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  • Pasión, una gran educación y 132 dólares: la fórmula secreta detrás del éxito de Inés Berton y Tealosophy

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 27/02/2025 05:10

    En un nuevo episodio de Espacio Único, el ciclo de entrevistas de Infobae y Banco Comafi que destaca a mujeres de trayectoria en negocios, industrias y tecnología, Inés Berton, especialista en cosechas de té y fundadora de Tealosophy, compartió su trayectoria, desde la creación de un pequeño emprendimiento hasta la exportación de sus exclusivos blends a nivel mundial. “Me encanta lo que hago y poder compartirlo es gran parte del disfrute”, expresó Inés, que es apodada comúnmente como La reina del té y La maga de cha, en Brasil. Es reconocida por su habilidad para crear té fusionando aromas y sabores de diversas culturas. Desde temprana edad, mostró una sensibilidad excepcional hacia los aromas, lo que le permitió desarrollar un olfato absoluto. Esta capacidad la llevó a trabajar como perfumista en Francia, donde profundizó su conocimiento en la composición de fragancias. Su pasión por el té se despertó en Nueva York, donde una mentora japonesa le enseñó a ver el té como un lenguaje que une Oriente y Occidente. Inspirada por esta experiencia, regresó a Argentina en 2001 con el objetivo de crear blends que reflejaran experiencias, viajes y vivencias. Con una inversión inicial de tan solo 132 dólares, fundó Tealosophy, una empresa que logró reconocimiento internacional y ha cautivado a personalidades como el Dalái lama y a artistas como Lenny Kravitz y Anthony Kiedis, entre otros. Inés Berton: "Empecé envasando en bolsitas de garrapiñada con chinches mariposas que te dejaban el dedo todo marcado y el primer año pasamos de 500 kilos a 14 mil". (Candela Teicheira) — ¿Cómo lograste fundar Tealosophy con sólo 132 dólares? Una marca que es reconocida por sus blends y que han sido degustados por figuras como Chris Martin, los Red Hot Chili Peppers y otras personalidades de renombre mundial? — Siempre hay un primer paso y después vas haciéndolo de a poquito. Es verdad que la compañía nace con 132 dólares, pero tuvo un capital enorme que es mi educación. Creo que la educación es el oxígeno del futuro, es lo que realmente te arma, es un capital inmenso tener una buena educación y saber usarla. Esa fue mi gran oportunidad. A los 18 años me fui a vivir a París, después me fui a vivir a Nueva York, donde tuve una mentora japonesa muchos años. Cuando volví a Argentina, después de que se incendiara mi departamento en Nueva York, no tenía nada. El incendio fue total. — ¿Ya trabajabas en el mundo del té? — Sí. Pasaba mucho tiempo en las cosechas entre Nueva York y un poco en Londres y volví a Argentina sin nada. Venía muy cansada de tanto viaje y dije: “Me voy a tomar un año sabático”. Era un momento muy duro del país en el año 2001. — Mientras todos se iban, vos volvías. — Sí, fue una locura eso. Al minuto que llegué vino un restaurante de Las Cañitas y el dueño me dice: “Conozco tu trabajo en Nueva York, vos le hacés el té a muchos hoteles de allá. Me encantaría que me hagas el té para este restaurante” y le digo: “No tengo nada. No tengo ni por dónde empezar”. Fue como volver el tiempo atrás, a cortar las naranjitas en casa, a armar todo desde cero. No tenía cómo envasar, así que empecé con bolsitas de garrapiñada y chinches mariposas que te dejaban el dedo todo marcado. Mi hermana salía del colegio con dos amigas y me ayudaban a envasar. Primero fue La Corte, después fue el Hotel Alvear, el Llao Llao y Sottovoce. El primer año saltamos de 500 a 14 mil kilos. Después me invitaron a escribir unos fascículos que salían con el diario los domingos. Ahí les propuse: “Creo que cada fascículo debería venir con una lata de té”. Les pareció buena idea, pero lo que no vi venir es que me encargaron 900 mil latas de té. Así es como 132 