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  • Gonzalo Sánchez: el rol del periodista, su opinión sobre Milei y su definición del kirchnerismo como “progresismo hipócrita”

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 05/04/2025 02:48

    Personajes - Gonzalo Sánchez Para contar historias ajenas antes es necesario vivir las historias propias. Solo de ese manera es posible tener una medida de las emociones, de las sensaciones, de la felicidad y la tristeza, de la dicha y el dolor, de la gratificación y la injusticia. Para contar historias antes (y durante) hay que vivir. Y eso mismo hace Gonzalo Sánchez: “Yo disfruto mucho de mi vida, soy un hedonista que todo el tiempo busca placer”, dice -y no por casualidad- este periodista que de niño soñaba con recorrer el mundo contando lo que veía. Y que terminó dándole varias vueltas, para convertirse en documentalista y publicar cuatro libros. Todo eso, hasta el momento. Porque ya habrá más, claro. Hoy, Gonzalo se encuentra a gusto en lo que define como “un proyecto único”: La mañana de Infobae En Vivo, en la que comparte ciclo con Carolina Amoroso, Cecilia Boufflet y Ramón Indart, un destacado equipo en el que se amalgaman “improntas y perfiles distintos”. En el streaming, Sánchez se permite descubrir un nuevo formato que no le resulta del todo ajeno. “Hay una forma moderna de comunicar que, para mí, es al mismo tiempo una novedad y un desafío: cruzar lo que uno ha sido a lo largo de estos años. La experiencia radial, la televisiva y, sobre todo, el juego de la conversación -explica-. Y después está lo urgente de las noticias. Así como nos gusta contar historias y hablar de la vida misma, también somos adictos a lo que acontece”. Y es entonces cuando se presta al diálogo en esta entrevista. Para contar sus historias, para descubrir su vida: desde su vínculo con Jorge Lanata hasta el rol del periodista en la actualidad y la mirada sobre Milei, reparando también en la paternidad, la pareja, los amigos. En su vida. Gonzalo Sánchez en los estudios de Infobae (Candela Teicheira) —¿Lo extrañas a Lanata? —Sí, sí. —¿En qué? —Nos hacía sentir ajenos, a salvo del barro. Yo sentía como que era “papá Lanata”. —¿Cuántos años trabajando juntos? —Con Jorge tuve dos etapas. Una primera etapa desde la revista Veintitrés hasta el diario Crítica. Y tuve una etapa muy linda con los documentales, viajando por el mundo. Cuando arranca PPT, me voy. Y después, por esas vueltas, desde Radio Mitre Lanata me pega el grito: “Volvé, vení con nosotros”. Y tengo la suerte de decir que integré ese último grupo que acompañó a Jorge hasta el final. Fue doloroso y muy humano todo lo que pasó. Hay algo que se lleva adentro como algo especial. A veces pienso en la cantidad de colegas, los lanatistas, los que han salido de esa usina: somos todos tan distintos, tan diversos. Generacionalmente, con nuestras miradas. Eso era Lanata: la diversidad, esa posibilidad de poder pensar diferente, de poder discutir. Con Lanata te sentías al margen de la roña que hay, que existe: el ensobrado, que a mí no me gusta nada. No me gusta los periodistas que se acusan, a unos y a otros. No me gusta el periodista que levanta el dedo contra un colega. —¿Eran amigos? —No, no éramos amigos. —¿Por qué no quisiste ir a PPT? —En ese momento yo tenía otros intereses. Yo no quiero estar diversificado y soy mejor si pongo la cabeza en una sola idea. El arranque de PPT se superpuso con mi arranque en Clarín; también estaba muy metido con los documentales y escribiendo un libro sobre la Guerra de Malvinas. Tuve la chance de ir, pero dije que no. —¿Te despediste de Jorge? —No, no. El año pasado, cuando Lanata tiene el primer episodio, que ya queda postrado y no vuelve, yo estaba en España con mi pareja. Fue un 14 de junio. El 7 de