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» El Ciudadano
Fecha: 27/02/2025 10:51
Por Romina Sarti* Te vi, juntabas margaritas del mantel, canta Fito en “un vestido y un amor”. Mientras pensaba la forma de empezar el escrito sobre el 4 de marzo, día mundial contra la gordofobia, comencé a hacer memoria de cuándo fue que la conocí. Escroleando en Facebook (sí, hace muuuchos años atrás), me tropecé con un perfil llamado Stop Gordofobia!, y de allí en más nada fue igual: ese fue mi “te vi”, ese fue mi flash. Magda Magdalena Piñeyro es una uruguaya que vive en España hace varios años. Es licenciada en Filosofía y Máster en Teoría Feminista, y una de las fundadoras de la plataforma “Stop Gordofobia” de Facebook. Sus libros: 10 gritos contra la gordofobia (Vergara, 2019), Stop Gordofobia y las panzas subversas (ZAMBRA-BALADRE 2016,) y Guía básica sobre gordofobia. Un paso más hacia una vida libre de violencia (Instituto Canario de Igualdad, 2020), forman parte del marco teórico insoslayable si queremos aprehender sobre discriminación, gordofobia, violencia estética. Es una militante aguerrida, que lucha con potencia, que vocifera amorosamente, que aloja desde el saber y desde el dolor. Sabe de lo que habla. Sabe qué se siente. No edulcora con sinónimos la brutalidad de la discriminación, del asco, de las cachetadas hegemónicas sobre las corporalidades diversas, específicamente las gordas. Romina (yo) Yo venía rota. Desde demasiado chica haciendo dietas[1]. Adolescente de los 90´, donde la oda al cuerpo delgado era ley, donde explotaban los programas de TV sobre modelos, sobre jóvenes heteronormativos y hegemónicos, donde ser gorda/o/e en un contexto neoliberal, era una de las peores cosas que te podían pasar. Entre gelatinas y dieta de la luna, restringía y me abandonaba a la compulsión. Pasaron los años y el Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) estaba naturalizado. De golpe con 35 años, embarazada y gorda, me trasformaba en la asesina potencial de mí bebé y de mí misma por mi “falta de voluntad”. Las voces flacas me anulaban y subordinaban, esclava de un cuerpo de segunda, intentaba y fracasaba en un mismo día. La meta de parir y adelgazar dando la teta era mi nueva quimera. En esas madrugadas de un puerperio heavy, caí en Facebook y no sé por qué motivo “te ví”. Colectivizar es Politizar. Registrar la discriminación x ser gorda Magda nos cuenta sobre cómo y cuándo registró que estaba siendo discriminada: «Todo empezó en el 15M[2] de España, que fue un movimiento social, político, que ocupó las plazas de todo el Estado durante un tiempo y en el que hubo mucho debate político: se hablaba de las injusticias y desigualdades que había en la sociedad, pero yo sentía que mi cuerpo no estaba representado en esos debates. Nadie hablaba del cuerpo gordo como un cuerpo que sufriera discriminación. Estos sentires, pero también este registro de injusticia social, la llevó a hablar con un compañero gordo con el que se plantearon la forma en que vivían sus cuerpos situados en los activismos. La forma era la vergüenza. Empezamos a hablar de otras cosas como lo que nos pasaba en el médico, lo que nos pasaba con nuestras parejas, con nuestras familias, con la ropa, y empezamos a un poco tirar del hilo de que había algo común. Este punto es crucial, ya que el diálogo con pares permite comprender que la problemática trasciende lo individual. Cuando las personas gordas estamos educadas en un mundo que nos dice que es nuestra responsabilidad el cuerpo que tenemos, cuesta politizarlo porque entiendes que es tu culpa. Hasta que no das vuelta a ese discurso, es decir, hasta no asumir que estamos hablando de un sistema de opresión que discrimina a distintos grupos por su perfil, por su identidad, por su cuerpo, entre otras, te cuesta politizarlo porque entiendes que es algo individual y no colectivo». Este ejercicio de encontrarse con otro, en el otro, resuena profundamente con afirmación de la activista argentina Laura Contrera: «para une gorde no hay nada mejor que otre gorde, ya que refuerza la potencia identitaria de encontrarse entre quienes enfrentan desafíos similares. Al situar al enemigo fuera y no dentro de ti es cuando se logra politizar». También aparece la teoría. Posteriormente pasamos a buscar lecturas, buscar explicaciones y encontramos el concepto fat fobia en inglés, que lo tradujimos al español gordofobia. Pero también encontramos compañeras latinoamericanas como Constanza Álvarez que estaba activando en Chile a través del arte, la performance y además escribió el primer libro contra la gordofobia en español, La Cerda Punk. Luego también dimos con Laura Contrera que llevaba su fanzine “El Gordazine”, que tenía traducciones de textos en inglés y demás. Ella hizo una gran labor de traducción para que muchas personas que recién empezábamos pudiéramos acceder a los textos anglos. También Lucre Masson, que es una compa argentina radicada también en España, que trabajaba específicamente la gordofobia, el deseo y la diversidad corporal. La vergüenza como herramienta de sumisión La vergüenza, ese grillete impuesto como herramienta de sumisión, opera aislando, silenciando, invisivilizando las corporalidades disidentes. La gordofobia internalizada, cómplice de la opresión, es un mecanismo de control que perpetúa el ostracismo. Al politizar la lucha contra la gordofobia, se desmantela esta herramienta, transformando la vergüenza en motor de resistencia y solidaridad colectivo. Reconocer la diversidad corporal como un acto político es subvertir el orden establecido y construir un espacio donde la dignidad y la autonomía se activan en el espacio público. «Creo que la mayoría de las personas gordas tenemos largos procesos hasta la politización, cuesta llegar a ese punto de