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» Diario Cordoba
Fecha: 28/02/2025 02:08
De lo más bajo a fundar uno de los restaurantes más famosos de Andalucía a nivel mundial. Todo a base de “sangre, sudor y lágrimas”, pero también de “vocación y sentimiento”. Así define Manola Barata, copropietaria de Terraza Carmona, la historia de este restaurante, fundado en 1947 en la localidad almeriense de Vera. Ella ha jugado un papel clave en el crecimiento del establecimiento, lo que la ha convertido en toda una referencia y un espejo en el que se miran muchas mujeres de la hostelería andaluza. Fue su marido, Antonio Carmona, quien, tras el fallecimiento de su padre, decidió emprender con tan solo 16 años y sin conocimientos de hostelería. El lugar elegido fue una terraza de cine de verano donde también se celebraban verbenas y eventos al aire libre. “La gente nos decía que estábamos locos, pero él siguió adelante. Era una persona muy trabajadora y emprendedora”, recuerda con emoción Manola, quien poco después se convirtió en su inseparable compañera de vida. Hoy, a sus 79 años, admite que los comienzos fueron muy difíciles, pero que, con esfuerzo y dedicación, lograron salir adelante. Humildad y discreción Manola explica con pasión la historia de su marido y del restaurante, pero le cuesta hablar de la suya. Prefiere hablar de ellos y rehúye hablar sobre sí misma, incluso cuando se le pregunta directamente sobre ella. En una primera toma de contacto ya se deja entrever que se está frente a una persona honesta, cariñosa, cercana y muy humilde, tanto que explica a regañadientes que recientemente fue galardonada con el Escudo de Oro de la provincia de Almería, “lo cuento para que no piense la gente que no me siento orgullosa, aunque no me gusta nada presumir”, dice. Imagen exterior de terraza Carmona, en Vera (Almería). / terrazacarmona.com Ella ha sido y es parte fundamental del crecimiento y éxito de un restaurante que fue fundado por un joven inexperto que únicamente buscaba salir adelante para alimentar a su familia. No se entiende lo que es hoy Terraza Carmona sin su diligencia y toma de decisiones, manejo en los fogones y capacidad para poner calma en los momentos de mayor tensión. Manola nunca se consideró la sombra de su marido, sino su compañera de batalla. “Siempre hemos caminado juntos, yo no estaba detrás de él, sino a su lado”, afirma con orgullo. Durante años, se apoyaron mutuamente, enfrentando dificultades y compartiendo alegrías. “Él ponía el corazón y yo la palabra”, dice emocionada. Terraza Carmona, especializado en la gastronomía tradicional almeriense, fue ganando popularidad poco a poco. La ambición y el ingenio de Antonio lo llevaron a ampliar sus instalaciones con nuevos espacios: una discoteca, un salón de bodas con capacidad para mil personas, salas privadas, bodegas y cafetería. La gran apuesta llegó en 1980 con la apertura de un hotel de tres estrellas que hoy cuenta con 38 habitaciones. El prestigio alcanzado por el restaurante traspasó fronteras, llevándolos a participar en ferias internacionales. “En muchas nos invitaba la Junta, en otras íbamos por iniciativa propia como parte de nuestra estrategia para darnos a conocer”, comenta Manola. En una de esas ferias en México conocieron al poeta Antonio Gala, a quien ella considera “la persona que más ilusión me ha hecho conocer junto a Felipe VI”. También estuvieron tres años consecutivos viajando a Japón y, este mes de marzo, han representado a Andalucía en Dubái. “No solo difundimos la gastronomía almeriense, sino también la andaluza”, recalca con orgullo. Reconocimientos y legado Terraza Carmona ha cosechado innumerables premios nacionales. Entre ellos, el Premio Alimentos de España a la Restauración, otorgado por el Ministerio de Medio Ambiente en 2001, el Premio Nacional de Turismo de Andalucía y el Premio Nacional al Mérito Hotelero. Desde 2004, el restaurante figura en la prestigiosa Guía Michelin y cuenta con un Sol Repsol. Vista parcial de la fachada del negocio almeriense. / terrazacarmona.com Su oferta gastronómica, en la que Manola ha jugado un papel clave, se mantiene fiel a las raíces almerienses, con un toque innovador y productos de proximidad. Pescados, mariscos, hortalizas, verduras y carnes de la provincia son los protagonistas en sus platos. “Cada rincón de Almería tiene su receta tradicional, y nosotros intentamos que esté presente en nuestra carta”, explica Manola, destacando el caldo al pimentón, las torticas de avío y el ajo colorado como sus platos más emblemáticos. El amor que lo sostuvo todo Antonio falleció en 2013, a los 74 años, aunque 22 años antes un ictus lo obligó a retirarse parcialmente del negocio. “La enfermedad llegó cuando por fin empezaba a disfrutar de la vida y de todo el esfuerzo que había hecho desde los 16 años”, cuenta su esposa. Sin embargo, su limitación física no le impidió seguir supervisando el restaurante, aunque de otra manera. “No podía hablar, pero nos entendíamos con la mirada. Yo me ponía delante de él y sabía exactamente lo que quería. Estábamos hechos el uno para el otro”, recuerda con nostalgia. Hoy, el testigo ha pasado a sus siete hijos, quienes han tomado las riendas del negocio, y recientemente se ha incorporado la tercera generación. Con un equipo de 50 empleados, Terraza Carmona sigue siendo una referencia internacional. “Mi casa ya no puede acoger más reservas”, confiesa Manola. La calidad sigue siendo su sello distintivo, hasta el punto de que han optado por reducir eventos para mantener el nivel de excelencia. El sacrificio que valió la pena A lo largo de la conversación, Manola insiste en que el éxito no ha sido fruto de la suerte, sino del trabajo incansable. “Todo esto ha costado muchísimo esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas”, asegura. Hubo momentos de desánimo y muchas noches de incertidumbre, pero el sacrificio ha dado sus frutos. Hoy, Terraza Carmona es más que un restaurante: es el sueño de un joven valiente que, con coraje y determinación, logró convertir un pequeño negocio en un referente de la gastronomía andaluza. Cada plato que se sirve, cada cliente satisfecho y cada reconocimiento recibido son testigos del legado de Antonio y Manola. “Antonio nos dejó hace años, pero su espíritu sigue vivo en cada rincón del restaurante. Su historia nos recuerda que, con pasión y esfuerzo, no hay meta imposible”, concluye Manola con la voz entrecortada, pero con la certeza de que todo valió la pena.
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