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» La Capital
Fecha: 03/04/2025 15:13
No fue un contrasentido. La falta de puntería también hizo posible que al fin Newell's se regalara una noche de fiesta en el triunfo ante Boca El corte en el cuello del arquero de Boca Leandro Brey, antes del partido que terminó en victoria de Newell's en el Coloso. Solo una cuestión de puntería. Corre Luciano Lollo para asegurar el triunfo de Newell's sobre Boca. La mala puntería ya había hecho lo suyo. El título no guarda la intención del engaño, sí el de la curiosidad que pueda derivar en la reflexión. No es nada irracional pensar que la gran noche de Newell's ante Boca , la mejor en muchísimo tiempo, pudo truncarse por la falta de puntería . No de Luciano Herrera, por supuesto. No de Luciano Lollo que la metieron. Ni siquiera va la idea referida a Cocoliso González o Gonzalo Maroni que la estrellaron en el palo . No. No tiene nombre y apellido, extraño en estos tiempos de videovigilancia donde las cámaras más pequeñas pueden identificar los rostros más escondidos. Porque hubo protagonistas de la noche del Coloso, bastante antes que la lluvia se desatara con furia, al que la falta de puntería les privó de ser más protagonistas de lo que fueron. Hubieran incidido notablemente en el resultado y les faltó muy poco para hacerlo. Los otros protagonistas de Newell's Fue, fueron, no se sabe cuántos ni quienes, el/los que arrojaron proyectiles desde la tribuna del hipódromo hacia el campo de juego, listo/s para lastimar. Que lo hicieron por cierto, pero sin el desenlace de una herida de gravedad que hubiera cambiado por completo la ecuación. La de ese reglamento no escrito, donde la magnitud de la violencia se mide por su consecuencia y no por su deseo de ejercerla sin medir aquellas. El vidrio que cayó desde lo alto, seguramente con la velocidad necesaria para penetrar, impactó a menos de diez, veinte centímetros de los ojos del arquero xeneize Leandro Brey y le lastimó el cuello. ¿Qué hubiera pasado si el filo acertaba en la órbita ocular? Faltaba bastante para el inicio del partido en el Coloso, porque fue en el calentamiento previo. Y no conformes con ello, a la hora que fue a ubicarse Agustín Marchesin con la pilcha de partido, una, dos, tres latas de esas que se usan para las bengalas de humo impactaron muy cerca de un arquero que jugó para Newell's en esos momentos. Leer más: Los goles de Luciano Lollo, ahora en Newell's Alertando de la situación, sí, pero buscando calmar y hasta aplaudiendo al grueso de la hinchada. Que seguro no fue cómplice se aclara, porque nunca estos hechos son obras de mayorías sino de minorías. Los sospechosos de siempre El momento, la sincronización, hicieron pensar por supuesto en algún mensaje para la dirigencia. Tan viejo como el fútbol mismo, sobre todo el argentino. Nada se puede descartar, por supuesto, en una barra que tanta disputa por el poder ha librado. Lo cierto, lo concreto, la puntería del que/quienes solo buscaban dañar, pudieron cambiar tranquilamente la noche. Y tanto se han naturalizado en las canchas argentinas hechos como el del domingo a la noche en el Coloso, que parece mínimo apuntarlo. Pero no hay que dejarlo pasar. La noche feliz leprosa fue posible por las mayorías, por los que aman la fiesta del fútbol, por los que bancan que esto es un juego con tres posibles resultados. Aunque hay quienes se empeñan en no importarle (o quizás sí, y mucho) otro posible, un cuarto, que hiera al conjunto, a la comunidad de la que se es parte. Cómo fue Newell's en este caso. Una cuestión de acertar o no, como un delantero frente al arco, casi decide el peor de todos los resultados para un club que hace rato está necesitando de alegrías como la conseguida por los once que corrieron detrás de la pelota.
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