cristóbal Colón durante los años que fijó su residencia en Córdoba». Los asistentes eran personas interesadas en los viajes por las nuevas rutas, un tema de actualidad en aquel momento. Beatriz Ortega, con frascos centenarios en su farmacia. / A. J. González También citan las palabras del periodista Ricardo de Montis, quien en sus Notas cordobesas destaca el papel de las boticas como centros de reunión. Entre otras, recuerda que se congregaban literatos y periodistas en la farmacia de San Antonio, ubicada en la calle Maese Luis. Esta fue propiedad del literato Francisco de Borja Pavón, director de la Real Academia de Córdoba y primer presidente del Colegio de Farmacéuticos. De su parte, el profesor Antonio Díaz alude a la farmacia de la calle Cardenal Herrero (ya extinta) y otras actuales como las del Realejo y la plaza de La Almagra, y afirma que «donde hoy los ciudadanos acudimos en busca de un remedio a nuestras enfermedades, acudieron también don Luis de Góngora a fines del siglo XVI o, quién sabe, el propio Cristóbal Colón cien años antes. Al fin y al cabo, Colón era amigo de los Esbarroya, boticarios genoveses asentados en Córdoba, por medio de los cuales conociera a Beatriz de Arana, madre de su hijo Hernando Colón. Basta reconstruir este entorno como lo ha hecho el profesor (Enrique) Soria Mesa para encontrarnos con el propio Miguel de Cervantes y su ascendencia cordobesa», detalla. El investigador apunta a una «espectacular presencia judeoconversa» en el ámbito farmacéutico, al mercado internacional de medicamentos y a los inicios de la identidad corporativa como factores que confluyeron en el amplio periodo que comprende el fin de la Edad Media y los inicios de la época Contemporánea. Recuperar el patrimonio El secretario del Colegio de Farmacéuticos de Córdoba, Antonio Ortega, afirma que la actual «es una farmacia totalmente diferente. El farmacéutico sigue formándose, pero los medicamentos son ya industriales, los elaboran los laboratorios. Todavía queda la formulación magistral y esa es la esencia de la farmacia, lo que se ha hecho a lo largo de los siglos». Para desarrollarla, estos negocios deben ser autorizados por la delegación de Salud. Botica del antiguo hospital del Cardenal Salazar, hoy en Filosofía y Letras. / A. J. González En el siglo XVI, donde se enmarcaba la botica de la Puerta del Perdón, el boticario entraba como aprendiz y pasados los años se examinaba ante un tribunal para obtener la titulación. «Tampoco había facultades de medicina ni nada de esto», recuerda Antonio Ortega, subrayando que «la evolución ha sido total». En 1880, Córdoba constituyó el tercer Colegio de Farmacéuticos de Andalucía tras los de Sevilla (1853) y Granada (1856). Desde entonces, la institución ha tenido 11 presidentes hasta llegar a Rafael Casaño en la actualidad. Boticas actuales mantienen la esencia del pasado con la formulación magistral En el marco de su trabajo para poner en valor el patrimonio y la historia de la farmacia, esta organización también colaboró con la UCO en la recuperación y musealización de la antigua farmacia del hospital del Cardenal Salazar, que inició su actividad en 1724 y se ubica en la sede actual de la Facultad de Filosofía y Letras. El espacio fue inaugurado en 2013 como Botica Histórica de Referencia de la provincia de Córdoba. La reina Isabel II Córdoba cuenta con 405 farmacias. Al ser consultado sobre las oficinas centenarias, Antonio Ortega hace referencia a algunas boticas del casco histórico de la capital y alude, a modo de ejemplo, a las situadas en las plazas de La Almagra y de Las Cañas. Respecto a esta última, explica que se trata de la farmacia de San Antonio, que se trasladó de la calle Maese Luis a la de Sánchez Peña. «En una visita que hizo la reina Isabel II, que venía acompañada de su séquito, su médico y su boticario, sufrió un proceso catarral importante y su boticario le elaboró el medicamento en la farmacia de San Antonio», rememora. Frascos centenarios Beatriz Ortega es la nueva titular de esta botica de la calle Sánchez Peña y explica que en ella pueden observarse frascos «preciosos» heredados de propietarios anteriores. «Es una característica muy bonita de la farmacia y llama mucho la atención a todos los pacientes nuevos que entran», señala. Albarelos de la Botica Histórica. / A. J. González Sobre las diferencias respecto a otras épocas, también precisa que «ya no se elaboran fórmulas magistrales ni preparados oficinales en la propia farmacia. Pero sí cabe destacar la importante función de aquellas farmacias que tienen laboratorio propio y que elaboran fórmulas magistrales individualizadas para cada paciente». La relación de confianza con el público es una de la claves de estos negocios y Beatriz Ortega confirma que, «al llevar tanto tiempo ubicados en este barrio, se ha generado una bonita relación de familiaridad con muchos de nuestros pacientes de generación en generación. Llevo pocos años como titular de la farmacia, pero desde el primer momento me sentí muy acogida». De otro lado, Mercedes Bustos y Piedad del Río son las titulares de la farmacia de la plaza de La Almagra. Esta última explica que tienen el número 4 entre las oficinas de Córdoba, por lo que el establecimiento podría ser de los más antiguos de la ciudad. «Es cierto que la decoración es del siglo XIX y no hay muchas farmacias como esta», indica en referencia a elementos como su fachada, de madera, o la pintura que cubre el techo del local. «Es como la farmacia de la serie de televisión, Farmacia de guardia. Aquí viene todo el mundo, los conoces a todos, te cuentan sus problemas. Ahora vienen más personas de los pisos turísticos, pero es muy de barrio y es muy agradable trabajar en ella», asegura Piedad del Río. Suscríbete para seguir leyendo

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