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  • La ‘depre’ postvacacional y la ’sin-vacacional’

    » Diario Cordoba

    Fecha: 30/08/2025 02:25

    Quizá unas de las cosas más deprimentes del fin de las vacaciones sean, precisamente, que los medios de comunicación inundan sus páginas e informativos hablando de la llamada depresión postvacacional. Pero como es lo que toca en estas fechas, CÓRDOBA SALUD quiere acercarse al tema con espíritu positivo, consejos prácticos y mejor ánimo posible, todo ello de manos del psicólogo Antonio García. Así, y primero, una primera buena noticia: La depresión postvacacional no existe. Al menos como patología, como enfermedad psquiátrica. «No se trata de un trastorno mental o una enfermedad diagnosticable, sino de una reacción natural del organismo ante un cambio brusco de estilo de vida», explica García. De hecho deberíamos hablar del «síndrome de adaptación postvacacional». La mala noticia es que, en la práctica, los síntomas sí que son casi calcados a los de una depresión: «Tristeza, abatimiento, falta de energía... e incluso puede manifestarse con ansiedad, trastornos del sueño, dificultad para levantarse, pérdida de la capacidad de disfrutar...» Y hasta con síntomas físicos, como taquicardias o temblores, recuerda el psicólogo Antonio García. En resumen, el síndrome no es ninguna broma para quienes lo padecen, siendo más común «en personas que disfrutan de periodos vacacionales muy largos, por ejemplo, un mes o dos, y que se reincorporan a la rutina de forma repentina», explica el psiclógo. La clave: adaptación progresiva Para mitigar los efectos de este síndrome, el experto recomienda una adaptación progresiva y saber gestionar las expectativas. Respecto a lo primero, aconseja evitar cambios bruscos, especialmente en los horarios. «Si durante las vacaciones nos acostábamos tarde y nos levantábamos más tarde, debemos ir ajustando gradualmente el sueño para regresar a la rutina laboral sin un choque tan severo», afirma. Un 33,5% de la población no puede tener al año ni siquiera una semana vacacional Otro punto crucial es la «calidad del trabajo» al que se regresa. Cuando una persona vuelve a un empleo que le gusta, «con una carga de trabajo asumible y un buen ambiente, es menos probable que experimente estos problemas». Si, por el contrario, el trabajo implica mucho estrés, presión o un entorno negativo, «el retorno se hará más cuesta arriba». En este sentido, García aconseja centrarse en los aspectos positivos del trabajo, como «las buenas relaciones con compañeros o aquellas tareas que sí resultan gratificantes». En resumen, «pensar más en lo bueno que en lo negativo». La fatiga del que no tiene vacaciones Puede añadirse otro argumento que, quizá por obvio, no cita en principio el psicólogo García Moreno, pero que posiblemente ayude a los que sufran síndrome postvacacional: pensar en los que no tienen vacaciones. Hablamos de autónomos, trabajadores que encadenan contratos temporales, personas ligadas al cuidado de un familiar... Y no son pocos, un 33,5% de la población no puede permitirse irse de vacaciones al menos una semana al año debido a motivos económicos o familiares, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE. Eso supondría 16 millones de sinvacacionistas en España; proporcionalmente más de 280.000 en Córdoba, con sus índices socioeconómicos por debajo de la media nacional. Al respecto, y aunque el trabajo a priori es positivo, «encadenar periodos muy largos sin descanso conduce a un agotamiento progresivo». Todo ello, incluso, «puede llevar a la desmotivación y hasta a la pérdida del gusto por el propio trabajo». «Necesitamos descanso para no agotarnos», enfatiza Antonio García, sea trabajo físico o mental, porque «va poco a poco agotando a la persona y es más probable que aparezcan problemas de ansiedad, de sueño, cansancio...». La presión de las ‘vacaciones idílicas’ Y para colmo, un factor que agrava tanto el síndrome de adaptación como la fatiga por falta de descanso es la presión social. Las redes sociales, por ejemplo, inundadas de imágenes de vacaciones perfectas, «pueden generar una percepción distorsionada y una intensa necesidad de tener ese tipo de experiencias. Esto puede llevar a la gente a hacer cosas de las que ni siquiera disfrutan», simplemente «porque es lo que toca» o para obtener likes, sumergiéndose en una forma de vida «que puede incluso afectar a la autoestima». Quizá porque una vez más, y parafraseando la Biblia, se nos olvida que las vacaciones están hechas para el hombre, y no el hombre para las vacaciones. Suscríbete para seguir leyendo

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