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Gualeguaychu » El Dia
Fecha: 05/04/2025 23:29
La impactante serie de Netflix retrata la historia de Jamie, un chico de 13 años acusado de asesinar a una compañera de clase. Para no spoilear a quienes todavía no la vieron, sólo diré que en los cuatro capítulos de la miniserie se pone en tela de juicio las maneras de vincularse entre los adolescentes, el uso de las redes sociales, el rol de los padres y también el de la escuela, entre tantos otros temas. Pero más allá de debatir sobre el contenido audiovisual, lo más importante es que se volvió a hablar de los adolescentes, aquellos que tienen poca voz en los medios tradicionales y en la discusión pública, de la cual, además, suelen huir. Es así que encuentran en las redes sociales un lugar donde escabullirse de los adultos: de Facebook migraron a Instagram y luego a TikTok, de WhatsApp a Telegram y así sucesivamente. Cuando algo se vuelve masivo y llega a los adultos, los adolescentes ya encontraron un nuevo lugar donde estar y es por ello que la virtualidad se torna un verdadero dolor de cabeza para los padres. Lógicamente, además del mundo digital, en la actualidad aún persisten problemas muy importantes y graves en la realidad cotidiana, tangible y concreta. “Las principales problemáticas que atraviesan los adolescentes de la ciudad no son lineales. Cada uno de ellos atraviesa diferentes situaciones, entre ellas vulneraciones de sus derechos en sus hogares, como así también el consumo problemático de distintas sustancias, como alcohol o drogas, hasta conductas compulsivas relacionadas con el juego, la tecnología y la alimentación”, comenzó exponiendo la directora del Copnaf en Gualeguaychú Jordana Vallenari. En línea con lo que plantea la serie, la especialista marcó que “el problema más grande que hay hoy es el uso sin control del celular; los adultos no suelen tener conocimiento de los peligros que quedan expuestos sus hijos, además suelen no tener la suficiente conciencia de lo riesgoso que es dejar a libre albedrío el uso de los teléfonos”. Abusos, relaciones violentas a temprana edad y (falta de) salud mental La directora del Copnaf reveló que “haciendo una evaluación en cuanto a las denuncias que llegan a nuestro organismo, podemos dar cuenta que lamentablemente las situaciones de abuso intrafamiliar y extrafamiliar surgen frecuentemente, para lo cual seguimos fortaleciéndolos junto a otras áreas: trabajamos en red para prevenir y promocionar sus derechos y para que puedan hablar a tiempo con el debido resguardo y contención”. Vallenari marcó que también hoy son muy habituales las relaciones sexo-afectivas a temprana edad y a través de vínculos violentos: “Las vemos a diario, como así también relaciones dispares de adultos con adolescentes o embarazos precoces. Además, emergen asiduamente situaciones de violencia familiar, en donde los adultos no pueden acompañar a los adolescentes. Hablo de acompañar en el sentido de comprenderlos y respetarlos, entendiendo que es una etapa súper compleja, en la cual presentan cambios constantemente y viendo hasta dónde pueden llegar en cuanto a los límites y en esa línea son los adultos quienes no pueden sostener límites saludables y acuden a la violencia o en casos extremos a echarlos de la casa, lo que desata de manera negativa una fragmentación en el vínculo con sus hijos”. Y agregó: “Es muy común también que lleguen denuncias de violencia callejera entre los adolescentes, un escenario muy preocupante porque muchas veces son compañeros de escuela, lo que repercute de manera negativa en la educación y en los vínculos socio-afectivos, por eso es muy importante alertar y acompañar desde la casa los efectos que estos hechos pueden traer, entre ello consecuencias legales, en el ámbito escolar y no menos importantes en la salud. Un dato no menor es que hoy la salud mental es la que está tomando protagonismo en nuestras intervenciones, tanto en los adolescentes como en sus progenitores, lo que impacta de manera negativa en el desarrollo de sus comportamientos, ya que acarrean situaciones de violencia, consumo de sustancias psicoactivas, trastornos alimentarios y emocionales, entre otros tantos que surgen. La salud mental es importante en todas las etapas de la vida y hoy vemos un desborde muy grande”. Por último, sobre el rol de Copnaf, destacó que “es importante dejar en claro que ante estos escenarios es dificultoso trabajar solos, se necesitan de otras patas como son las áreas de salud, la justicia, entre otras, para que las intervenciones puedan ser beneficiosas en la vida de los adolescentes y podamos impactar de manera positiva en ellos. Desde el organismo construimos un abordaje de prevención integral, tratando de disminuir las consecuencias negativas en los adolescentes, ofreciéndoles espacios terapéuticos si es necesario. Buscamos favorecer los procesos de autonomía que hay en ellos, para que tengan la capacidad de tomar decisiones, resolver problemas, gestionar responsabilidades, ya que con 16 o 17 años están próximos a ser mayores de edad, por lo cual hay que acompañarlos, ofrecerles recursos y herramientas, darles autoconfianza y sobre todo que entiendan lo importante que es respetar los límites, los cuales deben ser claros y consistentes para que funcionen. Acompañar a los adolescentes es una responsabilidad de todos: la familia, la escuela, la comunidad y el Estado. No hagamos la mirada al costado, es muy importarte poner atención en ellos que son el futuro y necesitan ser acompañados y, sobre todo, escuchados, valorando su opinión y el derecho a ser tenida en cuenta cuando los adultos vayamos a tomar una decisión que les afecte”. Por último, Vallenari reflexionó que “este recuento de las problemáticas de los adolescentes, las hago sin ninguna recriminación hacia ellos, ya que soy consciente que son el resultado de las acciones de los adultos a lo largo de su vida. Es muy difícil que los temas de los adultos no repercutan en la