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  • Milei sospecha de un pacto negro entre Macri y el círculo rojo

    » Misionesparatodos

    Fecha: 05/04/2025 10:12

    En medio de las turbulencias por la guerra comercial que desató Donald Trump, el Presidente está convencido de su política cambiaria. Aunque comprende los argumentos del Fondo, considera que el reclamo local en favor de que abandone el crawling peg del 1% mensual y acelere la devaluación del peso responde a los lobbys industriales tradicionales. Para Milei, tendrían esta vez como principal referente a Mauricio Macri. Para Javier Milei no hay duda. Mauricio Macri actúa como opositor y crítico de su plan económico, no por cuestiones políticas (o no sólo por ellas), sino por causas más de fondo. Influido quizá por algún o algunos asesores con intereses particulares, el Presidente y su entorno están convencidos de que el exjefe de Estado está nuevamente en la escena preferencial tirando dardos envenenados contra la estrategia cambiaria; por haber asumido un nuevo rol en su vida profesional: el de representante de lujo de los grandes intereses creados de la Argentina. O, dicho de otra manera, según Milei y sus huestes, Macri se convirtió en el nuevo embajador del círculo rojo. Y en el representante directo de la defensa de las necesidades de este grupo de industriales, empresarios de servicios e interesados en general; incluyendo el bombardeo del aspecto más crítico de la política económica del oficialismo: la política cambiaria. Según esta visión de los libertarios, Macri se suma a Domingo Cavallo, los economistas ortodoxos en general, la Asociación Empresaria Argentina (AEA), la Unión Industrial Argentina (UIA), y el resto de las representaciones privadas (y algo públicas) de los principales referentes empresarios argentinos de ayer, hoy y siempre; con el objetivo de presionar por lo más sensible de la estrategia oficial cambiaria. Abandonar el crawling peg al 1% mensual e ir a un esquema de libre flotación (si se quiere sucia) o esquema de bandas. Todo esto con un levantamiento del cepo lo menos gradual posible. En síntesis: devaluar el peso. Y llevarlo a un nivel de aproximadamente 1.400 pesos. Sólo así se explicaría en términos libertarios esa frase macrista de mitad de semana, donde apuntó sus cañones al tema en cuestión; más allá de las críticas políticas que el expresidente podría haber hecho por haberse sentido dolido por la embestida del oficialismo sobre la gema más preciada del PRO: la Ciudad de Buenos Aires. A diferencia del FMI, Milei considera que el reclamo local por una devaluación obedece a los lobbys de siempre, que según la visión oficial ahora tendrían a Macri como representante. La frase en cuestión que el oficialismo analiza con mecanismos de fiscalización de relojería, es la que Macri lanzó en una de las entrevistas que dio en su raid mediático, donde declaró que “yo diría que el Presidente y el ministro de Economía saben bien que hay que apoyar fuerte para que Argentina crezca en sus exportaciones y las exportaciones están sufriendo. Esto se arregla bajando impuestos y teniendo otro tipo de cambio”. El mecanismo de inspección que desplegó el Gobierno, insiste en que el concepto es igual al que hace unos días lanzó el exministro de Economía, Domingo Cavallo. En aquellos días, sin mayores vueltas, el propio Javier Milei deconstruyó el concepto con el argumento que el creador de la convertibilidad está ahora al servicio de los empresarios que pujan por una devaluación. Y a los cuales ni el Presidente ni el ministro de Economía, ni ningún otro funcionario, atienden. Milei está convencido de su política cambiaria. Y así lo hace saber ante su principal challenger de estos tiempos en estas cuestiones: el mismísimo Fondo Monetario Internacional (FMI). Considera en este caso que los cuestionamientos cambiarios del Fondo son justificables, dado que el organismo siempre recurre a su manual de acción; el que, cada vez que tocó aplicar en Argentina, fracasó. Pero a diferencia del FMI, considera que el reclamo local por una alteración del tipo de cambio, sólo obedece a los lobbys de siempre. Los que ahora, según siempre con la visión oficial, tendrían a Macri como referente y embajador. Lo curioso de la tesis, es que de ser cierta, cambiaría la historia de la relación entre Mauricio