junio, el Día del Periodista, yo estaba en Madrid y él hizo una ronda en la mesa: le encantaba preguntarnos sobre algún tema. Y nos preguntó a cada uno por qué habíamos elegido ser periodistas. Yo hice un comentario y él lo tomó como algo positivo: “Está bueno esto que dice Gonzalo”. Cuando Lanata hacía eso nos sentíamos muy legitimados, como niños. ¿Sabés qué sensación tengo? Que en sus últimos años conecté humanamente con Jorge. Repito, no fui amigo. Pero el cariño lo desarrollamos en el último tiempo. "Sigue siendo posible encontrar historias exclusivas", afirma Gonzalo Sánchez amante de la naturaleza. —De todas las historias que narraste, ¿cuál fue la que más te gustó contar? —¡Uff! Qué sé yo, tengo mil... Viví con el matrimonio mapuche que le disputó tierras a Benetton en la Patagonia. Le dediqué cinco años de mi vida a ese trabajo: ir a la Patagonia, subir montañas, entrevistar gente, volver. Tuve años de mucho territorio antes de sentarme acá, con mucha felicidad. Cada vez que me muevo, me revitalizo. En algún momento voy a necesitar moverme, contar una historia. Sé que esa abstinencia va a venir. —¿Ese momento en el sur es el que te conecta con todo lo que tiene que ver con lo ambiental? —Sí. Hay algo ahí que me enlaza con la naturaleza y con un cierto interés por los temas ambientales. Pero después, a medida que fui madurando, creciendo, envejeciendo o lo que fuera, también empezó a entrar algo de la textura de lo político y lo económico en todo esto. Lo ambiental se volvió tema; antes no lo era. —Cinco años estuviste trabajando, entendiendo y conociendo esta historia de los mapuches y Benetton. —Por eso descubrí a Jones Huala. Esto lo digo modestamente: fue la primera vez que alguien se encontró con Jones Huala. Un día, hace casi diez años, llegué a la redacción donde trabajaba y le dije al jefe de turno: “Hay un tipo que tiene un apellido que te va a causar gracia. Se llama Facundo Jones Huala y es mapuche. Ese pibe va a hacer mucho despelote”. Así lo vendí. Y publiqué una nota: “¿Quién es Facundo Jones Huala?”. Y lo descubrí porque, de tanto ir al sur, yo sabía quiénes eran. Después pasó todo lo que pasó, Santiago Maldonado, toda la historia. —Cinco años buscando una historia que querías contar. En este mundo en el que vivimos, con esta inmediatez y con las redes sociales, ¿hoy te parece posible? —Sí, sí. Sigue siendo posible encontrar historias exclusivas. Hacer un ejercicio de separarte de las cosas. Es lo único que nos queda. Y es necesario. Hay que tomar distancia de la locura para poder encontrar cosas nuevas. De todos modos, para un periodista también funciona el vértigo, la avalancha de información, el hiperconsumo de datos. —¿Te gusta entrar y salir de las dos modalidades? —Sí. Y lo logro. Consigo apagar un poco las cosas cuando hay que apagar. Me tomo mi tiempo para ir al cine, para intentar terminar los libros, para estar sociable en otros lugares, para incorporar cosas nuevas. Por ejemplo, vi las diez películas candidatas al Oscar. Es puro placer pero, al mismo tiempo, te hace infinitamente mejor periodista, ser mucho mejor en la conversación. Por ejemplo, Cónclave: había que tenerla en la cabeza porque Francisco tiene una salud frágil, porque es nuestro papa argentino, porque lo que cuenta la película puede suceder en la realidad. —¿Cómo es ser periodista hoy? —Hoy un periodista no puede ser monotema, ni algo que se quede quieto. No puede hablar solo lo que le interesa y nada más. Y tiene que pensarse como una unidad productiva en sí misma. —Sos tu marca. —Soy mi marca. Por supuesto que hoy soy Gonzalo Sánchez, en Infobae. Pero soy mi marca. Antes no era así. Antes, las empresas de medios te fagocitaban, había como algo: “Mirá que vos sos vos porque trabajás acá, no por otra cosa”. Y ya no es así. Somos