adolescencia, por eso mismo somos nosotros los que tenemos que repensarnos, no sólo a la hora de poner límites, sino al momento de ser un ejemplo positivo para ellos. Los niños y los adolescentes son hijos de la sociedad por eso creo que debemos mirar internamente qué estamos haciendo los adultos y qué venimos aportándoles durante los últimos años”. Los motivos de los problemas que aquejan a los adolescentes Agustina García es psicóloga especialista en trastornos alimentarios y trabaja con púberes y adolescentes de la ciudad, pero también de todo el país. En diálogo con Ahora ElDía, describió el panorama con el que se encuentra en su día a día. Aunque focalizó sus comentarios en los trastornos alimenticios, muchas de las reflexiones se extrapolan al resto de los inconvenientes, ya que fundamentalmente son a causa de la ansiedad o la depresión. “Los motivos por los que se desencadenan son múltiples. Hay una cuestión cultural que responde a cuáles son los valores y las creencias de cada familia: por ejemplo, si la madre durante el proceso de crianza se ha sometido a dietas o restricciones alimentarias, o si es un tema de conversación los cuerpos, tanto en la casa como en la escuela. Desde hace algunos años, Argentina es el segundo país -después de Japón- con los índices más altos de casos de bulimia y anorexia en el mundo. En esta época de redes sociales están prevaleciendo mucho estos trastornos”, comenzó explicando García. Asimismo, describió que “la mayoría de los adolescentes no quiere atravesar un tratamiento interdisciplinario, por eso es un trabajo muy minucioso y delicado el que hay que hacer y, por lo general, suelen ser trastornos que vienen con comorbilidades, como ansiedad o rasgos depresivos. La cuestión de base es la ansiedad o la depresión y eso hace que generemos síntomas desde otro lugar, como vomitando cada cosa que comen. Se lleva a lo concreto algo que pasa por otra parte”. En este sentido, puntualizó que “los adolescentes atraviesan una revolución en donde dejan de ser niños que tienen idealizada a su familia y a su casa y pasan a conocer un mundo en la exogamia, lo que derrumba la estantería armada; también comienzan a agruparse y para identificarse con el líder hacen cosas que no están buenas y se ponen en riesgo para ser aceptados o para pertenecer y no quedar excluidos”. “Hay una percepción de rechazo a la autoridad, de revelarse, de llamar la atención, en donde se forma una coraza y por dentro hay toda una revolución, de buscar la identidad, la comparación con amigos, problemas de autoestima que se van armando en la base de estas relaciones intrapersonales, muchas veces muy débiles”, detalló García. Finalmente, concluyó: “La adolescencia es un momento en el que los sentimientos se viven a flor de piel. Por ejemplo, si se pelean con su noviecito/ta o su familia lo experimentan de una forma muy extrema; hasta llegan a tener conductas de autolesión, eso pasa mucho más de lo que creemos. Por lo general, estas conductas están vinculadas también al consumo de sustancias. Cometen excesos, prueban cosas nuevas, todo esto muchas veces también por una cuestión de aprobación y de no tener registro del riesgo”. La serie de Netflix “Adolescencia” y los testimonios recogidos en Gualeguaychú reflejan una misma realidad: los adolescentes están atrapados entre un mundo digital sin regulación y una sociedad adulta que no logra contenerlos. Mientras la ficción muestra cómo un crimen puede surgir de la combinación entre bullying, redes sociales y desatención familiar, los profesionales locales confirman que, en la vida real, los jóvenes enfrentan abusos, violencia, trastornos alimentarios y adicciones, muchas veces agravados por la sobreexposición tecnológica. Ambas perspectivas coinciden en un punto clave: los adultos han fallado en brindar herramientas emocionales y límites saludables, dejando a los adolescentes navegar solos en un océano de estímulos tóxicos. Sin embargo, hay una diferencia crucial entre la serie y la realidad: mientras Adolescencia plantea un desenlace dramático como consecuencia extrema de estas fallas, en Gualeguaychú —como en tantas otras ciudades— el sufrimiento adolescente es un grito silencioso, normalizado en estadísticas de salud mental o denuncias por violencia. La solución, como señala Vallenari, no puede depender solo de los organismos públicos: es urgente que familias, escuelas y comunidades dejen de mirar hacia otro lado. Porque si algo enseña tanto la ficción como los testimonios locales es que, cuando los adultos no escuchan, los adolescentes terminan hablando a través de conductas destructivas. Lo que la serie de Netflix nos obliga a debatir La miniserie británica “Adolescencia” sigue a Jamie, un joven de 13 años acusado de asesinar a una compañera de clase. A través de un relato crudo y no lineal, explora los vínculos tóxicos entre adolescentes, la influencia de las redes sociales, la soledad parental y el fracaso de las instituciones (la escuela y la Justicia) para contener situaciones de violencia. Durante los cuatro capítulos aparecen dos términos clave. Por un lado, incels (involuntary celibates) que se ve retratado a través de personajes que expresan odio hacia las mujeres por su "incapacidad" de conseguir relaciones sexuales; este discurso se filtra en foros online donde jóvenes justifican la misoginia como respuesta al rechazo. Y por el otro, manosfera: redes y grupos en los que se consume contenido de comunidades antifeministas (como redpill o MGTOW). Se ve reflejado en diálogos donde se deshumaniza a las mujeres y se promueven estereotipos de masculinidad violenta. “Adolescencia” no solo expone estos conceptos, sino que los vincula a un sistema que los normaliza: desde memes misóginos compartidos en WhatsApp hasta profesores que ignoran señales de alarma. La serie sirve como espejo de una generación que aprende a relacionarse en Internet antes que en la vida real con consecuencias devastadoras.
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