dólares y, como sucede en todas las pymes que es 95 por ciento de pasión y 5% de capital, se transformaron en lo que soy hoy, en diseñar para la NBA, para el Super Bowl, para muchos hoteles y restaurantes, tener locales y todo eso. — ¿Te acordás del primer famoso que probó tu té o para quién lo creaste? — Sí, fue muy fuerte. Para Ernesto Sabato, José Saramago y Carlos Fuentes, los tres juntos participaron en el Congreso de la Lengua en Rosario. Me llama un empresario argentino y me comisiona para diseñar un blend exclusivo para ellos tres porque les quería hacer ese regalo. Me acuerdo perfecto que a Sabato le hice uno que decía: “Cuando la mente calla, aparecen las palabras” y estaba basado en El túnel. A cada uno le diseñé algo particular y fue muy especial. Me pidieron también para los reyes de España, que después me siguieron comprando desde allá, siguió Anthony Kiedis, de Red Hot Chili Peppers; Ed Sheeran... — ¿Cómo fueron esos primeros años de tantos cambios y crecimiento? — Los primeros años, varios años, la pasé muy mal en Tealosophy. No me divertía nada y nos iba bárbaro, pero no me divertía porque me quería poner en el rol de CEO, CFO, todos los títulos de nobleza y todas las palabras técnicas que yo no tengo ni idea porque venían de otro palo, del palo creativo y gastronómico. Hasta que me convierto en parte de Endeavor, emprendedores de alto impacto, y me planté y les dije: “No puedo más. La estoy pasando muy mal. Esto es un embole y no es lo que quiero hacer en mi vida. O vendo todo o necesito ayuda”. Me dieron una ayuda importantísima que fue una persona que vino a mi oficina con toda su experiencia y con un modo muy especial, y yo le dije: “La estoy pasando mal. Esto es un bajón”. — No pesaba tanto lo económico sino lo emocional y lo creativo. — Sí, la pasé muy mal en serio. Decía: “Hice todo para no estar en una oficina y estoy todo el día encerrada con números que no entiendo”. Al mismo tiempo era un momento en el que todo el tiempo venían grandes empresas a querer comprarnos y yo decía: “Bueno, dinamito todo y chau”. Pero al mismo tiempo no quería porque me gustaba lo que hacía. Ahí dije: “Quiero armar mi compañía” y esta persona que vino a ayudarme me dijo: “Dibuja lo que te imaginás”. “Soñadores y hacedores. Yo voy a dirigir y liderar el equipo de soñadores creativos que caminen por la banquina, que sean disruptivos y salvajes. Quiero un equipo con quien pimponear las ideas y otro que aterrice esas ideas”, respondí. — ¿Vos te consideras más soñadora que hacedora? — Nosotros tenemos una frase que es: “La visión sin ejecución es alucinación”. Yo creo una idea, pero hoy en día me gusta entender cuál es la ganancia, la unidad de negocio, etc. Hoy lo miro, por supuesto, pero también aprendí a armar un pequeño tablero de comando para saber qué tengo que ver. — Vos venías del mundo de los perfumes. ¿Cuándo nace tu pasión por el té? — Creo que el té es el hilo conductor. Uno piensa olfativamente, pero en verdad el té es el segundo producto de mayor consumo en el mundo después del agua y no conoce fronteras. "No creo que estar estresado sea sinónimo de éxito. Cada uno tiene su ritmo", expresó Inés. (Candela Teicheira) — ¿Y cuándo se te despertó esa chispa? — Me encontró en realidad porque yo no era fan del té. Cuando fui a París estudié como perfumista y no me gustaba estar adentro. Mi ADN es mucho más salvaje y estar adentro en una oficina, en un laboratorio, esa cosa tan medida, me costaba. Empecé como perfumista y es difícil, cuando sos reconocida en algo, decir: “Puedo ser buena haciendo esto y que no me guste”, pero es válido y es un mensaje que me gusta dar porque a veces uno piensa que porque sos bueno en algo, tenés que hacerlo. Pero por ahí no te apasiona aunque tenés facilidad para eso. — ¿Cómo es el día a día en este trabajo? — Mi trabajo lo elijo y lo elegiría todos los días, me gusta, pero es cierto que no estoy todos los