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  • “Nuestros hijos son la generación menos próspera que conocemos”, advierte el reconocido psicólogo Jonathan Haidt en su crítica a la infancia digital

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 02/04/2025 14:48

    «Nuestros hijos son la generación menos próspera que conocemos», alerta el psicólogo Jonathan Haidt al analizar la infancia dominada por algoritmos y aislamiento (Imagen Ilustrativa Infobae) “Nuestros hijos son la generación menos próspera que conocemos, al menos en los tiempos modernos”, declara contundentemente Jonathan Haidt, el reconocido psicólogo social y profesor de Liderazgo Ético en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York. Haidt es ampliamente conocido por su bestseller de 2018, “The Coddling of the American Mind”, en el que junto a Greg Lukianoff criticó la cultura universitaria de “espacios seguros” y “advertencias de activación”, y vinculó esta fragilidad emocional con las crecientes tasas de depresión y ansiedad en estudiantes. En los años posteriores, se ha convertido en un colaborador frecuente de Jean Twenge, autora del influyente artículo “¿Han destruido los teléfonos inteligentes a una generación?”, en The Atlantic. En marzo de 2024, Haidt publicó “La generación ansiosa: cómo la gran reconfiguración de la infancia está causando una epidemia de enfermedades mentales”, que rápidamente se convirtió en un bestseller del New York Times. En su conversación en “The Ezra Klein Show” en The New York Times, el experto desentraña las preocupaciones sobre el impacto negativo de las tecnologías digitales en el desarrollo infantil, resaltando la urgente necesidad de un cambio cultural y legislativo para recuperar una infancia saludable y humana. La importancia del juego y el desarrollo cerebral en la infancia Una conversación entre Ezra Klein y Jonathan Haidt revela cómo el abandono del juego libre y la hiperconectividad están moldeando una generación con fragilidad emocional y vacío moral (“The Ezra Klein Show”, The New York Times) En la conversación, Jonathan Haidt destaca la crítica importancia del juego en el desarrollo infantil, una práctica que él define como “la respuesta de la evolución a cómo tener una criatura cultural con un cerebro grande”. Según Haidt, el juego es esencial para el cableado del cerebro de los niños, ya que “hay un período plástico donde lo que entra moldea quién eres”. Él subraya que sin esta actividad, los niños no alcanzan un desarrollo adecuado hacia la adultez. El reconocido psicólogo se apoya en estadísticas reveladoras para argumentar su punto. Explica que, a los cinco años, “el cerebro humano es el 90% del tamaño adulto y tiene más neuronas que cuando se es adulto”. Esta etapa temprana es crucial para formar conexiones neuronales que definirán las habilidades y comportamientos futuros de los niños. “Como dicen los neurocientíficos, las neuronas que disparan juntas se conectan juntas”, añade Haidt, enfatizando que las actividades repetitivas, ya sean físicas como escalar árboles o digitales como deslizar y tocar pantallas, tendrán consecuencias duraderas en la estructura cerebral. El experto lamenta la desaparición del tipo de niñez que permitía a los niños explorar libremente y jugar en ambientes diversos. Recuerda con nostalgia tiempos en los que los niños formaban “manadas errantes” en sus vecindarios, aprendiendo habilidades sociales y cuidando unos de otros. “Así es como siempre ha sido la infancia humana”, afirma, contrastando con el aislamiento que muchas veces genera la dependencia tecnológica actual. Cultura moderna de la crianza: cambios y consecuencias Jonathan Haidt llama a reflexionar sobre cómo la falta de exploración y el uso excesivo de dispositivos están reconfigurando los cerebros infantiles desde edades tempranas (“The Ezra Klein Show”, The New York Times) En las últimas décadas, la forma en que los padres crían a sus hijos ha experimentado un cambio radical. Haidt observa que en los años 90 comenzó una transformación significativa en la cultura de la crianza, motivada por un aumento del miedo y la disminución de la confianza en las comunidades. Durante esta década, los padres se volvieron cada vez más reticentes a permitir que sus hijos jugaran al aire libre sin supervisión constante debido a temores de seguridad, “aunque las tasas de criminalidad estaban disminuyendo”, recuerda. Además, el tiempo dedicado por los padres al cuidado de los hijos aumentó dramáticamente durante este período. “Un gráfico extraño muestra que al final de los años 90, el tiempo que las mujeres dedicaban a ser madres se disparó”, comenta, explicando que el rol socializador de los padres se intensificó