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» Diario Cordoba
Fecha: 05/04/2025 15:24
Las ahora famosas tierras raras (REE por sus siglas en inglés Rare Earth Elements) son metales de transición que se descubrieron a finales del siglo XVIII con los óxidos itria y ceria. Se les denominaban tierras porque aparecen en la naturaleza como óxidos metálicos que no se podían disolver en agua ni ser extraídos de la roca madre con las técnicas de la época; y lo de raras no es debido precisamente a su escasez, siendo más abundantes que muchos minerales en la corteza terrestre, sino a lo difícil que es encontrarlas en grandes concentraciones y de forma pura. La similitud de sus radios iónicos hace que su comportamiento químico sea muy similar, por tanto, son difíciles de separar. Así, pueden formar parte de numerosas especies minerales, desde óxidos a fluoruros, carbonatos, fosfatos y silicatos. Las tierras raras agrupan a 17 elementos químicos, los 15 lantánidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio), escandio e itrio. Resultan atrayentes las nomenclaturas de estos elementos. El lantano procede del griego lanthanein, que significa escondido, debido a que se encontraba camuflado en un mineral de cerio; este, a su vez, procede del asteroide Ceres, que fue avistado dos años antes de su descubrimiento en 1803, y dicho asteroide recibió el nombre por la diosa romana de la agricultura, la fertilidad y la maternidad. El prometio, que prácticamente no tiene presencia en la tierra, sino que se obtiene de forma artificial en reactores nucleares, surge del titán Prometeo de la mitología griega, que robó el fuego del Monte Olimpo para llevarlo a los humanos. Podríamos seguir documentándonos sobre todas y cada una de las designaciones de los elementos, que, en muchos casos y de forma poética, los relaciona con sus características físico-químicas y con las aplicaciones que tienen en la actualidad. No es hasta la mitad del siglo XX cuando las tierras raras empiezan a utilizarse, sobre todo en la industria. Empiezan a ser trascendentes en el desarrollo tecnológico a partir de la década de los noventa y se produce un auténtico boom de las mismas en los últimos 15 años. Zona mineralizada de un sondeo a 462 metros de profundidad con el 10% de cobre y el 2% de zinc. / IGME-CSIC La mayor complejidad y rendimiento de los productos finales en multitud de sectores han hecho necesario el uso de estos elementos para su fabricación. Se precisan sobre todo para los imanes y catalizadores con prácticamente la mitad de la producción, además de utilizarse en aplicaciones tales como la cerámica, aditivos para vidrios, aleaciones de metalurgia, pulido, pigmentación, luminiscentes en láseres o pantallas, etcétera. Al final, un producto de cualquiera de estos sectores va evolucionando continuamente con el paso de los años y, en gran parte, es a raíz de dichos elementos que hacen posible aumentar la calidad y eficiencia del resultado. De ahí que también se designe a estas tierras raras como el «oro verde». Los más utilizados son los «gemelos» neodimio y praseodimio, que fueron bautizados así en 1885, cuando se observó que el didimio era en realidad una mezcla de estos dos elementos y fueron separados. Forman parte fundamental de los súper imanes necesarios en la medicina, por ejemplo, para los escáneres de resonancias magnéticas, o en las energías verdes, como es el caso de las turbinas eólicas en aerogeneradores. La relevancia de estos elementos radica en que son imprescindibles para esa transición en la que nos encontramos, además de haber provocado una alerta mundial sobre el autoabastecimiento de los mismos en distintas zonas para no depender de terceros países Pero ¿por qué de repente las tierras raras nos aparecen por todas partes? La principal razón es que China es el primer productor mundial con el 60% del mercado, procesando además el 85 % de estos minerales. Este monopolio de mercado, que empieza a desarrollar el gigante asiático en 1993, provoca que la cadena de suministro, en nuestro caso de Europa, dependa en muchos casos de casi la totalidad de estos materiales. Esto se traduce en una dependencia total en este caso de las tierras raras, pero también en un número elevado de minerales críticos. Minerales críticos y contexto geopolítico No debemos olvidar que estas tierras raras descritas anteriormente forman parte de la última lista actualizada de la Unión Europea de 34 minerales fundamentales, que la forman el aluminio, carbón, litio, antimonio, feldespato, escandio, arsénico, fluorita, magnesio, silicio metálico, barita, galio, manganeso, estroncio, berilio, germanio, grafito, tántalo, bismuto, hafnio, niobio, titanio, borato, helio, tungsteno, cobalto, fosforita, vanadio, cobre, níquel y las anteriormente citadas tierras raras. Se consideran críticos sobre todo por dos razones principales, dentro del contexto inestable geopolítico mundial en el que nos encontramos: por una parte, el riesgo de la escasez de suministro y, por otra, que los efectos que