días armando cartas. Hay temporadas, hay época de cosechas en donde me cuido un montón para no resfriarme porque es fundamental estar con el sentido al máximo. Hay época que se hacen cambios de cartas o aparece un restaurante nuevo y querés armar la carta perfecta y se hacen catas para crear un blend exclusivo. En el caso de la NBA y el Super Bowl, por ejemplo, son blends más medicinales, trabajas con todo un equipo de deportologos que atienden a deportistas de alto rendimiento, entonces quieren que uses cúrcuma, que es antiinflamatorios o echinacea, que levanta el sistema inmunológico. Entonces te empiezan a dar los ingredientes que necesitan y mi trabajo es hacer que sea rico. Después es un trabajo como cualquier otro, donde tenés problemas de todo tipo. — ¿Nunca se te dio por meterte en el mundo del café y el mate? — Me encanta el café, hice un proyecto para Bélgica de unos blends de café perfumados y volaron. Es un café perfumado con almendras tostadas y castañas. Voy creando sobre eso, pero no es lo mío. Creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Con el mate me gustaría crear algo con alguien que venga del palo y que sepa. Desde los 19 años que estoy en el mundo del té y he caminado muchas cosechas, entiendo perfecto cómo tiene que estar la hebra, cómo se infusiona y cómo sostener que no haya una contaminación cruzada. Hay mucho tecnicismo más allá del romanticismo y de haber creado una marca. Tengo un equipo que entiende, una planta que sabe manejar el producto a la perfección y operarios que manejan todo esto al dedillo. Con ese mismo respeto con el que creé Tealosophy, haría otros proyectos. Estoy más abierta a hacer otras cosas. Siento que estoy en el momento de mi vida en donde me siento creativa, sólida y flexible al mismo tiempo. Pero hay que aprender, hay que estudiar… — Si tuviera que definirte como un blend. ¿Cuáles serían tus ingredientes? — Fuego y pasión. Para mí la pasión lo cambia todo. Me gusta vivir la vida como un Scania de frente, me gusta hacer las cosas con corazón así que me define un chai: unas ramas de canela, vainas de cardamomo, jengibre y pimienta. Picante (risas). — ¿Cuál fue el consejo de oro que te dio tu mentora japonesa? — Uno en la vida busca su latido y en tu latido, que es donde vos fluis, sos abundante. Entonces, no quieras ir a otro ritmo, que sea tu ritmo. Al vivir en Nueva York veía que todo el mundo corría y durante muchos años la moda era: “Estoy a mil”, como un sinónimo de “soy exitoso” y yo no estoy a mil. Yo duermo siesta porque tal vez a la noche estoy cubriendo una cosecha o estoy creando. No creo que estar estresado sea sinónimo de éxito. Yo puedo estar super relajada y trabajar un montón y bien. Yo creo cosas mucho más caminando en un jardín o en bosque que en una oficina. — Muchos piensan que el sinónimo del éxito es estar corriendo de una meta a otra y vos hablas de las pausas, de los silencios… — Sí. Siento muchas veces que cuando cuento la historia de Tealosophy, mi historia, parece que todo es lindo y que es un mundo divino y la realidad es que nos hemos caído un millón de veces. La historia no es no caerte, es aprender a caer mejor y que la caída dure menos, duela menos. A mí personalmente me da mucho más miedo no intentar que intentar y fallar. Eso ya te abre un montón de caminos. Mido las consecuencias, pero dejo de tener esa presión. — Te voy a hacer la pregunta Comafi. ¿Consideras esencial la educación financiera para la evolución de las mujeres y su autonomía? — Creo que todo lo que es educación te da un montón de libertad y te da el poder de elegir. Es como tener la cartuchera llena de colores. Cuanta más información tenés, tomás mejores decisiones. Yo no me considero alguien que esté estrictamente en lo financiero, pero reconozco que saber me permite tomar mejores decisiones y me da libertad, me permite planear.

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