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  • El deporte que apasionaba a Juan Pablo II: se escapó 115 veces para practicarlo sin ser descubierto

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 02/04/2025 15:30

    Juan Pablo II realizó 115 escapadas clandestinas a montañas italianas para practicar esquí durante su pontificado (Europa Press) Durante los 27 años que duró su pontificado, Karol Wojtyla mantuvo con constancia una afición que no dejó de practicar: el esquí. Esta pasión secreta por el deporte lo llevó a protagonizar un comportamiento insólito para un Papa, ya que se escapaba de manera sistemática, y con cierta clandestinidad, para deslizarse por las montañas italianas. El primero en contarlo fue el sacerdote Claudio Paganini, consejero espiritual del Centro Deportivo Italiano, que en entrevista con Notimex señaló que el Papa aprovechaba los martes —día sin audiencias oficiales— para salir del Vaticano en coche rumbo a distintas zonas montañosas del país. Entre los destinos elegidos se encontraban los Apeninos, Los Abruzzos y los Alpes. Joaquín Navarro Valls, portavoz Vaticano durante años, confirmó esta rutina en una entrevista con el canal italiano Rai1. Detalló que “salía en silencio y atravesaba Roma. Iba en un vehículo sin matrícula vaticana”. Esa discreción le permitió a Juan Pablo II esquiar sin atraer la atención de los fieles ni de la prensa. En total, llegó a realizar 115 escapadas de este tipo. Paganini explicó que no solo se trataba de una preferencia personal, sino de una rutina cuidadosamente integrada a su agenda papal. Y Navarro Valls reveló que cada escapada elevaba la tensión dentro del Vaticano. “Imagina el tráfico a las seis de la tarde. Yo temía que alguien lo reconociera, pero nunca ocurrió”, relató. El deporte era parte integral de la vida espiritual de Juan Pablo II (Andina) El deporte en la vida de Juan Pablo II Lejos de entenderlo como un mero pasatiempo, Juan Pablo II incorporó el deporte a su cosmovisión personal como una dimensión más de la vida espiritual y cultural del ser humano. Esta perspectiva quedó reflejada en numerosas declaraciones y en su práctica habitual de actividades físicas, incluso durante su papado. Paganini recordó que el pontífice sostenía que “no se puede separar la fe, la cultura y el deporte”, una afirmación que condensaba su visión antropológica: la unidad del cuerpo, la mente y el espíritu. Bajo esta perspectiva, el deporte era más que entretenimiento, era una vía hacia la plenitud humana. Desde su juventud, Wojtyla abrazó múltiples disciplinas físicas. Además del esquí, fue aficionado al senderismo, el kayak, el voleibol y otras actividades al aire libre. Esta relación constante con el movimiento corporal no cesó con su llegada al Vaticano, sino que persistió como una forma de equilibrio interior. Paganini destacó que, a su entender, Juan Pablo II enseñó con el ejemplo que “el deporte es esencial, incluso para la santidad“. Desde joven, Juan Pablo II practicó senderismo, kayak y voleibol, manteniendo el deporte como un hábito constante (EFE) Reconocimientos y legados postumos La huella de Juan Pablo II en el ámbito deportivo no se limitó a su ejemplo personal. Tras su muerte, distintas instituciones vinculadas al deporte y a la Iglesia católica comenzaron a rendirle homenajes que consolidaron su figura como referente en la integración entre espiritualidad y actividad física. Uno de los gestos más representativos fue la decisión del Centro Deportivo Italiano de nombrarlo “capitán honorífico” de la Clericus Cup en 2011. Este torneo de fútbol, dirigido a seminaristas y sacerdotes, tiene un fuerte componente simbólico dentro de la promoción del deporte como medio de formación cristiana. Al asociar la figura del Papa con esta competencia, se buscó destacar su compromiso con los valores formativos del deporte dentro del clero. Además, en la estación de esquí Campo Felice, ubicada en Los Abruzzos, una de las pistas recibió el nombre de Juan Pablo II. Se trata de un reconocimiento al vínculo personal que mantuvo con ese paraje, uno de sus destinos habituales durante las escapadas invernales para practicar esquí. Desde el Vaticano, Kevin Lixey —responsable de la oficina Iglesia y Deporte de la Santa Sede— reforzó esta perspectiva al definir al Papa como un “beato deportivo”. En sus palabras: “Él mismo beatificó a Pier Giorgio Frassati, alpinista y esquiador. Así demostró que el ocio también puede ser camino de santidad”. Esta declaración articuló un puente entre la devoción y el deporte, al situar ambos en un mismo itinerario de vida cristiana.

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