nosotros. Por supuesto que necesitamos de ese acuerdo con las empresas serias, con las plataformas que valen la pena. Y necesitamos micrófonos. Pero hay que trabajar para ser nosotros. —¿Y cómo es ser periodista en la Argentina de hoy? —Bueno, lidiás con un ecosistema que está repleto de fuego cruzado: podés quedar de un lado o del otro de la grieta. Creo que no hay que levantar la voz al pedo. Perdón que lo digo así, pero a veces hay tanta chance de hablar, tantas posibilidades, que uno corre el riesgo de decir una estupidez. Y hay muchos que dicen estupideces. El ABC de esta profesión es el juego de la compensación, de la búsqueda de equilibrio, de construir un punto de vista. Y está bien asumir que no la tenemos clara, que tenemos que aprender de las cosas que no sabemos. Entonces, es lógico que cometamos errores. Y hay que aprender a asumirlos. Gonzalo Sánchez: "Un comunicador tiene la responsabilidad de generar serenidad, de no disparar a la gente, de no alterar a las personas" (Candela Teicheira) —¿En qué momento pasó que los argentinos tenemos que ser una cosa u otra? ¿Desde cuándo si cuestiono cualquier cosa de Milei, soy kirchnerista? —En algún momento de estos últimos 20 años eso se acentuó. Yo no tomo tanta posición: tengo contradicciones, cosas no resueltas, no la tengo tan clara. —En algún momento perdimos los grises: sos tibio si no apoyás o si no criticás absolutamente todo. —Los que creen que somos tibios, que sigan participando. Yo no lo siento así. Prefiero estar donde estoy y andar por la vida con este tono antes que andar pensando que tengo que lanzar una idea para la tribuna. El mejor ejercicio es no buscar una confrontación todo el tiempo, y cuando tenés dudas, plantearlas abiertamente. En un punto, nuestro trabajo también es pacificar. Cuando un periodista tiene que salir a fogonear y pegar palos, algo no está haciendo bien. Ante todo, un comunicador tiene la responsabilidad de generar serenidad, de no disparar a la gente, de no alterar a las personas. Podés dar la peor noticia del planeta pero desde un lugar de serenidad y profesionalismo. Más allá de todo, bajemos 30 cambios. Porque si ninguno toma la decisión de bajar un cambio... Alguien tiene que hacerlo. —Pero hay gente que pone tres tuits subidos de tono y después los ves laburando. —Sí. Pero eso también tiene mecha corta. El grito es efectivo: Twitter ha generado una avalancha de disruptivos, entre comillas, de ruidosos que desembarcaban en los medios. Y así como desembarcaron, pegaron la vuelta y se fueron, o la fórmula ya no les funciona más. —Hablamos de redes, del tono y de la política. ¿Qué te pasa con eso y este Gobierno? —No comparto las formas. No me gustan. Ahora, eso no impide que yo haga un ejercicio, que me lleva mucho esfuerzo, cuando tengo que reconocer que algunas cosas salen bien. —¿Qué te gusta? —El estilo de Javier Milei a mí no me gusta. Te diría que es casi una valoración estética. No me gustan sus tuiteros. Pero no puedo dejar de reconocer que hay cosas de la gestión que eran reclamos, que también eran míos, y que los cumplieron. Bastantes: desde bajar la inflación hasta apaciguar la calle. Yo soy de esa parte que pedía que no hubiera más piquetes, que pedía que bajara la inflación, y el combate al delito. Por supuesto, hay un montón de pendientes que también son un reclamo. Es que yo no soy pro ni anti Gobierno. Estoy en esa marea del medio: hay cosas que celebro y hay cosas que no me gustan nada. Y no la tengo muy clara si estos tipos están bien o mal. Tengo sensaciones. Y cada día trato de buscar información y datos para construir una idea. Siento que Milei es la expresión de algo que no esperábamos. Y generó una sacudida que nos hizo entrar a todos en crisis con ciertas ideas, a revisar ciertas cosas. —¿Dónde quedó el PRO en todo