30/08/2025 09:17
30/08/2025 09:17
30/08/2025 09:17
30/08/2025 09:17
30/08/2025 09:17
30/08/2025 09:17
30/08/2025 09:17
30/08/2025 09:17
30/08/2025 09:17
30/08/2025 09:17
» Diario Cordoba
Fecha: 30/08/2025 02:25
No es nuevo. El verano, y más la actividad vacacional, cambia pautas que llevan a que los servicios de medicina de familia, las especialidades y las urgencias vean aumentar una serie muy concreta de patologías características de la época. De ellas ha tratado especialmente este verano el suplemento CÓRDOBA SALUD en cuestiones , por ejemplo, como el daño a la piel debido a los hábitos estivales (en el número del 9 de agosto), las alergias en verano o la nutrición (el 16 de agosto) o las precauciones a tomar por los mayores (en el último número). Sin embargo, al menos para algunos afortunados, quedan aún vacaciones, y el carácter divulgativo y de servicio público de este suplemento nos lleva a incidir de nuevo en el verano y la salud, en esta ocasión desde el punto de vista de los medicamentos. Porque...¿Cómo afectan las altas temperaturas a los medicamentos? ¿Qué interacciones pueden existir con actividades propias del verano? ¿Qué información y qué precauciones básicas hay que tener? Para ello, este suplemento ha contado con el Colegio de Farmacéutico y con Jesús Gallardo García, del Centro de Información del Medicamento (CIM), en primer lugar para recordar algo tan básico como es el cuidado de los medicamentos «Son medicamentos, no caramelos» Y es que lo principal muchas veces es lo primero que se olvida, como en este caso las necesidades de conservación de los preparados farmacéuticos. «Los medicamentos no son caramelos», ironiza Gallardo García sobre lo esencial que es preservarlos en un lugar lo más fresco y seco posible, idealmente a temperaturas inferiores a 25-30ºC. Para aquellos fármacos que necesitan refrigeración (entre 2 y 8º C), la recomendación es utilizarlos tan pronto como sea posible una vez sacados de la nevera, especialmente en verano. Además, es crucial tener una precaución especial con ciertas formas farmacéuticas como las cremas, los supositorios o los óvulos, ya que son más sensibles al calor. Jesús Gallardo García, del Centro de Información del Medicamento. / CÓRDOBA Dos tipos de fotosensibilidad Entrando en materia entre esa relación a tres bandas entre medicamento, paciente y verano, una cuestión relevante son las consecuencias de tomar el sol mientras se está siguiendo determinados tratamientos, una exposición a los rayos solares que puede generar reacciones cutáneas exageradas y no deseadas, conocidas como fotosensibilidad. Al respecto, hay que distinguir entre «fotoalergias», que se produce cuando el medicamento absorbe la radiación ultravioleta y es reconocido por el sistema inmunitario, desencadenando una respuesta alérgica; y «fototoxicidad», que ocurre cuando el medicamento genera tras una exposición a rayos UVA radicales libres que «dañan directamente las células de la piel, con un efecto muy similar a una quemadura solar exagerada». Para prevenir estos efectos, Jesús Gallardo recomienda siempre leer bien el prospecto (algo básico siemprel) y consultar con un profesional sanitario, además de precauciones generales como evitar la exposición al sol en las horas centrales del día, usar ropa que nos cubra bien pero holgada y ligera, además de ponerse sombrero y gafas de sol y, por supuesto, usar protector solar adecuado y reaplicarlo con frecuencia. Otra cuestión son las altas temperaturas, con o sin exponerse al sol, pero siempre como un factor muy a tener en cuenta por la posible influencia en cualquier terapia farmacológica, especialmente en pacientes polimedicados y de edad avanzada. Altas temperaturas y medicamentos Así, el experto identifica tres grupos de medicamentos que pueden agravar la capacidad del cuerpo para adaptarse al calor. Primero, los que producen una alteración directa en la hidratación y los electrolitos, como los diuréticos, usados para la hipertensión, que aumentan la producción de orina