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Victoria » Diario Victoria
Fecha: 27/02/2025 12:40
Nuestro país pierde competitividad frente a Brasil y EEUU en la producción y exportación de la oleaginosa. Los expertos del sector alertan sobre los riesgos y las soluciones necesarias. La dependencia de la soja como motor económico es innegable y la falta de competitividad frente a los principales productores globales podría traer consecuencias devastadoras. Uno de los factores clave que impacta en la cadena de la soja argentina es la política de biocombustibles de EE.UU. El gobierno estadounidense implementó subsidios y créditos a largo plazo que fomentan la inversión en el procesamiento de soja, lo que permitió incrementar su capacidad de molienda y, por ende, la producción de harina de soja. Mientras tanto, Argentina enfrenta una carga impositiva elevada con derechos de exportación (DEX) que alcanzan (mientras rige la reducción temporal) el 26%, en comparación con el 9,5% aplicado al maíz y el trigo. Esta desigualdad impositiva afecta la rentabilidad del sector y desalienta la inversión. Según Patiño, el acceso a los mercados también representa un problema significativo. Estados Unidos y Brasil supieron posicionarse estratégicamente, consolidando su presencia en mercados clave como el sudeste asiático. Mientras tanto, Argentina redujo su participación en el comercio global de harina de soja en los últimos años, lo que representa un retroceso en su rol histórico como principal proveedor mundial. Este cambio en la dinámica comercial refleja una debilidad estructural que, de no ser corregida, podría convertirse en un obstáculo irreversible para la industria instalada -en su gran mayoría- en las cercanías del puerto de Rosario. Uno de los factores clave que impacta en la cadena de la soja argentina es la política de biocombustibles de EE.UU. Medidas urgentes para salvar la industria Para revertir esta situación -tal como lo detallo Patiño- se necesitan decisiones políticas concretas que permitan recuperar la competitividad del sector. En los últimos tiempos, varios analistas del agro manifestaron que sería fundamental aumentar el corte de biodiésel en el consumo interno, lo que contribuiría a retirar aceite de la oferta global y a estabilizar su precio. Esta estrategia podría generar mejores condiciones para la harina de soja argentina en el mercado internacional. A su vez, la reducción de las retenciones y la equiparación con los cereales permitiría mejorar la rentabilidad de los productores y estimular una mayor producción. Otro aspecto fundamental pasa por la mejora en la infraestructura logística. La optimización del dragado de la Hidrovía permitiría una mayor eficiencia en el transporte y la exportación de productos derivados de la soja. La competitividad de la industria también podría beneficiarse de incentivos fiscales para la producción de semillas certificadas y fertilizantes, medidas que podrían reducir costos y favorecer la expansión del sector. Estas últimas temáticas se intentaron debatir una y otra vez en el Congreso, sin embargo -y aunque cueste comprenderlo- nunca se encontró entre los legisladores nacionales el empuje necesario para darle al sector más competitivo de la economía las herramientas necesarias para potenciar su productividad. El presente del complejo soja nos debe poner en alerta, ya que la falta de medidas concretas podría provocar la desinversión en la industria de molienda, con el cierre o la venta de plantas existentes. Esta situación afectaría especialmente a las empresas de capital nacional, que tienen menos acceso a financiamiento internacional. Además, se estima que podrían perderse 40.000 empleos directos, impactando en una de las industrias mejor remuneradas del país. El informe de Preciado Patiño también destaca que, entre 2012 y 2024, la producción mundial de soja creció un 59%, con Brasil duplicando su producción y EE.UU. aumentando en un 44%. En contraste, Argentina mantiene un estancamiento en torno a los 50 millones de toneladas. La participación del país en la producción global cayó del 18% al 12%, mientras que Brasil pasó del 31% al 40% y EE.UU. apenas descendió del 31% al 28%. Este escenario refleja un desplazamiento de Argentina en el mercado global y en gran medida se debe a un daño auto-infligido por gobernantes que poco y nada saben de políticas agropecuarias, que por ausentes dejaron al sector en una posición vulnerable. El reclamo de la cadena de la soja Las políticas impositivas, la falta de incentivos y la competencia agresiva de Brasil y EEUU están poniendo en riesgo la principal fuente de divisas del país. Como se dice en el fútbol, el rival tambíen juega y si no se toman medidas urgentes, Argentina podría perder su liderazgo en la exportación de harina y aceite de soja, generando un impacto negativo en la economía nacional. El sector agroindustrial demostró en varias oportunidades a lo largo de la historia económica reciente ser clave para el desarrollo del país. Ahora, la decisión está en manos del gobierno y los actores del mercado, que con este tipo de informes y presentaciones busca darle visibilidad a una cadena productiva que requiere de medidas urgentes para recuperar la competitividad que le permita salir del estancamiento y comenzar a crecer.
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