esto? —Me preocupan mucho estas vías de extinción del PRO. En buena medida el PRO encarnó un modelo de futuro que parecía interesante. Entonces, es un problemón. Porque La Libertad Avanza, avanza. Sí, me preocupa. —¿Y el kirchnerismo? —Es un momento de la historia con claroscuros, con mucha corrupción, con mucho autoritarismo. Y quiero creer que se terminó. Han sido muy corruptos, robaron un montón. ¿Y sabes qué es lo peor? Robaron y levantaron una bandera de la moral, de lo que está bien y lo que está mal. ¿Viste las discusiones de género? La hipocresía de ese progresismo, medio con fachada. Nunca me gustó el kirchnerismo como movimiento, ni los kirchneristas. Tampoco me gustó la mirada. —¿Y Manuel Adorni y el botón rojo para los periodistas? —Hace rato que le estoy escribiendo porque quiero que venga al programa: Adorni me genera mucha intriga. Es un personaje que está muy cercano a nosotros porque fuimos parte de la misma industria. De hecho, yo fui coequiper de Cristina Pérez en Mitre y después, Manuel fue su coequiper en Rivadavia. Lo respeto. No comparto muchas de las cosas que dice, pero no desde el lugar de que me escandalizo en el momento en que dice algo como esto del botón. Ahora, yo me sentaría con él para decirle: “Che, pará, escúchame. Hablemos, contame”. No tengo una animosidad. Si me parece un personajón. Y un gran vocero. ¿Sabés quién me pareció una gran vocera? Gabriela Cerutti. Son voceros que se llevan la marca porque a veces dicen cosas correctas y a veces, porque dicen barbaridades. Hacen bien su trabajo. —¿Adorni ya te dijo que sí? —No. Me dijo: “Venite a tomar un café en estos días”. Eso es periodismo puro: el café con fuentes, el famoso off. Gonzalo Sánchez junto a su hijo Teo. —¿Cómo anda la paternidad? —Teo es lo más. Cumple nueve años en mayo. ¿Qué te puedo decir? Nos vemos tres días sí, dos días no, el régimen de padre divorciado, ¿viste?, y lo extraño. Entonces, cuando se abre la puerta de la escuela, yo me paro para que me vea, para hacer contacto visual. Le hago así con la mano, digo: “Acá estamos”, y el tipo me hace así desde el patio. Y ya está, ya está... Ese momento, para mí, es la felicidad en la Tierra. Es todo. —Te emocionás. —Sí... Soy flojo en eso. Pero disfruto mucho de mi vida, soy un hedonista que todo el tiempo busca placer. Entonces, cuando no estoy con él, trato de que mi vida sea muy feliz: está mi pareja, la actividad deportiva, leer, ir a tomar un vino. Los días que estoy solo soy casi como un adolescente. —¿Te salen fácil los límites con Teo? —No. No soy bueno. Soy más del ciclo del sí que el no. Ahora me puse un poco firme con el tema electrónico. Por ejemplo, en el auto: “¿Papi, me prestás el teléfono?”; “No”; “¿Por qué?”; “Porque el teléfono es de los adultos”; “Pero me aburro”; “Aburrite. Mira por la ventana. Bancátela. Dale, loco. Yo también me aburría”. Estoy un poco así, en ese tono. Pero después soy bastante permisivo. —¿Y le decís que lo amás? —Sí, todo el tiempo: “¡wacho, no sabés cómo te amo!”. Así, todo el tiempo. —Y con tu pareja, es seis meses y seis meses. —Sí. Vero es espectacular. Es directora de arte, muy talentosa, un pájaro libre. Esa relación me hace muy bien porque me conecta mucho con lo artístico. Me hace ir a ver muestras, cuadros. Tenemos una situación de que estamos un tiempo juntos y otro tiempo distanciados, porque ella vive una parte en Madrid y otra en Buenos Aires. Así que más o menos, seis meses al año. —¿Cuántos años llevan juntos? —Es una historia que tiene diferentes momentos. Ahora estamos juntos desde el 2021, más o menos. Pasa que bueno, esto de que te ves y no te ves, también le da como una renovación permanente. Extrañarse está buenísimo. Y cuando ella no está, la vida también cambia.

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