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Parana » Informe Digital
Fecha: 29/08/2025 13:54
La historia de Esteban es un relato forjado a partir del amor y la perseverancia. Nació con una discapacidad motora y neurológica, y desde entonces, su madre asumió la responsabilidad del cuidado, las terapias, los gastos y la incertidumbre. Durante más de 26 años lo hizo sola, ya que el padre se fue muy pronto, dejando atrás sus obligaciones; la crianza de Esteban y de sus dos hermanos menores recayó enteramente en ella. Sin embargo, Esteban no es solo un diagnóstico ni una necesidad económica. Es un conjunto de sueños, pasiones, melodías en el corazón y los colores de su club, Ñapindá, grabados a fuego en su ser. Creció entre música y camisetas deportivas, con la sonrisa de quien elige celebrar la vida a pesar de las adversidades. Su madre lo acompañó en cada paso, incluso cuando el agotamiento y el estrés amenazaban con vencerla. Tras un largo camino lleno de frustraciones judiciales, Esther se presentó en mi oficina, vistiendo su guardapolvo de docente y con el cabello cuidadosamente arreglado; sus ojos reflejaban el cansancio, pero su alma aún confiaba y conectó con la mía. Optamos por una estrategia diferente: accionar contra el tío paterno de Esteban, apelando a la solidaridad familiar prevista en el Código Civil y Comercial. El caso era inusual: no se trataba de un niño, sino de un adulto con discapacidad severa, cuya dignidad requería una respuesta inmediata. En este contexto, fue clave la perspectiva del juzgado de Colón, que, con un enfoque en familia y discapacidad, ordenó la notificación al hermano del alimentante. Esta decisión firme impidió seguir postergando el derecho de Esteban. La reacción fue sorprendente: el progenitor ausente, al darse cuenta de que su propio hermano enfrentaría consecuencias legales, decidió finalmente asumir su obligación. No lo hizo por iniciativa afectiva, pero lo hizo; la presión de la justicia y de su propia familia lo llevaron a cumplir. Hoy Esteban tiene 32 años: aún no se ha reencontrado con su padre, a quien espera desde los 6 años en el zaguán de su casa. Nunca ha estado solo; a su lado siempre estuvo su madre, quien ha sabido multiplicarse para ser sostén, guía y compañía. Sus hermanos lo rodean con amor y silencioso sacrificio en la vida cotidiana; gracias a ellos, entre terapias, música y la magia del “verde”, Esteban pudo crecer con dignidad, demostrando que la verdadera solidaridad no se mide en obligaciones, sino en la entrega del corazón.
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