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  • Katrina, un aviso desatendido

    » Diario Cordoba

    Fecha: 31/08/2025 02:17

    Cuando se cumplen 20 años del huracán Katrina, que devastó la ciudad de Nueva Orleans y dejó más de 1.800 muertos, los elementos que hicieron posible esa gran catástrofe siguen allí. Y siguen creciendo y acumulándose. Si en 2005 se culpó en gran parte a la falta de previsión e inacción de la Administración del presidente George W. Bush de las dimensiones de la tragedia, hoy la de Donald Trump ha debilitado las políticas de prevención con la decisión de recortar los recursos de la agencia federal FEMA, que gestiona las emergencias, condenada a desaparecer. Si se reprochó en su día que la reducción de fondos para el mantenimiento del sistema de diques de contención lo incapacitó para evitar que la ciudad quedara cubierta por las aguas del golfo de México y del río Misisipi, parece que la situación no es ahora mejor de darse una situación como la desencadenada por el Katrina. En la contracción de las partidas del presupuesto destinadas a la prevención coinciden dos factores: el objetivo general de contener el gasto federal y el específico que resulta de haber asumido Trump y su equipo el papel de portavoces de la negación del cambio climático, de los riesgos asociados a él y de la necesidad de emprender medidas paliativas. Entre tanto, la ciudad de Nueva Orleans sigue marcada por las secuelas del Katrina, ha perdido no menos de un cuarto de su población y se mantiene como la referencia más útil para evaluar cuál puede ser el alcance de fenómenos meteorológicos con un inusitado poder destructor. Los negacionistas se escudan en que la temporada de huracanes se repite todos los años en las mismas fechas y dejando un parecido parte de daños, pero insisten los expertos en que nunca tuvieron la intensidad de ahora desde que se dispone de datos fiables. El crecimiento urbano de las últimas décadas en zonas susceptibles de sufrir estas y otras catástrofes naturales también contribuye a que el destructivo de estos vaya en aumento a ojos vista. Hay en el negacionismo, alentado en general por la extrema derecha, el objetivo de impedir un cambio sustantivo en el modelo de desarrollo energético y en el entramado productivo al que todos los datos empíricos atribuyen al cambio climático por la acción del hombre. Y hay en el argumentario de los detractores de la emergencia climática la pretensión de endosar cuanto sucede a causas naturales e inevitables para, a renglón seguido, presentar las pruebas objetivas del cambio que maneja la comunidad científica como una distorsión ideológica de la realidad. Lo hace Trump en igual medida que los lobistas que cada año se movilizan para acudir a las sesiones de la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. Pero en la memoria de la opinión pública prevalece cada vez de forma más determinante el recuerdo de veranos ardientes, danas destructivas, mares en ascenso, huracanes como el Katrina y otros fenómenos cada vez más frecuentes e intensos. Negarlos o ignorarlos por quienes ostentan el poder es un comportamiento de irresponsabilidad extrema.

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