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  • La historia está hecha de olvidos

    » Diariopinion

    Fecha: 28/02/2025 00:35

    La actividad política no se percibe como una forma de participación y servicio, de entrega al bien común. Todos, en general, quieren sobrevivir porque no tienen planes, convicciones ni programas. Los practicantes no quieren abandonar porque no podrían hacer nada más rentable y están dispuestos a cualquier arreglo con tal de no quedarse sin trabajo. Las peleas en la política son una puesta en escena por unidades de negocio y poder, nunca por principios. Todos los partidos políticos están de acuerdo en mantener este sistema económico y social. En la última parte del siglo XX apareció un sector desocupado que continúa viviendo al margen permanentemente, sin conseguir trabajo ni un servicio preciso. Hemos aprendido a convivir con esta situación de pobreza e indigencia que afecta a casi la mitad de la población y, sin embargo, no estamos indignados ante semejante realidad tan obscena. Esto no es producto de la fatalidad, pero sí es producto de decisiones políticas que podrían cambiarse con otras decisiones políticas. El peronismo, que había nacido como protesta contra el conservadurismo político y la oligarquía, se convirtió en el partido más conservador de la Argentina y en una nueva oligarquía, mucho peor que la anterior. Todo el tiempo escuchamos hablar de "justicia social". ¿Qué quiere decir justicia social? ¿Que los ciudadanos tengan derecho a no morirse de enfermedades tratables? ¿Que los pobres se jubilen y sigan siendo pobres, pero jubilados? ¿Que los docentes tengan trabajo con salarios por debajo de la línea de pobreza? ¿Que les den un plan social a quienes comen poco? En las grandes ciudades hay un dominio del narcotráfico en el territorio, donde los planes no tienen efecto en los jóvenes. Hoy, un joven gana en un día más de lo que recibe con un plan social. Los narcos se han convertido en benefactores de la comunidad, transformándose en sujetos sociales. Marx creía que el capitalismo jugaba al dominó: tres años de prosperidad, absorción de toda la mano de obra; en consecuencia, aumento de salarios, disminución de la ganancia y, por lo tanto, de la inversión; luego, suspensiones y despidos. Tres años de recesión y el comienzo de un nuevo ciclo. Marx hablaba de un "ejército industrial de reserva": gente que solo es llamada en la expansión para trabajar ocasionalmente en la infraestructura, cuya desocupación era funcional a este gran circuito económico. Con el desarrollo del sistema financiero, la automatización y la concentración económica, ese ejército laboral de reserva nunca más encuentra trabajo. Cada día crece y se transforma en una gran masa marginal. En Argentina, se intentó neutralizar su conflictividad y capacidad de reclamo mediante planes sociales, pero hoy la situación es crónica y el Estado es incapaz de contener a sus descendientes.

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