mientras que la interacción de los niños con sus pares disminuyó. Se trataba menos de proporcionar un entorno seguro para la exploración y más de una supervisión intensiva del desarrollo infantil. Esta transformación coincidió con la explosión de las oportunidades de entretenimiento en pantalla. La llegada de canales como Nickelodeon y videoconsolas como el Nintendo Entertainment System posibilitó que, en cualquier momento, los niños pudieran sumergirse en contenidos atrayentes. “Antes no había un canal que programara para niños en todo momento”, señala el psicólogo, comparando esto con su propia infancia limitada a programas simples de televisión. La combinación de miedo, falta de confianza comunitaria y el auge de la tecnología digital han generado consecuencias palpables en el desarrollo infantil, donde un incremento del tiempo frente a las pantallas ha reemplazado la interacción social directa. En palabras de Haidt, “para evaluar si un padre fue bueno esta semana se asume que significa cuántas horas pasan los padres con sus hijos”, una percepción que, según él, es incorrecta y que distorsiona la esencia de una crianza efectiva. Impacto psicológico de la tecnología en niños y adolescentes El impacto de la tecnología digital en la salud mental de niños y adolescentes es uno de los puntos más preocupantes que aborda el psicólogo durante su conversación. Haidt lanza una advertencia contundente: “Nuestros hijos son la generación menos próspera que conocemos, al menos en los tiempos modernos”. Alerta sobre cómo la irrupción de los teléfonos inteligentes y las redes sociales ha contribuido a un incremento en los índices de ansiedad y problemas de atención entre los jóvenes. “Fue alrededor de 2012 y 2013 cuando todos los indicadores de enfermedades mentales comenzaron a aumentar”, afirma. El análisis de Haidt revela que el uso excesivo de dispositivos y la exposición constante a estímulos en línea afectan negativamente el bienestar emocional de los jóvenes. “Estamos viendo a los chicos reírse juntos en juegos para múltiples jugadores, mientras las chicas están solas con sus cuentas de Instagram”, dice, destacando las diferencias en las formas en que los diferentes géneros interactúan con la tecnología. Para el profesor de la Universidad de Nueva York, el mundo digital presenta un entorno desprovisto de un marco moral compartido, que tradicionalmente ayudaría en la formación de valores y sentido de pertenencia en los jóvenes. “Las redes sociales son millones de pequeños fragmentos de insensatez”, comenta, refiriéndose a la carencia de una narrativa ética coherente en plataformas como TikTok e Instagram. Particularmente, señala a TikTok como uno de los mayores destructores de atención en la historia humana. Subraya cómo esta plataforma, diseñada para ser altamente adictiva, captura cantidades inimaginables de atención de los usuarios diariamente. Aunque los adolescentes reconocen que se sienten atrapados por TikTok, existe una paradoja de dependencia de la que no pueden escapar, con casi el 50% de la Generación Z prefiriendo que TikTok nunca hubiera sido inventado. Este sentimiento de saturación y descontento entre los jóvenes destaca la urgencia de revaluar cómo la tecnología se integra en la vida diaria y cómo afecta el desarrollo de las nuevas generaciones. Las redes sociales, como TikTok e Instagram, plantean problemas emocionales y de atención en niños y adolescentes, según el reconocido psicólogo Jonathan Haidt (Imagen Ilustrativa Infobae) Moralidad, orden social y el rol de la tecnología En la conversación, el reconocido psicólogo social explora cómo la tecnología ha alterado profundamente la moralidad y el orden social que tradicionalmente guiaban el desarrollo infantil. Según el experto de la Universidad de Nueva York, la pérdida de un marco moral significativo ha llevado a una especie de anomia, o falta de normas, especialmente evidente en cómo los jóvenes interactúan en el entorno digital. El académico observa que, históricamente, el desarrollo infantil siempre fue nutrido por narrativas morales sólidas, ya sea a través de la familia, la religión o la comunidad. “Cuando se cría a los niños dentro de un orden moral, tienen un sentido de su lugar en el mundo y un sentido de significado”, menciona. Sin embargo, en la actualidad, ese orden se ha debilitado. Para el profesor, la falta de contenido moral en la dieta digital diaria de los jóvenes implica un riesgo significativo: “Lo que ves en TikTok e Instagram no son realmente historias; son amorales o inmorales”, explica. Esto ha generado que los jóvenes crezcan en un entorno careciente de los límites y valores que tradicionalmente ayudaban a formar individuos socialmente responsables. El