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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 04/04/2025 02:48
Debemos abordar nuestras diferencias a través del camino del diálogo, el perdón y el buen trato (Imagen ilustrativa Infobae) Considero que es de gran inspiración la experiencia relatada por el Premio Nobel de la Paz, el obispo anglicano Desmond Tutu, quien trabajó con Nelson Mandela en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, testimonios impresos en el libro Sin perdón no hay futuro (recomiendo su lectura). Si bien muchas de las víctimas mencionadas en el libro no solo perdieron seres queridos, sino que también sus hijos fueron afectados por no acceder a los mismos derechos que otros ciudadanos por cuestiones de raza y color, Sudáfrica comprendió que era necesario sanar heridas del pasado y redimir verdades simples para recuperar la dignidad y la humanidad de una nación, en un escenario realmente complejo, producto de años de odio y violencia entre hermanos. Salvando las diferencias, Argentina necesita implementar verdades simples en la complejidad que atraviesa como sociedad, y sobre ellas quiero reflexionar: La vida vale más: una verdad muy simple es reconocer que la vida es un derecho supremo que está por sobre encima de cualquier otro derecho. Leemos esta nota porque estamos vivos. Nuestros sentidos están conectados con el aquí y ahora y sin este derecho no podría suceder todo lo demás. La vida debe ser honrada desde todo ámbito y, como lo expresa la siguiente expresión bíblica, “la vida es más que la comida, y el cuerpo es más que la ropa” (Evangelio de Lucas 12: 23)”. Las nuevas generaciones son el futuro: seguramente, la serie Adolescencia nos ha interpelado como padres, docentes, formadores de opinión, etc. Las nuevas generaciones tienen un lenguaje digital, muchos sus integrantes claman en lo más profundo su orfandad, por lo que es imperioso que nosotros, los adultos, decodifiquemos el vacío de sus almas, su grito disonante a lo que nosotros interpretamos como un pedido de auxilio. Lo que antes considerábamos la seguridad de una habitación confortable en nuestros propios hogares, hoy puede transformarse en un flagelo silencioso si no atravesamos la puerta de sus habitaciones y no nos comprometemos con un viejo proverbio: “Instruye al niño en su camino y aun cuando fuese viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). La verdad nos hace libres: en la globalidad de este mundo, se promociona una cultura de la mentira, a través de las fake news, promesas incumplidas desde alguna plataforma de campaña, se inventa una historia para perjudicar a otros, vidas que viven una apariencia para ocultar su vulnerabilidad, etc. El resultado del ejercicio de la mentira es convertir al ser humano en esclavo y deudor de sus palabras. Que una sociedad valore la verdad y que esta sí importe en cada ámbito es la clave para vivir una libertad verdadera y perdurable en el tiempo. Esto traerá armonía, paz y estabilidad, aunque a esa verdad duela escucharla. Pero el resultado coincidirá con las palabras de Jesús: “Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Evangelio de Juan 8:32). La verdad genera confianza en una sociedad que ya no quiere que los líderes le mientan, porque el tiempo y el esfuerzo dedicado son valiosos, y muchos ya no quieren tirarlos por la borda. Ya lo dijo Nelson Mandela: “Todo parece imposible hasta que se hace”. Solo basta creer que un cambio es posible, sostenerlo con el motor de la actitud y haciendo las cosas correctas por los motivos correctos, como lo menciona el escrito y conferencista John Maxwell en su libro Liderazgo del Camino Alto. Dios nos ayudará a vencer con el bien al mal. Seguramente pienses que formas parte de una minoría profética, que incentiva en las mesas de café o en el vestuario de un club los valores que nuestro país necesita para salir adelante. Esos valores también incluyen abordar nuestras diferencias a través del camino del diálogo, el perdón y el buen trato de los unos a los otros. Con tu dedicación y persistencia, esa minoría se convertirá en una gran Nación que anide verdades simples para un mundo complejo.
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