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» El Ciudadano
Fecha: 03/04/2025 15:19
¿Te imaginas un fin de semana superlargo? Dado que los seres humanos ya no serán necesarios para muchas cosas, o mejor dicho, serán sustituidos en muchas tareas, nuestra semana laboral podría acortarse a solo dos días de cada siete. ¿Cuándo? Dentro de una década, más o menos. Lo dice nada menos que Bill Gates, cofundador de Microsoft, gigafilántropo con inquietudes planetarias y visionario. En su libro de 1999 titulado Business at the Speed of Thought (Negocios a la velocidad del pensamiento), predijo la llegada o evolución de servicios o artilugios como (sin ningún orden en particular) los asistentes virtuales tipo Alexa, los teléfonos inteligentes, la publicidad dirigida y las finanzas en línea. En resumen, vale la pena escuchar al viejo William cuando decide externarse. Cómo será el trabajo del futuro (según Bill Gates) «¿Cómo será el trabajo? ¿Quizá solo podremos trabajar dos o tres días a la semana?» Gates se hizo esta pregunta retórica durante un episodio de The Tonight Show de NBC. No fue la primera vez: ya hace un par de años, en los primeros estertores de ChatGPT, el multimillonario había dibujado un escenario similar. Aquel, es decir, en el que trabajar poco será la norma y, en esencia, la mayor parte del planeta tendrá que preocuparse (nunca) de qué hacer con todo ese tiempo libre al que pocos están acostumbrados. A los muchos gurús que hablan precisamente del tiempo como la principal riqueza de nuestra era les faltará el suelo bajo los pies, si es que efectivamente esa es la dirección en la que irán las sociedades (al menos las más terciarizadas y desarrolladas digital y tecnológicamente). Cartas desde Kirguistán El panorama imaginado por Gates recuerda a un pequeño libro publicado hace más de veinte años y firmado por el director, poeta y filósofo Silvano Agosti, titulado Cartas desde Kirguistán. A través de diez misivas enviadas a sus amigos, Agosti habla de una sociedad imaginaria a escala humana, «donde cada uno parece gestionar su propio destino, y la serenidad permanente no es una utopía, sino un bien real y común». En Kirguistán, el problema del trabajo, principal responsable del embrutecimiento de los seres humanos organizado por el sistema turbocapitalista, se ha resuelto reduciendo a tres el número de horas diarias. Agosti apostaba, entonces, por un tiempo parcial horizontal, mientras que Gates optaría, al parecer, por uno vertical; en cualquier caso, las veintiuna horas restantes del día las dedicaría cada uno a lo que más le gustara: desde el descanso a la creatividad pasando por los hijos, la vida, el amor. Y luego la casa, los libros, los autos, los viajes… Evidentemente, no hay problemas de productividad en Kirguistán, que, al contrario, funciona de maravilla gracias a que todo el mundo va contento a trabajar y produce tanto en una hora como en un día en el antiguo régimen. No será para todos Sin embargo, al salir de Kirguistán y volver a la realidad, no podemos evitar darnos cuenta de que la de Gates no es una afirmación, sino realmente una especulación. También, en algunos aspectos, es una realidad que ya estamos experimentando en nuestra piel: en algunos casos con algunas ventajas, en otros con una carga de temores. Según el papá de Microsoft, por ejemplo, los médicos y los profesores serán los primeros en desaparecer. Agentes de inteligencia artificial nos cuidarán o darán clases particulares: y quién sabe si los honorarios y las matrículas costarán mucho menos. A los humanos, parece decir Gates, nos quedarán trabajos casi escénicos, como ser jugador profesional de béisbol, porque, claro, a nadie le gusta ver un partido de béisbol jugado por robots u ordenadores: «Habrá algunas cosas que nos reservaremos para nosotros; pero en términos de producir, mover y cultivar alimentos, con el tiempo serán problemas básicamente resueltos. Y con ellos, todos los operarios y trabajadores que se ocupan de ellos. ¿Contentos de no trabajar más? Los problemas de estos discursos son los dos de siempre. El primero es la narrativa necesariamente entusiasta. ¿Por qué deberíamos estar tan contentos de no trabajar más? O mejor dicho: ¿qué tipo de trabajador debería ser feliz y cuál no tanto? ¿Qué significaría para el crecimiento humano e individual? ¿Para qué estudiaremos y cómo marcaremos nuestra trayectoria vital, qué nos motivará? Por no hablar de que se trata de un escenario que, lo sabemos muy bien, estará reservado a unas pocas y turbulentas economías ricas. El segundo punto es que quienes proponen estos modelos nunca abordan la cuestión de la (re)distribución de la riqueza, que es el verdadero problema no del futuro, sino de hoy. En la sociedad con muy poco trabajo, ¿cuáles serán las fuentes de ingresos? ¿Nos apoyarán Sam Altman, Elon Musk y Bill Gates? El trabajo es un instrumento de emancipación y autonomía. En los últimos años, el trabajo es a menudo deficiente y psicológicamente frustrante: ¿pero lo son las tareas en sí, o su gestión y tratamiento económico?
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