generan en la economía son más importantes que los de otras materias primas. Por tanto, debemos entender, para así tener una visión más amplia y objetiva, que todos estos minerales fundamentales son cruciales y no solo las famosas tierras raras. Formación en sismógrafos para monitorización de voladuras en la Escuela Politécnica Superior de Belmez. / IGME-CSIC Para la elaboración de este listado la Unión Europea analizó 70 grupos de minerales, determinando que en la última revisión de 2023 son esas 34 materias primas las que más influyen a nuestra economía. El modelo de generación europeo basado en fuentes de energías renovables permitirá reducir la dependencia sobre los combustibles fósiles, pero supone la aparición de nuevas demandas de materiales y materias primas. Es por ello que Europa pretende arrancar su propia producción de materias primas fundamentales mediante el reciclado de minerales y la puesta en marcha de nuevas actividades mineras. El enfoque sobre el autoabastecimiento empezó a cambiar hace varios años, sin embargo, se aceleró con el covid 19, cuando el cierre de los mercados provocó una gran escasez de suministro y la consiguiente problemática que acarreó en, prácticamente, todos los sectores. Las guerras de Ucrania y Gaza, diferentes conflictos internacionales o los recién impuestos aranceles de la administración estadounidense han producido una inestabilidad e inquietud global con un vuelco total en las políticas a todas las escalas. Además, la creciente demanda de muchas de estas materias primas, dado su papel clave en la realización de las transiciones ecológica y digital, llevó a Europa en marzo de 2024 a aprobar el Reglamento de Materias Primas Fundamentales (Critical Raw Materials Act), donde se proponen los parámetros de referencia en la cadena suministro que debe alcanzarse para 2030. Entre ellos hay un claro impulso a la extracción de recursos; entre ellos, se debe cubrir que al menos el 10% de los recursos minerales que se consuman en la UE sean extraídos en su territorio. Pero también se incluye la transformación y el reciclado de las materias primas, todo ello en un marco de una economía más sostenible y circular. De esta forma, todos estos minerales fundamentales adquieren, además de su valor como materia prima, un concepto de utensilio geopolítico. Andalucía minera, presente y futuro ¿Dónde nos sitúa exactamente este escenario internacional? Nuestra comunidad es actualmente la punta de lanza de la minería en España con 475 explotaciones que representan un 40 % de la producción y que se eleva al 90 % si nos referimos a la minería metálica con la bullente actividad existente en las provincias de Huelva y Sevilla, generando más de 30.000 empleos. En esta zona geográfica se encuentra la Faja Pirítica Ibérica, que es la mayor reserva de sulfuros polimetálicos de Europa con unos de los depósitos de cobre más ricos del mundo. Hay que resaltar también que somos el primer productor de mineral de estroncio a nivel mundial con las explotaciones de Montevives y Escúzar en Granada. Esta sustancia está demandada en la industria tecnológica para fabricar microchips o imanes de motores. Andalucía cuenta con el primer mapa de minerales críticos realizado en España, en el que se identifican zonas susceptibles de aprovechamiento de 17 de los minerales fundamentales antes citados gracias al convenio de colaboración entre la Junta de Andalucía y el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), en el que se contabilizan casi 2.000 indicios de sustancias críticas. Respecto a las tierras raras, el mapa recoge que «aunque en Andalucía no hay estrictamente indicios mineros de tierras raras, éstas se han encontrado asociadas a yacimientos de otros minerales, formando parte de su red cristalina como la barita o los granates». Esta actualización de los recursos va a suponer un mejor conocimiento de nuestra geología minera, convirtiéndose en una herramienta de gran valor para proyectos de investigación y exploración en la zona y única a escala nacional. Córdoba: recursos, licoteca y Universidad Fruto de esta investigación se emplazan 559 indicios mineros en nuestra provincia, situándose todos ellos en la zona norte. La minería en el norte de Córdoba se ha desarrollado históricamente con muchísimos episodios relevantes, desde los tartesos, que explotaron yacimientos de cobre en Cerro Muriano, los romanos con las minas de oro, plata y cobre en el término de Fuente Obejuna y los yacimientos de galena en el siglo pasado, hasta las recientes minas de carbón de la cuenca del Guadiato. Encontramos filones de barita y fluorita al noroeste de la provincia, en la zona geológica de Ossa-Morena y Centro Ibérica; presencia de antimonio al sur de Espiel; wolframio y bismuto que se asocia con el cobre en la comarca de Los Pedroches, o un pequeño indicio de cobalto en la cuenca del Guadiato. Dichos minerales son fundamentales en nuestro día a día para aplicaciones tales como la industria farmacéutica, pigmentación o materiales de construcción en el caso