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» Diario Cordoba
Fecha: 05/04/2025 12:46
Resulta complicado dilucidar el origen de algunas leyendas, y cómo germinan estas en cualquier recoveco con un mínimo de peculiaridad. En Córdoba, un pequeño orificio en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad bastó para que, entre la gente, se difundiera la creencia de que si metías el dedo te casabas ese mismo año. El orificio no se abre ahí por azar, sino que sirve de desagüe para que el agua de las lluvias no se acumule sobre el sillón. Sí, han leído bien. Se trata de un sillón labrado en piedra y se ubica ante una de las vistas más impresionantes que ofrece la capital. El sillón del obispo Junto a una cruz de piedra, a la derecha de la explanada que se abre paso bajando las escaleras a los pies del monumento al Sagrado Corazón de Jesús, en Las Ermitas de Córdoba, se encuentra un sillón donde, según dejó escrito Pedro de Madrazo -periodista y escritor, entre otras cosas-, contemplaba la maravillosa postal de la ciudad el obispo Pedro Antonio de Trevilla. Una inscripción en la piedra recuerda a quien dirigió la Diócesis de Córdoba entre los años 1805 y 1832. Un joven fotografía las vistas desde Las Ermitas, junto al sillón del obispo. / A.J.González Fue el obispo quien lo mandó construir, según las crónicas antiguas, a principios del siglo XIX con el propósito de tener un privilegiado asiento ante la panorámica que, a 500 metros de altura, se aprecia desde el Desierto de Nuestra Señora de Belén; y los ermitaños, que habitaron aquellos lares durante 254 años, cumplieron el deseo del prelado. Historia y leyenda El sillón puede pasar desapercibido a la vista que, irremediablemente, se dirige entre los visitantes al Sagrado Corazón de Jesús que gobierna el cielo, con sus casi 30 metros de altura, o al paisaje extendido más allá del conocido como Balcón del Mundo, pero no deja de ser uno de los rincones más peculiares del complejo religioso. Pero, ¿qué hay de la leyenda? El sillón del obispo, en Las Ermitas de Córdoba. / Córdoba Antes que nada, un apunte más sobre el asiento obispal: cuando fue construido, Las Ermitas sumaban ya un siglo de existencia. En 1703, el Ayuntamiento de Córdoba cedió aquella cumbre de la sierra, un terreno baldío y realengo que era denominado Cerro de la Cárcel, para que los ermitaños, dispersados por la falda de Sierra Morena, vivieran allí. Unos años después, levantaron la iglesia, las trece ermitas y la cerca del Desierto de Nuestra Señora de Belén. Atardecer en Córdoba desde las espaldas del Sagrado Corazón de Jesús. / Córdoba Ahora sí, sobre la leyenda, cuentan que las mocitas acudían y buscaban asiento en el sillón cuando querían fundirse en matrimonio, aunque más precisa es la historia que apunta al orificio de desagüe -en uno de los laterales- como llave para cumplir ese propósito: si alguna de ellas lograba introducir el dedo en él, ese mismo año pasaría por el altar. No es la primera historia popular que intenta satisfacer deseos conyugales, pero sí una de las más curiosas que la tradición oral ha hecho trascender en Córdoba hasta estos días.
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