y pueden favorecer la deshidratación. Segundo, aquellos que alteran la función renal, ya que el riñón es fundamental para regular el equilibrio electrolítico. En este grupo entran fármacos nefrotóxicos o que afectan la función renal, como el ibuprofeno, para el cual se aconseja aumentar aún más la ingesta de agua cuando se utiliza este principio activo. Y tercero, los medicamentos indicados para la depresión y la esquizofrenia, dado que los neurotransmisores afectados en estas patologías están implicados en los mecanismos de termorregulación y estos fármacos pueden provocar un menor estado de alerta frente al calor y una disminución del umbral de percepción de malestar. No cortar el tratamiento Eso sí, Jesús Gallardo es tajante: «No está justificado en absoluto interrumpir los tratamientos» durante las vacaciones, ni siquiera en el caso de los fármacos anteriormente nombrados, si no es con un seguimiento médico. Así que mucho menos disculpable es que el típico cambio de hábitos y rutinas nos lleve a abandonar tratamientos por distracción o por pura relajación de una disciplina básica. «Cualquier ajuste debe ser el resultado de una revisión y una evaluación individualizada y personalizada del tratamiento farmacológico por parte de un profesional sanitario», sentencia Gallardo. El botiquín de viaje: Otra cuestión son los desplazamientos veraniegos. El farmacéutico sugiere incluir en el botiquín de viaje, además de la medicación habitual, productos básicos para primeros auxilios o para el manejo de problemas frecuentes en esta época del año: Analgésico y antipiréticos, antiinflamatorios (como el ibuprofeno, recordando su posible fotosensibilidad), antihistamínicos para posibles reacciones alérgicas, picaduras de insectos o medusas, y antidiarréicos, antiácidos y gástricos para molestias gastrointestinales para la clásica diarrea del viajero. También son esenciales los materiales de cura, como apósitos, gasas, tiritas resistentes al agua, suero fisiológico (muy útil para limpieza ocular), antisépticos para la piel o cremas para quemaduras. Para prevenir rozaduras en caminatas, un truco eficaz es «utilizar doble calcetín, uno fino y ajustado dentro y por fuera otro más grueso y holgado, de tal forma que la rozadura entre el pie y la bota la sufran los calcetines, no la piel». Deshidratación y golpe de calor Y entramos en el capítulo del gran enemigo del verano para la salud por las graves consecuencias que pueda tener: La deshidratación y el golpe de calor. Los consejos desde el Colegio de Farmacéuticos, como es obvio, no difieren del resto de colectivos profesionales de la salud, pero no por ello hay que dejar de citarlos y divulgar su prevención. Así, Jesús Gallardo recuerda que el calor extremo puede llevar a dos complicaciones graves: el síndrome de agotamiento y deshidratación, que se debe a una pérdida excesiva de líquido y aparece paulatinamente en varios días; y el golpe de calor, que es un fallo agudo en los mecanismos de termorregulación, que aparece de forma repentina con temperaturas corporales superiores a 40°C y, si no se trata rápidamente, puede tener una evolución fatal. Los síntomas para identificar un golpe de calor son la piel caliente y enrojecida, respiración y pulso acelerado, fiebre por encima de 40°C y, en ocasiones, alteración o pérdida de conciencia. Ante ello es crucial «llamar inmediatamente al 112» y, mientras llega, refrescar a la persona en un ambiente lo más fresco posible con paños húmedos, «pero nunca administrando líquido por vía oral». Aunque las personas de edad avanzada (con menor capacidad de termorregulación) y los niños pequeños o lactantes (cuyo sistema de termorregulación no está maduro) son las poblaciones más vulnerables, García Moreno recuerda que «las altas temperaturas son un peligro para toda la población». Y por si queda alguna duda, «ahí están siempre los farmacéuticos», recuerda Gallardo. A fin de cuentas, no hay mejor medicina que la información y la prevención. Verano incluido.
Ver noticia original