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  • Las granadas del Realejo

    » Diario Cordoba

    Fecha: 28/02/2025 17:39

    En la casa del general Varela, porque lo de palacio de los Guzmanes es cosa dicha en tertulianés moderní, han aparecido una serie de granadas de cuando la guerra, que era lo que nos hacía falta en el Realejo, donde somos un poquito noveleros para estas cosas que hacen pum. El asunto se ha desarrollado, de momento, sin heridos de consideración, lo que es un hito para todo aquel que ha estado cerca de los explosivos. Aún sin saberlo. El Realejo es un estado de ánimo, puro realismo mágico. Lo que queda de la Córdoba de barrio resiste, mal que bien, porque las señoras agraces ponen de su parte colándose en el Piedra, desayunando jeringos en el Santi, mandando a los queridos visitantes de los pisos turísticos por donde no es. Mayormente, cuando preguntan por Viana, porque por Viana se pregunta muchísimo en el Realejo, que es un no barrio sino una frontera de collaciones. Pasa en esa M-30 de nuestro casco antiguo que las historias se narran, aumentan, se deforman. Más barato que el tiktok ese. Los referimientos se convierten en parte del paisaje, ficción simbólica del paisanaje. En lo que vas de Casa Luis a donde los Kindelán, ya sabes cómo eran las granadas con marca y modelo, con algún detalle añadido para dar color al relato. Y empiezas a ver a las viejas demudadas de color al pensar, ay Virgen del Socorro, lo que podría haber pasado. Estamos de paso, María Antonia. Diga usted que sí. Andrés Ocaña retiró el cartel del general -cuya hija acabó casada con Paco de Lucía, flipen- a la fachada de los Guzmanes por el criterio objetivo de señalar con el dedo y decir que se quite pero ya. Se quedaron unas ratas como linces ibéricos y un montón de espacio libre donde están liados con un hotel de lujo en este momento de fin de la historia. Las cosas cambian, dicen, y ahora quieren poner filetes rusos machacados (o smash burgers, oh la modernidad) en los cines de verano. Porque la cosa es entretenerse, comer y darle nuevos usos al picón. Y, mientras, las señoras del Realejo, que son el Realejo mismo, dan cuenta del evento sensacional, de eso que acaba fijado en esta Córdoba fin de raza, última en su especie, que se resiste al extrañamiento, al desalojo programado al que tanto contribuyen nuestras autoridades, gremios emprendedores y cofradías. Córdoba en bata de boatiné, euros modernos, granadas viejas. Vivas de milagro. *Periodista Suscríbete para seguir leyendo

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