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  • Desde artesanías hasta ropa usada: el pulso económico de las ferias municipales y sociales

    Concordia » Despertar Entrerriano

    Fecha: 30/08/2025 18:50

    Las ferias se convirtieron en mucho más que un paseo de compras. Hoy son parte de la vida cotidiana de cientos de familias que encuentran allí una manera de generar ingresos, de sostener proyectos comunitarios y, sobre todo, de compartir un espacio de encuentro. Sin embargo, no todas las ferias son iguales: mientras las municipales funcionan bajo reglas claras y con acompañamiento estatal, las sociales y autoconvocadas nacen de la necesidad, la solidaridad y la autogestión. Ferias municipales: organización, producción y apoyo estatal Las ferias impulsadas por la Dirección de Empleo de la Municipalidad de Concordia son una plataforma pensada para los emprendedores locales. Cada fin de semana reúnen entre 40 y 50 feriantes, todos con producción propia: alimentos caseros, artesanías, manualidades. La reventa está prohibida, lo que marca una diferencia fundamental frente a otros espacios. “Algunos se mantienen de manera estable porque viven de esta actividad, mientras que otros se suman en fechas especiales. Lo importante es que todo lo que se comercializa está hecho con las manos y el esfuerzo de cada emprendedor”, explicó a Despertar Entrerriano Miguel Parra, jefe del Departamento de Economía Social. La Feria del Río es el ejemplo más visible: funcionó durante el verano en la Playa Los Sauces y, tras la creciente, se trasladó al Parque San Carlos, donde cada domingo se convierte en paseo obligado para turistas y vecinos. “Incluso en los días fríos, la gente recorre los stands, comparte mates y disfruta del lugar”, contó Andrea Popelka, coordinadora del espacio. La municipalidad garantiza organización, espacio, electricidad y capacitación, además de créditos para que los feriantes puedan adquirir gazebos, hornos o máquinas de coser. Gracias a este acompañamiento, varias emprendedoras ya abrieron locales propios o dieron el salto hacia negocios formales. Para Parra, ese es el verdadero objetivo: “Que la feria sea una plataforma de crecimiento y no un techo”. Ferias sociales y autoconvocadas: solidaridad y economía popular Muy distinto es lo que ocurre en espacios comunitarios y autogestionados, donde la necesidad y la creatividad marcan el ritmo. En el histórico Parque Ferré, cada fin de semana y feriados decenas de familias tienden mantas en el suelo para ofrecer lo que tienen: alimentos secos, productos de limpieza, indumentaria y hasta agua caliente. Allí conviven quienes buscan sumar unos pesos a fin de mes, muchas veces compartiendo gastos de traslado, con vecinos que encuentran precios accesibles en plena crisis. También sobresale la feria americana de Casa Loyola, un clásico para quienes buscan ropa de segunda mano en buen estado, además de libros, juguetes, accesorios y un sector de bazar. “El público es muy variado: hombres, mujeres, jóvenes. Todos vienen porque saben que acá hay calidad y buenos precios”, detalló Margarita, una de sus referentes. “La Tiendita“ del LALCEC, en tanto, es mucho más que un espacio de venta. Allí, un grupo de mujeres voluntarias comercializa ropa, calzado, libros y artículos para el hogar donados por vecinos y comercios. “Para nosotros es un orgullo, porque todo lo recaudado se destina a cubrir estudios y tratamientos de pacientes que no tienen obra social”, contaron las voluntarias. La tienda abre lunes, miércoles y viernes de 9 a 11, y una vez al mes realiza una feria extendida durante toda la jornada. Dos caras de una misma realidad La diferencia es clara: mientras las ferias municipales son espacios regulados, con apoyo estatal y foco en la producción local, las ferias sociales y autoconvocadas surgen de la urgencia, la solidaridad y el esfuerzo voluntario. Unas funcionan como semillero de emprendimientos que buscan crecer y formalizarse; las otras como redes de contención que sostienen economías familiares y ayudan a financiar causas comunitarias. En ambos casos, el denominador común es el mismo: la feria como lugar de encuentro, creatividad y supervivencia en una ciudad que se reinventa cada fin de semana a través de sus espacios populares. Fuente: Despertar Entrerriano.

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