de la barita, ácido fluorhídrico para refrigerantes, espumantes y farmacia, fabricación de lentes y aluminio metálico con la fluorita; el antimonio es usado en aleaciones, acumuladores de energía y en las industrias textil y química; los usos del wolframio en medicina como blindajes radiológicos o elementos en radioterapia; el bismuto en farmacia, cosméticos y odontología, y para el caso del cobalto, se emplea en la fabricación de motores, imanes y prótesis. Estas serían apenas unas pocas aplicaciones de las tantas que tienen cada uno de estos elementos. El estaño no se encuentra en dicha lista, pero es fundamental para la economía, ya que es básico para las aleaciones, la electrónica con el recubrimiento de componentes y soldaduras o la fabricación de envases, encontrándose, de hecho, como materia prima fundamental en otros mercados como el canadiense. El Proyecto Oropesa, situado al sur de la Sierra de la Grana en el término municipal de Fuente Obejuna, es el principal yacimiento de estaño en Europa, con unos recursos mineros de casi 20 millones de toneladas de gran riqueza, y se encuentra en tramitación administrativa para obtener los permisos necesarios con el objetivo de iniciar la producción a finales de 2027. La explotación de este tipo de materiales también cuenta con el apoyo de la Comisión Europea, que señala que «todas las materias primas, estén o no clasificadas como fundamentales, son importantes para la economía europea, por tanto, no conviene desatender una determinada materia prima ni su disponibilidad para la economía europea sólo porque no se la considere materia prima fundamental». Un yacimiento de esta envergadura con el cumplimiento de los requisitos medioambientales, geoestratégicos y de justicia social sería crucial para una comarca con pasado minero y cuya situación es bastante dura y compleja respecto a la pérdida demográfica y de empleo. Al margen de todas estas materias primas, la provincia cuenta con dos recursos diferentes, pero de gran riqueza para la ciencia y la investigación, como son la Litoteca del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) y la Escuela Politécnica Superior de Belmez, de la Universidad de Córdoba. La Litoteca es una infraestructura científica única creada por el IGME en 1988 en Peñarroya-Pueblonuevo, una instalación de 8.000 m² donde se conservan, catalogan y gestionan muestras del subsuelo de España en forma de testigos y ripios procedentes de sondeos mecánicos. Además, cuenta con un enorme fondo documental (mapas, cartografías, planos y otros documentos gráficos de gran interés histórico y científico) asociado a las actividades de exploración subterránea, explotación de los recursos geológicos del país y minería. La instalación ha sufrido varios procesos de transformación. Actualmente está compuesta por cinco naves, dos de ellas destinadas a la conservación del material ya catalogado, y el resto al almacenamiento de los sondeos pendientes del proceso de revisión, sala de escaneado de muestras y testigos, distintas zonas para la manipulación y preparación de muestras, testificación de sondeos, biblioteca, sala de documentación y archivos. Los testigos y las muestras proceden de la investigación y exploración de recursos geológicos (aguas subterráneas, minería, hidrocarburos, energía geotérmica) y la investigación geológica regional, y su procedencia es variada (trabajos realizados por el propio IGME, de otras instituciones públicas y exploraciones realizadas por empresas públicas y privadas). En la actualidad, la Litoteca tiene como misión la gestión, catalogación, clasificación, digitalización y puesta a disposición para consulta del material custodiado y depositado en sus instalaciones, logrando proporcionar una infraestructura científica que permita mejorar, perfeccionar y actualizar el conocimiento geológico y minero del país dentro de los programas y trabajos de investigación relacionados con las Ciencias de la Tierra desarrollados tanto por entes públicos como privados. En ella se conservan, catalogan y gestionan más de 265.000 metros de testigo continuo y 2.138.000 muestras de ripios de sondeos de hidrocarburos e hidrogeología. Además, se preservan unas 190.000 muestras geoquímicas de sedimentos y suelos y cerca de 10.000 muestras procedentes de estudios de geología marina. Por otro lado, la Escuela Politécnica Superior de Belmez ofrece el grado en Ingeniería de la Energía y Recursos Minerales o la posibilidad de realizar un doble grado con Ingeniería Eléctrica o bien con Ingeniería Civil. El déficit de profesionales del sector minero en auge, tanto de ingenieros de minas como de geólogos, provoca que este campus de la UCO sea un reclamo para esos jóvenes que busquen en la ingeniería su futuro profesional. La riqueza de nuestro suelo, unida a estas grandes estructuras científico-técnicas, hacen que Córdoba presente considerables posibilidades de contribuir a este avance tecnológico imparable. Suscríbete para seguir leyendo
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