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» Comercio y Justicia
Fecha: 24/04/2025 09:02
Columna de Opinión Por Andrea Ávila* Si bien las habilidades técnicas continúan siendo necesarias para cubrir cualquier posición, en la actualidad las habilidades blandas -relacionadas con la capacidad de interactuar, inspirar y conectar con otros- adquieren un peso decisivo, especialmente en roles de liderazgo. Cada vez más, las empresas priorizan el conjunto de competencias socioemocionales y de comunicación por sobre la formación académica, diplomas o habilidades duras. La figura del líder ha evolucionado. Hoy las organizaciones necesitan líderes que puedan poner a las personas en primer lugar, que manejen sus equipos con empatía y flexibilidad, comunicando con claridad para alcanzar los objetivos propuestos, gestionando los desacuerdos de manera armónica, promoviendo la camaradería, el sentido de comunidad y el trabajo en equipo. Se espera que estas habilidades clave permitan a los líderes impulsar el desarrollo profesional y personal de los integrantes de sus equipos. Estas son las siete habilidades clave que las organizaciones esperan de un buen líder, identificadas por los especialistas en gestión del talento de Randstad: 1. Comunicación efectiva. La habilidad para comunicarse de manera clara y comprensible es una de las capacidades más valoradas en los líderes actuales. En entornos de trabajo marcados por la virtualidad, la multiculturalidad y la horizontalidad, la comunicación efectiva no solo mejora el entendimiento entre los miembros del equipo, sino que también fortalece la confianza, reduce conflictos y favorece la colaboración. Involucra tanto la capacidad de transmitir ideas con claridad como la disposición para escuchar activamente, interpretar el lenguaje verbal y no verbal, y adaptar el mensaje al canal y al contexto adecuados. 2. Empatía. Es una de las competencias socioemocionales más necesarias en el ejercicio del liderazgo actual. Consiste en la capacidad de ponerse en el lugar del otro, comprender sus emociones, necesidades y motivaciones, y responder de manera considerada. Un liderazgo empático no solo contribuye al bienestar del equipo, sino que también impulsa el compromiso, la confianza y la cohesión grupal. Los líderes empáticos logran identificar tempranamente situaciones de desmotivación o sobrecarga y pueden intervenir a tiempo para acompañar, contener y sostener a sus colaboradores. 3. Flexibilidad. Resulta clave para liderar con efectividad en un entorno complejo, volátil e incierto como el actual. Implica la capacidad de adaptarse rápidamente a nuevas condiciones, asumir cambios en las prioridades, redirigir proyectos según el contexto y reconfigurar el enfoque sin perder de vista los objetivos estratégicos. Además, ser flexible también supone integrar con naturalidad la diversidad de ideas y opiniones, edades, culturas y estilos de trabajo que conviven dentro de los equipos actuales, lo que enriquece las perspectivas y promueve la innovación. 4. Manejo de desacuerdos. Un buen líder no se centra en evitar el conflicto, sino que lo gestiona con inteligencia emocional y madurez. La habilidad para manejar desacuerdos de manera constructiva es esencial para preservar el clima laboral y fortalecer las relaciones interpersonales dentro del equipo. Frente a opiniones divergentes, un buen líder apela al diálogo abierto, fomenta el intercambio de ideas y promueve una cultura en la que disentir no es percibido como una amenaza o un signo de rebeldía, sino como una oportunidad para enriquecer el proceso de toma de decisiones. 5. Feedback y retroalimentación. El feedback, cuando es oportuno, claro y respetuoso, se convierte en una herramienta poderosa para el crecimiento individual y colectivo. Un líder que sabe dar feedback reconoce los logros de su equipo, guía a sus colaboradores hacia la mejora continua y genera instancias de aprendizaje. Esta habilidad es especialmente relevante para liderar a las nuevas generaciones, que valoran los espacios de retroalimentación frecuente y constructiva. El feedback motiva a las personas, alinea expectativas y fortalece el vínculo entre un líder y sus colaboradores. 6. Visión estratégica. Además de gestionar las tareas operativas, se espera que un buen líder tenga la capacidad de anticiparse, identificar tendencias y tomar distancia de la coyuntura para gestionar en línea con los objetivos a largo plazo de la organización. La visión estratégica permite conducir a los equipos con perspectiva y foco, priorizar correctamente, asignar recursos con inteligencia y movilizar a los colaboradores con una dirección clara. 7. Aprendizaje continuo. En un mundo donde el cambio se ha instalado como la única constante y el avance tecnológico acorta drásticamente la vida útil de los conocimientos y habilidades laborales, la capacidad de seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida se vuelve una competencia crítica. * CEO de Randstad para Argentina, Chile y Uruguay.
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