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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 30/08/2025 06:46
EEUU ha decidido sumar el crucero de misiles guiados USS Lake Erie y el submarino de ataque rápido de propulsión nuclear USS Newport El despliegue militar de Estados Unidos frente a las costas de Venezuela, que ha sumado una participación simbólica de Francia y el Reino Unido, no parece en sí mismo un hecho relevante frente al fracaso en frenar las guerras que están en desarrollo. El mundo entra en el mes de septiembre con los conflictos militares de alcance global en aumento. La estrategia fijada por Donald Trump al asumir más de siete meses atrás no está dando resultados. Su idea central era que los grandes líderes se pusieran de acuerdo para ordenar el mundo. Ello debía comenzar por la guerra entre Rusia y Ucrania, en la cual se iba a lograr imponer un cese del fuego que permitiera iniciar las negociaciones. Esto no se logró. Por el contrario, el fracaso está llevando a que las partes en conflicto preparen su capacidad militar para un enfrentamiento más prolongado. La idea de Trump de que su presión política personal sobre Putin y Zelensky iba a torcer sus voluntades no ha dado resultado. Ucrania continúa la guerra con un apoyo de Europa que es mucho más sólido políticamente que militarmente, y a su vez Rusia lo hace manteniendo su red comercial con países como China e India, que no aplican las sanciones a Rusia que impone Occidente. La idea de que presiones de Washington sobre estas potencias iban a modificar la posición rusa por esta razón tampoco ha funcionado. A tres años y medio de la invasión, se está viviendo sin duda ya el escenario de una guerra prolongada. Moscú sigue jugando a su favor con el tiempo y su mayor capacidad de afrontar la pérdida de vidas, y Ucrania con una voluntad férrea que ha hecho de los drones una ventaja relativa importante. Las distintas alianzas de Rusia, materializadas en los misiles iraníes y las tropas norcoreanas, sólo le permiten prolongar el conflicto, pero no decidirlo. Es cierto que en el terreno Rusia avanza sistemáticamente, pero lo hace a una velocidad que no resulta decisiva. La participación de tropas rusas y norcoreanas en la fiesta nacional china ha sido una señal de proximidad militar entre estos tres países. En el conflicto entre Israel y Hamas las acciones se amplían en su intensidad y extensión territorial. El gobierno de Netanyahu está decidido a tomar y ocupar el norte de Gaza y se prepara para operaciones similares en Cisjordania. Pareciera buscar una estrategia que transforme en inviable en los hechos la futura creación de un Estado palestino, lo que tiene consenso internacional. Israel, pese a su escasa población y limitada economía, tiene a su favor a Donald Trump. Éste pensaba que iba a poder imponer una solución negociada al líder israelí, pero no ha sido así. Netanyahu ha mantenido firme sus posiciones de extender la guerra y Trump lo ha seguido y convalidado. El gobierno estadounidense no tiene voluntad o capacidad hoy para controlar o moderar al gobierno israelí. Netanyahu tiene su sociedad dividida en dos: una parte reclama el cese de las operaciones militares y la devolución de todos los rehenes en poder de Hamas, y la otra respalda la decisión del primer ministro de continuar las operaciones hasta hacer inviable la creación de un Estado palestino. Las calles son escenario de manifestaciones enfrentadas, pero el eje Trump-Netanyahu se ha mantenido. Las negociaciones con Hamas, que sobrevive en los túneles de Gaza, y con la Autoridad Palestina, que gobierna formalmente Cisjordania, han tenido algunos avances, pero no decisivos. Así como la estrategia de liderazgo personal de Trump ha fracasado con Putin y Zelensky, lo ha hecho también con Netanyahu. Trump y Netanyahu La posición de Europa se distancia de la estadounidense a nivel de gobiernos, aunque en la opinión pública no es tan así. Trump sigue enfrascado en la “guerra comercial” con Europa, que es una negociación constante. Las posiciones respecto a Ucrania también se mantienen diferentes. Trump parece abandonar a Kiev, mientras que Londres y París anuncian un despliegue militar en apoyo de Ucrania que en los hechos no pueden mantener. En cuanto a Israel, el grueso de Europa apoya la creación del Estado palestino y ha cesado el apoyo militar a Tel-Aviv que varias naciones de este continente dieron inicialmente, mientras que Estados Unidos lo mantiene. El diálogo entre el presidente estadounidense y los líderes europeos -a los que subestima- es intermitente y conflictivo. Trump es acusado por ellos de cambiar constantemente de posición, impidiendo desarrollar una estrategia de conjunto. Los problemas de la OTAN han quedado en un segundo plano. La casi totalidad de los países europeos que integran esta alianza militar se han comprometido a elevar su gasto militar a 5 puntos del PBI, como exigía Trump. Pero su verdadera voluntad de hacerlo está en duda. En cuanto a la creación de una fuerza armada europea propia y la integración de una industria militar continental, los planes están en elaboración con diferentes enfoques. Claramente el eje atlántico se ha debilitado y la Casa Blanca opera a nivel internacional en forma autónoma y sin establecer un sistema de consulta permanente con sus aliados europeos. Donde sí Trump ha tenido éxito es en su intención de desarticular el sistema de decisión multilateral. El rol de Naciones Unidas desde el 20 de enero de 2025 ha ido reduciendo su capacidad de acción sobre los conflictos. Sus alertas sobre la hambruna en el norte de Gaza no han tenido efecto alguno, ni sobre Israel ni sobre el mundo occidental, y confirma no tener influencia sobre Netanyahu. Se elaboran algunos planes específicos, como el de reconstruir zonas de El Líbano que se destruyeron en la represión a Hezbollah, con financiamiento de Arabia Saudita y Qatar, pero estas no parecen acciones de envergadura. La verdadera crisis de la gobernabilidad global se da en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en el control del uso militar de la energía nuclear. El primero, integrado por las cinco potencias vencedoras en la Segunda Guerra Mundial (Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Rusia y China), que a la vez fueron los primeros cinco poseedores de armas nucleares de la ONU, ha perdido capacidad para negociar, contener o evitar conflictos internacionales. Cabe señalar que el veto de una decisión por parte de sólo uno de estos cinco países la anula y esto hoy no es suficiente para manejar un mundo en el cual los conflictos se multiplican y prolongan y nuevos actores desafían a los Estados. En cuanto al control para evitar la militarización de la energía nuclear, se ha producido un retroceso de hecho. Las dos grandes potencias nucleares, que son Estados Unidos y Rusia, han retrocedido en su control mutuo. Cada vez hay más países que buscan tener submarinos y portaaviones a propulsión nuclear y misiles hipersónicos. A ello se agrega que los drones han multiplicado la capacidad de agresión militar. El dron combinado con la inteligencia artificial es la innovación más importante en el escenario bélico que se está desarrollando. El ataque estadounidense a Irán parece haber retrasado pero no terminado con la capacidad nuclear de este país. En este complejo y peligroso escenario, ¿qué importancia puede tener Venezuela para Estados Unidos? Probablemente la escalada de fuerzas militares frente a las costas venezolanas tenga más que ver con la política interna del presidente Trump. Quizás la disminución del voto latino a su favor, los conflictos con las deportaciones, el malestar en las universidades, la caída en las encuestas y la mencionada falta de resultados en los conflictos globales, concurran para que busque una victoria que, sin ser relevante, permita poner de manifiesto una decisión de contundencia y eficacia militar.
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