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  • Baja el número de pobreza pero la metodología impide capturar su verdadera dimensión

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 01/04/2025 04:25

    Mientras el Gobierno celebra, especialistas y referentes sociales advierten que detrás del número hay más precariedad, sobretrabajo y exclusión estructural. Lo salió a festejar el Gobierno con datos preliminares a fines del 2024, y lo remarca el Fondo Monetario Internacional (FMI) cuando menciona los “éxitos” del programa económico. Este lunes el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec), difundirá los datos de pobreza del segundo semestre del año, que mostrarán una baja respecto de 2023. Sin embargo, no hay mucho para celebrar detrás de estas mejoras estadísticas que no responden a un incremento del poder adquisitivo ni del empleo de calidad, sino a una limitación metodológica que impide capturar el verdadero impacto del aumento de las tarifas de los servicios públicos sobre la canasta básica, que define la línea de pobreza por ingresos. “Eso no es real. El que dice que hay menos pobres no sé dónde vive”, desmienten a coro tres referentes de comedores comunitarios con las que habló elDiarioAR. “A los nenes que venían siempre al comedor, se le sumaron papá y mamá. Comúnmente eran las mamás las que traían a los niños, pero de pronto nos vienen a visitar los papás. Y nos damos cuenta que no es una visita cariñosa, buscan comida”, resume Karina, con ruido de vajilla de fondo. Acaba de terminar el turno mediodía del comedor del Bario Juan Felipe Ibarra de Santiago del Estero. Los analistas que siguen los indicadores de pobreza no vacilan en que el de hoy va a mostrar un descenso con respecto al 2023. “El valor de la tasa de pobreza del segundo semestre de 2024 estará alrededor de 38-39%, lo cual muestra una mejora con respecto al 41-42% de 2023, también pasa lo mismo con la indigencia, que cabe estimar en 9-10% contra el 12-13% del año anterior”, se anima a anticipar el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina en la Universidad Católica (ODSA-UCA) Agustín Salvia. “Sin embargo, esta supuesta mejora tiene matices a considerar”, sostiene. “Los números no nos importan, yo me manejo con personas y nosotros seguimos dándole de comer a la misma cantidad de gente, todos los días”, retruca la fundadora del comedor Los Piletones Margarita Barrientos. Matices I: problemas metodológicos “Ficción estadística”, llama Agustín Salvia a la noticia que hoy festejará el Gobierno. Al igual que para el cálculo del IPC, en la canasta básica que se usa como referencia para medir la pobreza están subrepresentados algunos de los componentes que hoy pegan fuerte en los bolsillos. Es que la canasta de consumo de bienes y servicios que releva el Indec está elaborada en base a la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (Engho) de 2005, cuando los hábitos de consumo eran completamente distintos a la del 2018, última disponible. Uno de los ítems subrepresentados son los servicios básicos como agua, gas, luz, y el transporte, cuyas tarifas aumentaron por encima del valor promedio del IPC. “Este desfasaje puede resultar en que haya una baja en las cifras de pobreza, pero con hogares que ven reducida su capacidad de compra, incluso teniendo que decidir si hacer dos comidas al día o una sola”, complementa Gonzalo Asussa, investigador del Conicet especialista en desigualdad. Matices II: ¿Recuperación de ingresos? Menos pobreza es siempre una buena noticia, porque supone una recuperación en el nivel de empleo, o trabajos mejor remunerados. Sin embargo, los indicadores de empleo que publicó el Instituto de Estadísticas la semana pasada relativizan esta afirmación. “Las familias están poniendo un sobreesfuerzo para suplir la pérdida de ingresos”, advierte Gonzalo Asussa, que atribuye la baja de la pobreza a la suba del pluriempleo, no a mejoras salariales. “Como la cifra de pobreza se construye en relación a ingresos, sin importar qué hagas para conseguir esos ingresos, estamos celebrando trabajos más precarios, sin derechos, sin derecho a un día pago de enfermedad, sin derecho a vacaciones, sin derecho a representación gremial, aportes jubilatorios y demás”, agrega. El investigador Conicet-Instituto de Investigaciones Gino Germani (UBA) José Rodríguez de la Fuente hace foco en la heterogeneidad de la mejora en los ingresos reales. Según de la Fuente, los trabajadores más perjudicados por ramas de actividad fueron los sectores públicos y de servicios esenciales, mientras que los únicos beneficiados fueron los vinculados a finanzas e inmuebles. A pesar de estas diferencias, no hubo una mejora real en el mercado laboral: creció la desocupación, la informalidad y la desigualdad se mantuvo intacta. Matices III: base de comparación Otro de los cuestionamientos que hacen los analistas es la base de comparación (el segundo semestre del 2023) de la que el Gobierno quiere despegarse, que incluye un diciembre que implicó un gran aumento de precios sin reacción en los ingresos de la gente, producto de la devaluación que aplicó el entonces entrante gabinete de Javier Milei. “Buena parte del efecto mejora se logra sólo comparando el cuarto trimestre de 2023 contra el cuarto trimestre de 2024. El cuarto trimestre de 2023 incluye un diciembre de recesión con devaluación, liberalización de precios y políticas de ajuste. Si comparamos el tercer trimestre entre ambos años estamos casi empatados. Aunque es cierto, con un escenario macro distinto, la inflación y estabilidad macroeconómica son un valor agregado muy importante”, explica Salvia. Matices IV: un cambio estructural Por la forma en que se mide la pobreza en Argentina, la mejora en los indicadores está directamente relacionada a la baja de la inflación que, si bien no es un dato menor, tampoco es suficiente para mejorar las condiciones de vida de la gente. “La estabilidad macroeconómica es un bien que debemos cuidar y no da lo mismo. Controlar la inflación es un factor importante en los hogares para la previsión de sus ingresos y gastos, pero no alcanza”, afirma Salvia. Es que además de la pobreza como indicador de consumos corrientes, Salvia calcula hace décadas la pobreza estructural, no sólo de ingresos, sino también en alimentación, educación, salud, vivienda, seguridad, que alcanza a un tercio de los y las argentinas: “Cada crisis como la que transitamos entre 2023-2024 empuja más pobres transitorios a la pobreza crónica o a la marginalidad. A mi juicio, esta pobreza aumentó, y su reducción va a requerir mucho más que una inflación cero. Requiere de inversión privada y pública en infraestructura social e inversiones productivas que generan más y mejores trabajos. Esto no se vislumbra en el corto plazo”. Liliana trabaja hace tres años en el comedor Corazón Abierto de Barrios de Pie, en Barracas. Al principio se ríe con la pregunta sobre la baja de la pobreza. Después de un rato de hablar, llora: “Le doy de comer a 300 personas todos los días y a veces vienen algunos con tuppers que no podemos dejar entrar, porque no alcanza y no hay plan b. Nos piden que hagamos más turnos, que armemos ollas populares Te parte entera”. Mientras el Gobierno celebra una baja estadística, las ollas siguen llenas y las heladeras, vacías. Sin inversión pública ni empleo de calidad, la mejora será apenas un espejismo con fecha de vencimiento.

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