experto en psicología moral subraya la importancia de revivir estos marcos éticos y considera vital que los padres y las comunidades actúen para restablecer un orden social que fomente el florecimiento humano más allá de las métricas económicas y el éxito material. El futuro: retos de IA y estrategias para padres y educadores Jonathan Haidt advierte que «nuestros hijos son la generación menos próspera que conocemos», debido al colapso silencioso de la atención, el juego y la moral compartida (Imagen Ilustrativa Infobae) Durante el podcast, el profesor destaca la llegada inminente de la inteligencia artificial (IA) como un desafío todavía mayor para el desarrollo infantil. Argumenta que la IA podría representar la pérdida absoluta de fricción entre los deseos humanos y su satisfacción, llevándonos a lo que él describe como un “colapso de todo tipo de fricción entre tú y cualquier deseo que pueda cumplirse en una computadora”. El académico alerta sobre cómo la facilidad para obtener lo que uno quiere mediante interacciones digitales podría tener un impacto negativo en el desarrollo de habilidades sociales y emocionales en los jóvenes. “En teoría, podrías tener cualquier amigo digital que quieras, o incluso un amante digital”, explica, subrayando el potencial de las relaciones artificiales para distorsionar las expectativas y habilidades interpersonales reales. Frente a estos desafíos, el psicólogo insta a los padres y educadores a centrarse en restablecer marcos de crianza que resalten la importancia de la interacción humana auténtica y el desarrollo de competencias emocionales. Propone que los entornos de aprendizaje y crecimiento deben enfatizar la resolución de problemas reales y el fomento de la empatía y el entendimiento mutuo. “Necesitamos darnos cuenta de que los niños deben pasar por una infancia en el mundo real con otros niños dentro de un universo moral”, señala. Ante el avance inexorable de la tecnología, el experto aboga por un esfuerzo consciente por preservar los aspectos fundamentales de la experiencia humana que fomentan un desarrollo integral y saludable. La revolución legislativa y cultural propuesta El influyente psicólogo aboga por una revolución tanto legislativa como cultural para enfrentar los desafíos impuestos por la tecnología en la infancia. Señala que, si bien la intervención del gobierno federal ha sido limitada, existen movimientos significativos a nivel estatal e internacional que buscan establecer regulaciones más estrictas sobre el uso de tecnología por parte de los jóvenes. El académico menciona ejemplos de iniciativas exitosas, como las regulaciones en Australia y Utah (EEUU). En estos lugares se han implementado medidas para limitar el acceso de los menores a redes sociales y dispositivos digitales. “El principal paso que están tomando todos es tan fácil y obvio: escuelas libres de teléfonos”, destaca, subrayando el compromiso creciente de diversas regiones por generar un cambio tangible. El experto enfatiza que estas acciones no solo reflejan la preocupación de los legisladores, sino una movilización más amplia por parte de los padres y comunidades, quienes exigen entornos más saludables para el desarrollo de sus hijos. “Es una revolución de los padres diciendo que están hartos. Estamos cansados de esto y queremos hacer algo al respecto”, añade. Para él, este movimiento es un indicativo de que, a pesar de los desafíos que presenta la tecnología, es posible un cambio significativo si hay voluntad y acción concertada para proteger y fomentar un entorno propicio para que los niños prosperen. Recuperar la infancia pasa por fomentar el juego, la interacción humana y moralidades significativas. (Imagen Ilustrativa Infobae) A medida que miramos hacia un futuro incierto, Haidt nos hace reflexionar sobre lo que significa realmente una infancia plena. Su mensaje no solo transmite preocupación, sino que también abre una puerta a la esperanza y al cambio. Más allá de las restricciones tecnológicas, nos invita a cuestionarnos cómo podemos devolver a los niños las simples alegrías del juego al aire libre y la riqueza de las narrativas que construyen valores duraderos. Plantea una inquietante cuestión: “Nuestros hijos son la generación menos próspera que conocemos, al menos en los tiempos modernos”. Esta afirmación invita a los padres, educadores y comunidades a considerar profundamente qué tipo de adultos queremos formar. ¿Es posible encontrar un equilibrio entre la innovación tecnológica y la preservación de experiencias humanas esenciales? La decisión final, parece, recae en nuestra voluntad de proteger lo humano en una era cada vez más digital.

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