Macri y el círculo rojo. Y rompería una realidad histórica que el expresidente comparte con Milei. Ambos fueron siempre ninguneados por este grupo de poderosos, quienes consideraron a ambos como challengers de segundo nivel. De hecho, es una realidad, que esta concentración de PBI privado no tenía eufemismos en reiterar que el candidato de las últimas elecciones era en realidad Sergio Massa, por encima del libertario al que, antes y ahora, no le tenían confianza. Milei desconfía de este círculo rojo desde abril del 2023, cuando en la incipiente campaña fue invitado al autodenominado Foro del Llao Llao. En medio del imponente hotel construido por Bustillo en Bariloche, y donde una vez por año la selección de empresarios más importantes del país se reúne a reflexionar y escuchar a los políticos dar examen; Milei llegó con traje de ganador y se enfrentó a personajes como Eduardo Elsztain, Marcos Bulgheroni, Marcos Galperin, Carlos Miguens, Federico Braun y Martín Migoya. Allí ensayó por primera vez alguna explicación sobre sus planes dolarizadores y de demolición del Banco Central; recibiendo, con sorpresa para él, cierta frialdad ante el avance de su relato, y finalmente complicadas preguntas sobre un tema clave que hoy sigue teniendo actualidad: cómo implementará tamañas hazañas macroeconómicas sin mayorías políticas cercanas. Desde ese momento, los mayores empresarios del país (ante quienes había dado durante casi una década innumerables charlas) fueron calificados por el libertario como parte de “la casta”. Y, en consecuencia, material a calificar de enemigos. Así lo hizo. Al punto de organizar hasta una Contracumbre de IDEA, boicoteando al tradicional evento de ese año electoral de Mar del Plata. No le iba mejor a Macri con este grupo. Llegado al poder en diciembre de 2015 con todo el ímpetu de triunfar, desplegó unos primeros meses de gestión bajo el hit de campaña que aseguraba que sólo con su ingreso a la Casa Rosada bastaría para cambiar la realidad del país, y mutar el pesimismo en el futuro económico de la Argentina en un irrefrenable faro de reconstrucción de la confianza malherida durante el kirchnerismo. No pudo ser. A poco de andar, sus propios errores y las firmes dudas de los empresarios sobre el posible éxito final de su gestión, hicieron que ninguna de las dos partes estuvieran cómodas. Los vínculos comenzaron a romperse en aquella fallida conferencia de prensa del 28 de diciembre del 2017, donde el entonces jefe de Gabinete Marcos Peña sepultaba las posibilidades de éxito de la gestión económica, ante la vista atónita de empresarios que comenzaban a ver cómo el macrismo se transformaba en un proyecto algo fallido. Las inversiones nunca llegaron, los brotes verdes nunca crecieron y la promesa de crecimiento del segundo semestre se transformó en una broma entre integrantes de la élite empresaria. La templanza del entonces Presidente terminó durante la corrida cambiaria del segundo trimestre del 2018, que derivó en un regreso al Fondo Monetario Internacional (FMI), hecho criticado por la clase dirigente empresarial, la que temía, con razón, que llegaría un ajuste fiscal que terminaría por sepultar las posibilidades de reacción del macrismo en el poder. Llegó a los oídos del entonces jefe de Estado una definición algo denigrante, que en un encuentro empresarial había sido dicha por un clásico representante de los privados poderosos, vinculado a sectores de la construcción y energético. “Qué querés del hijo del Tano. Por algo el padre no quería que sea Presidente”. No hubo vuelta atrás. Las partes nunca se reconciliaron y llegaron, en casos, a críticas furibundas y roces judiciales por acusaciones a altos referentes de la obra pública. Esto sumado a contratos incumplidos por el Estado y el llamado del entonces Presidente a los empresarios a “terminar con comportamientos mafiosos”. En los días en que Macri presentaba su opus “Segundo Tiempo”, explicaría sus problemas con el círculo rojo, con la alegoría que siempre prometían apoyar cambios al tiempo que preguntaban “¿la mía está?”. Para Milei esto es pasado. Y la relación entre Macri y el círculo rojo está en una nueva etapa. Superadora. Y para el ahora Presidente, casi golpista. ‘Te llevo bajo mi piel…’ | Pablo Temes Por Carlos Burgueño-Perfil

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