darle la vuelta de yo no merezco lo que me hacen, el origen de la discriminación no está en mi cuerpo, sino fuera, en la sociedad que discrimina a la gente como yo. ¿Por qué hemos interiorizado tanto la culpa, la vergüenza y la responsabilidad? Recuerdo muy bien el momento en el que dije se acabó. Lo primero que hice fue compartir la canción “Gorda“de Krudas Cubensy, que es una canción de orgullo gordo, la subí en mi perfil personal por primera vez, y para mí eso fue un antes y un después: no voy a permitir que me discriminen, no voy a permitir que usen la palabra gorda como insulto, no voy a permitir que me silencien más, me invisibilicen más, acá hay una gorda orgullosa, no voy a cambiarlo, no voy a hacer una fucking dieta más, y se acabó. Y eso fue para mí un salido del armario, porque al final esta sociedad nos dice que o tenemos que ser flacas o tenemos que estar siempre en la búsqueda constante de la delgadez, y entonces renunciar a eso, decirle a la gente, mira, yo no solo es que soy gorda, es que voy a dejar de intentar dejar de serlo, es una salida del armario brutal. Y para mí fue ese día, y lo recuerdo así como con mucha emoción, la verdad», sostiene Magda. Activismo gordo: resistencia interseccional frente al avance de la derecha Para Magda, el activismo contra la gordofobia es un activismo que tiene muy pocos años de existencia, cuando empecé ni siquiera existía la palabra en español. En la actualidad ya está extendida, incluso la Real Academia Española (RAE) la consideró una de las palabras del año 2024, por todo lo que se usó y por toda la polémica que hubo en torno a ella. Hoy las personas gordas estamos reclamando nuestros derechos, organizadas, haciendo encuentros, jornadas, formaciones, talleres de sensibilización en los centros educativos, formando a profesionales de la salud. Se avanzó muchísimo en pocos años, pero eso también ha generado una contra y una reacción, aunque el movimiento este “increscendo”. En relación al avance de la derecha global, Magda reflexiona sobre el estado de situación. La lucha de las personas gordas no es tan visible como la de otros colectivos como feminismos, LGTBQ+, antirracismos. Esto implica que estos grupos son más atacados actualmente por la extrema derecha global. Sin embargo, las personas gordas y el activismo contra la gordofobia, así como otros activismos como el anticapacitismo o el antiespecismo, estamos dentro de esos grupos también los llamados WOKE. Porque, finalmente, somos grupos que luchamos por la justicia social, y la justicia social es contra lo que va a la extrema derecha global. No somos diana directa de momento, pero indudablemente se avecina un panorama bastante oscuro para todos, seamos más o menos visibles. Hay que organizarse contra la derecha global, sino nos va a comer a todes. 4M Desde el año 2022, cada 4 de marzo, personas gordas, activistas por la diversidad corporal y aliados/as, nos organizamos para reivindicar las corporalidades gordas, diversas. En respuesta al día mundial contra la obesidad, donde se patologiza a las corporalidades que no encajan en el estándar impuesto, visibilizamos la importancia de luchar contra un sistema que valida cuerpos según su forma, su tamaño. El 4 de marzo de 2020 se declaró como el día mundial de la obesidad (OPS/OMS). En contrapartida, militantes, activistas y profesionales de diferentes ámbitos de la comunidad festejamos el 4 de marzo como el “Día Mundial contra la Gordofobia”. El objetivo del mismo es visualizar que la gordofobia opera como un sistema de opresión, discriminando a las corporalidades diversas y ejerciendo violencia estética, sobre todo desde una perspectiva sexista (hacia las mujeres). De la mano de un discurso que “se interesa por nuestra salud” se vapulean libertades, se condicionan negativamente vidas y se generan más enfermedades y trastornos que un IMC con superávit. Esta discriminación corporal también es un reflejo de prejuicios arraigados en nuestra sociedad, que van en sintonía con los estándares de belleza heterocisnormativos, quiméricos, inalcanzables. Justamente en esta idealización se encuentra el negocio del sufrimiento: la industria de la belleza, la industria de la dieta, la industria de la intervención, gana millones a costa de amoldar la corporalidad a lo aprobado socialmente. Magda observa que «vivimos en una sociedad donde todo el mundo teme la gordura, porque además la gordura tiene una carga moral simbólica muy fuerte relacionada con el fracaso, con la dejadez, con la infelicidad, con el rechazo, con el asco, con la repulsa, con la falta de éxito. Mientras que la delgadez está asociada a todo lo contrario: a la fuerza de voluntad, al éxito, a la felicidad, al reconocimiento, al aplauso. Entonces, pues obviamente la sociedad que se mueve en esta polaridad». Por eso es importante no caer en la trampa de la banalidad: la gordofobia perpetua el ciclo de marginación que dificulta el acceso a oportunidades económicas y sociales. En definitiva, obtura el cumplimiento de los derechos intrínsecos a las personas. A su vez limita nuestra capacidad de apreciar la diversidad como algo natural, al insistir vehementemente en la validación de los cuerpos que responden al paradigma predominante, fagocitando la heterogeneidad propia de la condición humana. *Licenciada en Ciencia Política (UNR), militante por la diversidad corporal, anticapacitista, docente universitaria en UGR, trabajadora en la Secretaría de DDHH de la UNR. IG: romina.sarti [1] Ver fragmento de la historia en https://www.instagram.com/p/DEySGcLR9lJ/ (ig: mujeresquenofuerontapa) [2] Refiere al “Movimiento de los Indignados” del año 2011, como consecuencia de las políticas de austeridad implementadas por el Estado español.
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